¿Cómo afecta el cambio climático a los insectos?

Los científicos nos alertan: estamos sufriendo una pérdida masiva de insectos, un hecho con consecuencias gravísimas para el medio ambiente.

 

De acuerdo con un estudio publicado en 2017, el promedio anual de insectos voladores se redujo en Alemania un 80% durante los últimos veintisiete años. Estas cifras, similares en todos los países donde se ha repetido el estudio original, significan que estamos ante una pérdida anual del 6%, lo que, para la comunidad científica, evoca palabras como caos y apocalipsis.

“Los ecosistemas no pueden funcionar sin insectos”, afirma de forma tajante Rachel Warren, entomóloga de la Universidad de Anglia Oriental (Inglaterra). Mientras muchos insectos desaparecen, unos pocos exploran nuevos hábitats.

En Gran Bretaña, a lo largo de la última década se han observado cambios drásticos en la distribución de algunos tipos de libélulas, e incluso la aparición de especies nuevas, adaptadas a climas más templados. Los expertos en libélulas afirman que su capacidad para variar de hábitat, unida al hecho de que parte de su ciclo de vida transcurre en agua dulce –sus larvas son acuáticas–, las convierte en indicadores clave para estudiar los efectos del cambio climático.

 

Cambiar o morir

Es una opinión compartida por investigadores de la Universidad Macquarie, en Sídney (Australia), que a principios de 2018 demostraron que la genética de los insectos conocidos como caballitos del diablo (Ischnura elegans) cambia a medida que los individuos alteran su rango de distribución.

 “Al igual que otros insectos acuáticos, se enfrentan a un dilema dado el ritmo actual del calentamiento global –explica Rachael Dudaniec, principal autora del estudio–. Nuestra investigación sugiere que tienen una gran cantidad de estrategias evolutivas disponibles para adaptarse a un clima cambiante, pero este no es el caso de todas las especies”.

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