Zoonosis por contacto con fauna silvestre

El aumento del contacto humano con la fauna silvestre es una de las causas de la emergencia de nuevas enfermedades que pueden adquirir carácter pandémico.

 

El ser humano cada vez entra más en contacto con el medio silvestre. Ganamos terreno a la naturaleza de muchas maneras. Instalamos nuevas industrias, sistemas de generación de energía, utilizamos el medio silvestre como forma de turismo, incluso ampliamos nuestras ciudades y pueblos recalificando terreno natural para urbanizar.

Todas estas actividades aumentan nuestro contacto con el medio silvestre y las especies salvajes se ven obligadas, inevitablemente, a interactuar con nosotros y con nuestras infraestructuras. Al tener menos territorio propio, se ven obligadas a adentrarse en nuevos entornos ocupados por el ser humano. Se cazan especies silvestres para utilizarlas como mascota, se venden en mercados para el consumo de carne, se emplean como falsos remedios de las mal llamadas medicinas tradicionales, etcétera.

Entre las actividades que más influyen se encuentran el comercio de animales silvestres y la expansión agrícola y ganadera. Las especies exóticas invasoras también son, con frecuencia, transmisoras de enfermedades.

Toda esta dinámica perversa influye negativamente en la salud de los ecosistemas, y por consiguiente, en la biodiversidad, con impactos evidentes en forma de extinción o desplazamiento de especies, alteración de los de los procesos de sucesión ecológica, de los ciclos biogeoquímicos, de las redes tróficas, y en otros muchos procesos ecológicos.

Pero además también provoca que la humanidad entre cada vez más en contacto con la fauna salvaje, lo que favorece la aparición de nuevas enfermedades. Patologías que los animales silvestres padecen de forma natural, que de otro modo no llegarían al ser humano, pero que por el incremento del contacto terminan contagiando a personas, que a su vez pueden contagiar a otras y convertirse en episodios epidémicos. Estas enfermedades se denominan zoonosis.

Los murciélagos son una potencial fuente de enfermedades zoonóticas
Los murciélagos son una potencial fuente de enfermedades zoonóticas

La predicción de nuevas zoonosis

Las interrelaciones entre los factores biológicos, económicos y sociales asociados a la emergencia de nuevas enfermedades de carácter zoonótico son extraordinariamente complejas y de enormes dimensiones, lo que hace realmente difícil predecir, prevenir y responder a la aparición de estas nuevas enfermedades. Es muy complicado, por lo tanto, saber qué enfermedad será la próxima, dónde sucederá el primer contagio, o cómo podremos detener su avance. Pero que sea complicado no lo hace imposible.

Es relevante el hecho de que, en el año 2007, un grupo de investigadores del laboratorio estatal de enfermedades infecciosas de la Universidad de Hong Kong ya predijo que una enfermedad de carácter pandémico provocada por un coronavirus podría extenderse desde el sudeste asiático. De hecho, sus advertencias fueron tan claras, como ignoradas: «La presencia de un gran reservorio de virus similares al SARS-CoV en murciélagos de herradura, junto con la cultura de comer mamíferos exóticos en el sur de China, es una bomba de relojería. No se debe ignorar la posibilidad de reaparición del SARS y otros virus novedosos (...) y, por lo tanto, la necesidad de preparación».

Con los hábitos humanos actuales, una nueva epidemia —sí, otra más— de carácter zoonótico no debe sorprender a nadie; será solo cuestión de tiempo.

Algunas zoonosis de origen silvestre

De las enfermedades que nos han transmitido los animales silvestres, una larga lista ha derivado en episodios epidémicos e incluso en pandemias. La más reciente, el coronavirus SARS-CoV-2, que hasta donde sabemos, tiene su origen en animales salvajes, pero no es la única.

