¿Defecar en el campo afecta al medio ambiente?

Las heces humanas pueden tardar hasta un año en degradarse.

Entre el equipaje indispensable para pasar un día al aire libre, se incluye un buen número de bolsas de basura en las que depositar los desechos que, al final, irán a parar a un contenedor. Sin embargo, la idea con respecto a los excrementos no es la misma: en el campo, muchas veces no queda más remedio que aliviarse sobre el terreno. Aunque las heces humanas están constituidas por materia orgánica, su presencia no es positiva para el medio ambiente, sobre todo en zonas muy concurridas donde hay muchos visitantes que se ven obligados a defecar al aire libre, pues este material puede tardar hasta un año en degradarse.

 

En primer lugar, dichos "regalos" ensucian los caminos para los siguientes visitantes; además, si están cerca de corrientes de agua o sobre acuíferos, pueden convertirse en fuente de contaminación. Por otro lado, a veces contienen virus, bacterias y parásitos causantes de enfermedades. Pese a que los excrementos de origen animal también pueden presentar estos agentes biológicos, su presencia no suele estar tan concentrada ni proceden de lugares ajenos. Por sus efectos, muchos campings y parques naturales prohíben esta práctica o indican que los excrementos deben ser recogidos.

De hecho, el hecho de que las heces sean un foco de infecciones es lo que ha provocado, tras siglos de evolución, que el cerebro humano acabe detestando el olor a caca, una reacción visceral, que es compartida por todas las culturas, y forma parte de nuestro sistema inmune conductual.

Es por eso que el inodoro es uno de los inventos que más ha mejorado la calidad de vida de la población y la salubridad de las sociedades humanas. El primer inodoro fue diseñado en 1556 por el poeta e inventor ingés John Harington. No obstante, este invento, aunque revolucionó las ciudades y los hogares, presenta algún inconveniente: el ángulo de colocación del cuerpo al defecar en el inodoro, 90º, no es el óptimo, pues puede provocar problemas de estreñimiento. En este sentido, defecar en el campo con la postura agachada sería peor para el medio ambiente, pero mejor para nuestra salud. Como consecuencia de la manera de defecar de los váteres occidentales, las tasas de  obesidad son mucho mayores en estos países que en los asiáticos, en los que está más extendida la tradición de acunclillarse, con lo que en Oriente se expulsan al día más heces que en Occidente.

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