1869: Mendeléyev presenta su tabla periódica de los elementos

Para clasificar los elementos químicos, este científico ruso tuvo en cuenta sus semejanzas y su masa atómica. Tras ordenarlos en una tabla, anticipó que aparecerían otros nuevos y, de hecho, les hizo hueco en ella.

Dmitri Mendeléyev

A finales del siglo XVIII, Antoine Lavoisier había definido en su tratado elemental de química que los elementos o sustancias simples eran aquellos a partir de los cuales no se podían obtener dos diferentes. En esa obra, estableció una primera clasificación de los veintitrés que se conocían por entonces, agrupados en cuatro categorías. La de los  metales englobaba la mayor cantidad de ellos, y optó por colocarlos en orden alfabético, de este modo: antimoine (antimonio), argent ( plata), arsenic (arsénico), bismuth (bismuto)...

Es de notar que, hasta ese momento, la alquimia no había considerado los metales como elementos –a excepción del mercurio–, por lo que para los expertos este hecho es una señal del nacimiento de la química moderna. En todo caso, muy pronto iban a producirse grandes avances en esta rama de la ciencia.

El perfeccionamiento de las técnicas de laboratorio, la introducción de métodos cuantitativos y la invención de la electrólisis llevaron al descubrimiento de nuevos elementos, de forma que en medio siglo ya había treinta más. El británico John Dalton, por su parte, consolidó una teoría sobre los  átomos que dejaba claro que los de las distintas sustancias eran diferentes y que una característica que los distinguía era su peso. Así las cosas, era inevitable que se intentase poner orden en aquel conjunto, cada vez más numeroso. Para poder manejarlo mejor, los elementos se empezaron a designar con una o dos letras, tomadas normalmente de su nombre en latín.

Distintas formas de poner orden

Varios químicos intentaron estructurar el sistema de elementos químicos. Algunos encontraron formas de agruparlos por las semejanzas que presentaban sus propiedades. Uno de ellos, John Newlands, dio un paso más allá y, por primera vez, planteó ordenarlos según su peso atómico creciente. Observó que cada ocho elementos se formaba un grupo nuevo. Pero el papel más destacado en esta cuestión le correspondería al profesor ruso Dmitri Mendeléyev, que entonces trabajaba en un libro de química inorgánica para sus alumnos.
 
Hay una fecha histórica, que consta en sus notas manuscritas: el 17 de febrero de 1869. Ese día, Mendeléyev canceló una visita a una fábrica de quesos y prefirió quedarse en casa trabajando en el modo de disponer los elementos químicos de una forma sistemática, una idea que había comenzado a obsesionarle. Se cuenta que su afición a los solitarios de cartas le había llevado a soñar con una posible estrategia para resolver el problema. Para empezar, escribió en distintas tarjetas los nombres de cada uno de los sesenta y tres elementos de los que se tenía noticia en aquel momento, junto con sus propiedades principales; luego, colocó las tarjetas en orden, en función de sus pesos atómicos, pero creó nuevas columnas para que quedasen alineados aquellos que tenían propiedades semejantes. Cuando encontraba una ordenación que le parecía relevante, la copiaba en un papel. Así, confeccionó su primera tabla periódica.

Pero la genialidad de Mendeléyev le llevó a hacer cosas que antes no había hecho nadie. Por ejemplo, no dudó en alterar el orden de dos elementos que eran consecutivos por su peso si ello chocaba con la semejanza de propiedades. También quiso dejar en blanco algunas posiciones de la tabla para aquellos elementos que no habían sido descubiertos todavía. Incluso anunció cuáles serían sus propiedades. Por ejemplo, predijo que junto al aluminio debería existir uno metálico, ligero y de bajo punto de fusión. Indicó, asimismo, cuál sería su peso atómico y la fórmula que tendría su óxido. El descubrimiento del galio en 1875, que confirmó todo ello, consagró a Mendeléyev. Hoy, la tabla periódica es un icono de la química, y la teoría atómica explica con detalle el porqué de la periodicidad de las mencionadas propiedades.

Puedes leer íntegramente la sección Días contados, escrita por Ramón Núñez, en el número 453 de Muy Interesante.

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