¿Vale la pena reciclar?

Cada 17 de mayo se celebra el Día Internacional del Reciclaje.

 

Tras muchos años de campañas para concienciarnos de la importancia de tener varios cubos de basura en nuestras casas, el  reciclaje va calando en la sociedad. Para muchas familias ya es un hábito que se hace en automático: en realidad no cuesta mucho esfuerzo tirar los tetrabrik  y las mondas de naranja en bolsas distintas y depositar cada una en un contenedor diferente.

Pero no es suficiente. En 2025, los países miembros de la Unión Europea deberán reciclar como mínimo el 55% de todos sus residuos municipales, y el 65% para 2035. Una cifra que España aún esté lejos de alcanzar, a pesar del aumento de las tasas de reciclaje en nuestro país.  

Muchos ciudadanos se preguntan si vale la pena reciclar sus residuos. La respuesta es un SÍ rotundo, pues gracias al reciclaje se evita que millones de toneladas de residuos se amontonen en los vertederos. El asunto de los residuos es un quebradero de cabeza: cada vez somos más, y consumimos mucho. Nuestros desperdicios  suponen un problema ambiental y de salud: ocupan mucho espacio, deterioran el paisaje,  contaminan suelo, agua y aire, huelen mal, tienen mucho riesgo de incendio, pueden ser un foco de enfermedades, aumentan las emisiones de gases de efecto invernadero, etc.  Además, se necesita una alta inversión económica en la gestión de los residuos y su mantenimiento, se despilfarran materias primas y se producen situaciones de compra-venta de desechos que convierten regiones pobres en vertederos mundiales.

Por todo ello: sí, vale la pena reciclar. Gracias al reciclaje se evita que el volumen de desperdicios que llega a los vertederos sea mucho mayor y se recuperan materiales que pueden servir de materias primas para entrar de nuevo en el ciclo. El reciclaje es fundamental en la economía circular, una forma de producir y consumir hacia la que se deberá tender en los próximos años, dado el delicado estado de nuestro planeta y el agotamiento de los recursos de los que hemos disfrutado y abusado como si hubiera barra libre en los últimos siglos.

 

Reciclar debería ser lo último

Sin embargo, que nadie se engañe: el reciclaje es una parte, pero no lo es todo. Abarrotar los contenedores amarillo, verde y azul con nuestros desperdicios, pensando que con eso ya está, que van a ser reciclados y con eso basta, no es suficiente.

Como ya hemos comentado antes, somos muchos, consumimos demasiado, a un ritmo mucho más veloz del que los recursos tienen para volver a regenerarse o del que las plantas de reciclaje (que demás de tener un coste energético, no consiguen reciclar el 100% de los materiales) necesitan para devolvernos la materia prima.

Para solucionar el problema medioambiental de los residuos (y otros), lo primero es reducir y reutilizar. Las famosas 3R tienen precisamente ese orden: reducir nuestro consumo, reutilizar los productos que vamos a tirar a la basura, aprovechándolos para otros fines y dándoles una segunda oportunidad (aquí no hay Marie Kondo que valga, lo mejor para simplificar nuestra vida es tener menos cosas y usarlas durante más tiempo), y ya, como última opción, reciclar.  

A las famosas 3R se han ido sumando otras muchas dentro de esta forma de pensar, vivir y producir que es la economía circular: rediseñar, reparar, redistribuir, repensar… el reciclaje vale la pena, claro, y hay que hacerlo más y mejor, ¡pero no nos olvidemos del resto de “erres”!

Victoria González

Victoria González

Bióloga de bota. Tengo los pies en la tierra y la cabeza llena de pájaros. De mayor quiero ser periodista.

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