¿Realmente existen las especies?

En el estudio de las clasificaciones de los seres vivos, la definición de ‘especie’ siempre ha traído de cabeza a los biólogos.

Ante la gran diversidad de seres vivos que nos rodean, los seres humanos hemos intentado clasificarlos en categorías discretas, según una serie de criterios que han cambiado entre el utilitarismo y las relaciones de parentesco, a lo largo de la historia.

Las primeras clasificaciones dividían a los seres vivos en función de rasgos muy bastos: si se movían, eran animales, si no, plantas; y dentro de ellos, muchos grupos se definían según un comportamiento evidente, una serie de rasgos visibles o según su utilidad para el ser humano.

Dibujo de las especies animales
Las especies son entidades bien definidas… ¿o no?

Breve historia de la clasificación de los seres vivos

Pero este planteamiento tan básico se revolucionó cuando Carl N. Linnæus desarrolló su nomenclatura binomial en 1753, que designaba a las especies según dos palabras: un nombre genérico, en mayúscula, y un epíteto específico, siempre en minúscula. Así, en la especie Homo sapiens, Homo es el género, y sapiens el epíteto específico. Además, creó categorías superiores —familias, órdenes, clases…— que agrupaban a los seres vivos según sus semejanzas.

Hoy este rígido esquema de Linnæus se está desmoronando con la entrada de la genética. Fue Willi Hennig, ya entrado el siglo XX, el que introdujo el concepto de cladística: el estudio y clasificación de los seres vivos basado en sus relaciones filogenéticas, es decir, en las ramas del árbol evolutivo al que pertenecen.

Esta es, actualmente, la nueva forma de clasificar a los seres vivos; por ese motivo decimos que las aves son dinosaurios  —porque pertenecen a la misma rama—, con el mismo sentido que afirmamos que los humanos somos primates. Pero aún se conserva, herencia de Linnæus, ese nombre binomial, esa forma de describir a las especies. La especie es, al final, la unidad básica de clasificación de los seres vivos, y todo ser vivo pertenece a una, y solo a una.

Charles Darwin. Estatua
Charles Darwin ya mostraba su incomodidad con la ausencia de una definición formal de ‘especie’

La definición de ‘especie’

Decía Darwin, en El origen de las especies, que «ninguna definición [de ‘especie’] ha satisfecho todavía a todos los naturalistas; sin embargo, cada naturalista sabe vagamente lo que quiere decir cuando habla de una especie».

Desde que escribió esas líneas hace más de siglo y medio hemos avanzado mucho en el conocimiento de los seres vivos. Pero en lo que se refiere a la definición de ‘especie’, y contrario a lo que podría esperarse, todo se ha complicado mucho más.

Actualmente, hay múltiples definiciones de ‘especie’, pero ninguna lo suficientemente satisfactoria. Algunas son tan restrictivas que no incluyen todas las entidades que los biólogos consideran como especies. Otras son demasiado amplias, e incluyen entidades que los biólogos atribuyen a categorías superiores a la especie. Además, existen algunos ejemplos de poblaciones que difícilmente podrían adecuarse a la definición de especie, tal y como se entiende, o que podrían considerarse de dos especies a la vez. Algo que iría contra ese principio básico: que todo ser vivo pertenece a una, y solo una especie.

Uno de los ejemplos más claro es el de las llamadas ‘especies anillo’, grupos de poblaciones de organismos que se suceden una tras otra, como una cadena alrededor de una barrera biogeográfica, en la que se mantiene un flujo genético a lo largo de toda la cadena, pero cuyas poblaciones de los extremos han cambiado tanto la una respecto a la otra, que no pueden hibridarse y dar descendencia fértil.

Si asumiésemos la capacidad reproductiva como un rasgo definitorio de la especie —que suele hacerse—, todas las poblaciones de la cadena serían de la misma especie. Sin embargo, si se extinguieran las poblaciones intermedias y solo quedaran las de los extremos, forzosamente habría que hablar de especies distintas. Las especies anillo están, por tanto, formadas por poblaciones que pueden pertenecer a una sola especie o a dos especies distintas, según el criterio que se emplee.

Esquema de representación de una especie anillo
Esquema de representación de una especie anillo

¿Y si las especies no existieran?

El problema con el término ‘especie’ es que no deja de ser una forma de clasificar en categorías discretas, algo que presenta un carácter continuo, como los grupos de poblaciones de seres vivos. El caso de las especies anillo es un caso evidente, que permite observar esa continuidad en el espacio: cómo una ‘especie’ puede terminar siendo otra, sin que se produzca un punto de fractura en su área de extensión. Una suerte de escala de grises que no permite indicar exactamente dónde termina el blanco y dónde empieza el negro.

Este carácter de continuidad también se observa en el tiempo. Las poblaciones cambian con el tiempo, en un proceso llamado evolución biológica, y estos cambios son graduales. Salvo excepciones muy particulares —como las poliploidías en plantas—, no existe una generación específica en la que una hembra de una especie tenga una descendencia perteneciente a una especie distinta. El proceso de cambio sucede a lo largo de múltiples generaciones y no hay una barrera real.

Las poblaciones y los linajes reales, en la naturaleza, no están limitados por esas barreras que, conceptualmente, construimos para hacer más cómodas nuestras clasificaciones. Las especies, entendidas como entidades discretas, efectivamente, no son reales. Son constructos humanos que facilitan el trabajo de clasificar, estudiar y comprender a los seres vivos.

De hecho, filósofos de la ciencia, como Mark Ereshefsky, apuestan por un enfoque pluralista de ‘las especies’: asumir que hay diferentes tipos de especies, que se corresponden con distintos conceptos de ‘especie’, en función de cómo se definan. Siempre teniendo en cuenta que, como las clases y las familias de Linnæus, no dejan de ser categorías artificiales y utilitarias, que reflejan parte pero no toda la complejidad del mundo natural.

Referencias:

Coyne, J. A. et al. 2004. Speciation. Sinauer Associates. 

Darwin, C. 1859. On the origin of species by means of natural selection, or, The preservation of favoured races in the struggle for life /. John Murray, Albemarle Street,. DOI: 10.5962/bhl.title.82303

Ereshefsky, M. 1992. Eliminative Pluralism. Philosophy of Science, 59(4), 671-690. Hull, D. L. 1976. Are Species Really Individuals? Systematic Zoology, 25(2), 174. DOI: 10.2307/2412744

Patten, M. A. et al. 2009. The Song Sparrow, Melospiza melodia, as a ring species: Patterns of geographic variation, a revision of subspecies, and implications for speciation. Systematics and Biodiversity, 7(1), 33-62. DOI: 10.1017/S1477200008002867

Vary (Álvaro Bayón)

Vary (Álvaro Bayón)

Soy doctor en biología, especializado en especies invasoras. Intento divulgar sobre ciencia y naturaleza mientras lucho férreamente contra las pseudociencias y el pensamiento mágico. Cuando me queda tiempo, cazo pokémon y hago artesanía. Además, soy (un poco) adicto al twitter.

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