A la cárcel por su letra

Basándose en el principio de que cada escritura es única y muy difícil de falsear, la grafología forense es una disciplina científica crucial en la resolución de crímenes

La grafología forense es una disciplina que Carlos Rodríguez, perito caligráfico y director del Instituto de Psicografología y Peritación (Ipsigrap), define como la “rama de la grafología que se basa en el análisis de manuscritos relacionados con casos criminales o delictivos, para colaborar o aportar datos a la investigación de los hechos”.

 

La cara más visible de esta técnica pasa por aquellas investigaciones en las que se busca la identificación de un individuo a través del análisis de un escrito. Algo posible, según explica el investigador Carlos Berbell en su libro CSI. Casos reales españoles (2003): “Cuando cualquier persona inicia el acto de escribir, se ponen en marcha diversos elementos grafísticos, como el psíquico y el físico –el cuerpo humano–; y otros materiales –el bolígrafo, el papel, etc.– que imprimen su huella en el escrito y dejan una fisonomía muy particular. Al igual que en el ADN o en la lofoscopia [el estudio de las rugosidades que forma la epidermis en los dedos, palmas de las manos y plantas de los pies], no hay dos letras iguales, y es un elemento de identificación perfectamente válido”.

 

En ocasiones, comprobar la autoría de un escrito resulta crucial, como sucede con los cheques, herencias y seguros. El proceso consiste en comparar la letra entre un documento indubitado –del que no hay dudas sobre su autoría– con la de otro texto dubitado –sobre el que sí se duda– para buscar coincidencias o discrepancias en sus grafías. “Es muy difícil falsear la escritura en su totalidad, ya que son muchos los aspectos gráficos que se analizan. Como ya demostró el grafólogo Robert Saudek (1880-1935), nadie es capaz de cambiar todos esos aspectos gráficos a la vez, ni siquiera la mitad de ellos. Y aunque se diera una buena manipulación, siempre quedan rasgos del autor en el escrito”, dice Rodríguez.

 

Cuatro áreas por analizar

 

Esos aspectos gráficos que se analizan se dividen en cuatro áreas: forma de la letra, cualidades de la línea, distribución del texto y contenido. Luego, cada sección tiene sus propias individualidades. Por ejemplo, dentro de la forma, cobra mucha importancia la inclinación de cada letra en el folio, el tamaño de la misma y la manera en que se une a la contigua.

 

Tradicionalmente, estos análisis se realizan con lupa o con un microscopio estéreo de pocos aumentos, pero, poco a poco, la tecnología se ha ido imponiendo y hoy muchos estudios grafológicos se hacen con iluminación especial. Así, la luz rasante permite analizar los surcos profundos, indicativos en ocasiones de falsificación en el trazo de una firma, a la vez que resalta la aspereza que ciertos borradores dejan en el papel. O la iluminación trasera, que aclara las zonas borradas y oscurece los fluidos correctores.

 

En aquellos textos no escritos a mano, lo que se analiza son las herramientas usadas, como las máquinas de escribir, que dejan marcas propias en el papel a partir del contacto con cada tecla. O las impresoras láser, que acumulan marcas de desecho en su tambor sensible a la luz y que surgen a la vista como diminutos puntos negros en cada folio. Fruto de este perfeccionamiento son las diversas bases de datos donde se almacenan, entre otras cosas, miles de cartas anónimas, billetes falsos y documentos fraudulentos, que en casos criminales permiten su cotejo con los de nueva aparición, para buscar concordancias. La más conocida es el sistema de información forense de escritura manuscrita (FISH).

 

Esta técnica forense es cada vez más importante por las ventajas que ofrece en una investigación. Entre ellas, que refleja de forma clara el estado emocional del autor de un texto en el momento de redactarlo. Es la llamada huella emocional. Como explica Rodríguez, “la escritura puede revelar el carácter y la personalidad de su autor. Escribir es algo más complejo de lo que pueda parecer, ya que en ese acto también intervienen la neurología, la psicomotricidad y los estados psicofisiológicos”.

 

Puedes leer íntegramente el artículo "A la cárcel por su letra", escrito por Janire Rámila, en el número 446 de Muy Interesante. 

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