Los herbívoros no pueden digerir la hierba

Muchos vertebrados solucionan este problema a través de bacterias simbióticas.

 

Los herbívoros no pueden digerir la hierba, al menos, no por sí mismos. En realidad, la mayoría de los vertebrados herbívoros se sirve de una bacteria que vive en el interior de su intestino, que es la que realmente digiere este tipo de alimentos. En general, los animales no tenemos enzimas que puedan hidrolizar la celulosa, por lo que necesitamos de otros organismos para que lo hagan por nosotros. Otro ejemplo es el propio microbioma humano, el conjunto de bacterias que viven en nuestro cuerpo y sin el cual no estaríamos vivos. De la misma forma, el microbioma se sirve de nuestro propio organismo para sobrevivir.

En biología, este tipo de asociación se denomina simbiosis, una interacción biológica persistente entre organismos de distinta especie. Para que se produzca, ambas especies se proporcionan una serie de ventajas que permiten su supervivencia.

La clave de las asociaciones microbianas con los organismos animales es el equilibrio. Es una interacción favorable siempre que el cuerpo se mantenga en un buen estado de salud. Sin las bacterias, el cuerpo no sobreviviría, pero un desequilibrio en la balanza puede provocar algunas afecciones.

Aunque existen microbios poblando todo el organismo, la mayoría de ellos existen en el sistema digestivo, y es ahí donde realizan la mayoría de sus funciones. Se estima que en el cuerpo humano existen unos 40 billones de microbios, representando aproximadamente un 3% del peso humano.

Curiosamente, además de no poseer enzimas que digieran la celulosa, los humanos tampoco estamos preparados para digerir alimentos como las patatas o las legumbres. Para hacerlo, tenemos que someterlas a algunos procesos que cambien su composición química, como por ejemplo, la cocción.

En el caso de los animales herbívoros, las bacterias que digieren la celulosa se encuentran en sus tractos digestivos. El grupo de los herbívoros rumiantes, por ejemplo, realizan el proceso de ingestión en dos fases: primero, la masticación; y después, regurgitan el alimento para volverlo a empapar de saliva. Una vez hecho esto, pasan al tubo digestivo y son tratados por la propia microbiota que los animales albergan en su interior. Su saliva, al igual que su orina, es alcalina. La saliva también contribuye a mantener un correcto equilibrio de la actividad microbiana en su acceso al sistema gástrico.

Su tipo de alimentación también hace que los herbívoros suelan tener una serie de características muy diferentes a las de los  mamíferos carnívoros: dientes y muelas planos, para machacar en lugar de desgarrar; boca alargada, y están desprovistos de garras.

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