Los roedores silvestres pueden transmitir leptospirosis —causada porbacterias del género Leptospira—, salmonelosis, la enfermedad de Chagas —causada por el protista Tripanosoma cruzi— o la fiebre hemorrágica de hantavirus. También son roedores los reservorios de enfermedades como la peste negra —transmitida a los humanos por las pulgas—, el tifus —transmitido por piojo—, o el ébola.

Entre las aves es frecuente encontrar determinados tipos de gripe como la H5N1, causante de la epidemia de gripe aviar que llegó a amenaza de pandemia en 2007 y 2008, o la H9N2.

Los murciélagos pueden transmitir el virus Hendra a los caballos, que a su vez, pueden convertirse en vectores y contagiar a seres humanos. Junto con las comadrejas son reservorios del SARS-CoV, el causante de la epidemia de 2003, y también pueden transmitir la rabia, algo que tienen en común con mapaches, zorros y lobos. Estos últimos también pueden transmitir difilobotriasis e hiraditosis.

Entre camélidos y cérvidos no es raro encontrar casos de tuberculosis, antrax o brucelosis, que pueden ser transmitidos al ser humano directa o indirectamente, a través del ganado. Estas enfermedades, sin embargo, pueden reducir su influencia si hay poblaciones de depredadores naturales viables en el ecosistema.

Ciervo
Los cérvidos y otros herbívoros pueden transmitir enfermedades al ganado o a las personas.

¿Cómo evitamos la próxima zoonosis?

La pregunta no es tanto cómo evitarla, sino cómo retrasarla o cómo mitigar su impacto. Evidentemente, entre las posibles soluciones no está eliminar a la fauna salvaje. Necesitamos preservar la biodiversidad, aunque solo sea por razones egoístas, para mantener nuestra propia existencia. Incrementar la caza sobre la fauna salvaje no soluciona el problema; al contrario que los depredadores, los cazadores humanos suelen buscar presas grandes y fuertes, y con esos actos se perpetúa la presencia de las enfermedades.

La vía principal de prevención de nuevas zoonosis pasa por evitar el contacto con los animales silvestres. Dejar de cazarlos, de comerciar con ellos, prevenir y eliminar las invasiones biológicas, y evitar el contacto en entornos agrícolas y ganaderos. Abandonar esas tendencias expansionistas cuyas consecuencias son la rotura del paisaje y la desestabilización del ecosistema. Implantar políticas de conservación de la fauna silvestre eficaces y efectivas será la mejor forma de evitar la próxima epidemia por enfermedades zoonóticas.

Referencias:

Azami-Conesa, I. et al. 2021. Invasive Species as Hosts of Zoonotic Infections: The Case of American Mink (Neovison vison) and Leishmania infantum. Microorganisms, 9(7), 1531. DOI: 10.3390/microorganisms9071531

Cabello C, C. et al. 2008. Zoonosis con reservorios silvestres: Amenazas a la salud pública y a la economía. Revista médica de Chile, 136(3), 385-393. DOI: 10.4067/S0034-98872008000300016

Cheng, V. C. C. et al. 2007. Severe Acute Respiratory Syndrome Coronavirus as an Agent of Emerging and Reemerging Infection. Clinical Microbiology Reviews, 20(4), 660-694. DOI: 10.1128/CMR.00023-07

Jones, B. A. et al. 2013. Zoonosis emergence linked to agricultural intensification and environmental change. Proceedings of the National Academy of Sciences, 110(21), 8399-8404. DOI: 10.1073/pnas.1208059110

Zaid, G. 2022. Chapter 3 - Zoonotic infections. En A. I. Qureshi et al. (Eds.), Coronavirus Disease (pp. 21-28). Academic Press. DOI: 10.1016/B978-0-12-824409-8.00008-4

Vary (Álvaro Bayón)

Vary (Álvaro Bayón)

Soy doctor en biología, especializado en especies invasoras. Intento divulgar sobre ciencia y naturaleza mientras lucho férreamente contra las pseudociencias y el pensamiento mágico. Cuando me queda tiempo, cazo pokémon y hago artesanía. Además, soy (un poco) adicto al twitter.

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