¿Qué importancia tienen las micorrizas?

Aunque inicialmente se pensó que era un evento anecdótico, hoy sabemos que una de las asociaciones simbióticas más extendidas.

Abundan en la naturaleza seres vivos que cooperan unos con otros para obtener beneficios mutuos. Algunos viven de forma independiente y solo cooperan en determinados momentos de su vida, como muchas plantas, con los insectos que polinizan sus flores o con animales frugívoros, que ayudan a dispersar las semillas. En otros casos, la relación de simbiosis es tan compleja e involucra a tantos colaboradores, que pueden considerarse una especie de ecosistema en miniatura, como los líquenes.

Sin embargo, la relación de simbiosis más habitual en el planeta es una mucho más sutil, subterránea, que pasa inadvertida a nuestros ojos. Es la que se da entre las raíces de la mayoría de las plantas —hasta el 80 % de las especies, según se estima— y muchos hongos. Una simbiosis que recibe el nombre de micorriza.

Hifas

Hifas de hongo asociándose con raíces de una planta.

La micorriza, una simbiosis particular

El descubrimiento de las micorrizas se debe al biólogo alemán Albert Bernhard Frank, quien además acuñó el término ‘simbiosis’ y colaboró en las primeras descripciones de los líquenes. En un principio se consideraron sucesos marginales o excepcionales, y no fue hasta mediados del siglo XX, que se aceptó la gran importancia de estas relaciones entre hongos y plantas.

Se cree que el fenómeno de las micorrizas es tan antiguo como las primeras plantas terrestres, a finales del silúrico. Sin embargo, no todas las micorrizas evolucionaron a la vez, ni tienen un mismo origen. De hecho, estas asociaciones se presentan de forma independiente en distintos grupos de plantas y hongos, en un fenómeno de convergencia evolutiva.

Hay varios tipos de micorrizas, aunque destacan dos. El tipo predominante y más antiguo es la micorriza arbuscular. En este tipo de asociación, el hongo extiende su micelio ramificando sus hifas en el interior de las células de la raíz. Esas diminutas ramificaciones se denominan arbúsculos. Todos los hongos micorrícicos arbusculares pertenecen al mismo grupo, los Glomeromycota, y se suelen asociar con las plantas de praderas, pastizales de alta montaña y selvas tropicales.

El segundo tipo son las ectomicorrizas. En esta asociación, el micelio se extiende entre las células de las raíces de las plantas, pero no llega a penetrar en ellas. Los hongos de este tipo de micorrizas pertenecen a los grupos Ascomycota y Basidiomycota, e incluyen hongos de cuerpos fructíferos comestibles y muy apreciados, como el níscalo o la trufa negra. Es el tipo de micorriza más abundante en los bosques templados y mediterráneos.

Estos tipos no son excluyentes, en una misma planta pueden aparecer simultáneamente micorrizas de los dos tipos, e incluso de otros más complejos, como los ericoides, los arbutoides o los monotropoides.

Niscalos

El níscalo es una seta cuyos micelios forman micorrizas.

Las ventajas mutuas de la relación

En la relación que se establece en una micorriza, planta y hongo salen notablemente beneficiados.

Los hongos micorrícicos presentan grandes redes de micelios que se extienden por el subsuelo cubriendo mucha mayor superficie de la que ocupan las raíces. Los hongos, por tanto, ayudan a las plantas con el aporte de nutrientes –sales minerales como el fósforo, el calcio, el nitrógeno y el potasio–, que captan a través de esa red micelial, y que inyectan directamente en las raíces.

Por su parte, la planta nutre al hongo, no solo con azúcares que produce gracias a la fotosíntesis sino también proporcionándole vitaminas que sintetiza mediante su metabolismo secundario.

Además, ambos se benefician protegiéndose frente a diversos tipos de estrés ambiental. La relación de simbiosis entre los árboles y sus hongos micorrícicos asociados es muy intrincada y compleja, y tan íntima que en muchos casos se genera una dependencia mutua. Esa alta complejidad proporciona una mayor resiliencia a los impactos ambientales, aunque, paradójicamente, esa dependencia también puede ser su talón de Aquiles.

Si un suceso provoca una perturbación que afecte negativamente a uno de los dos componentes, el otro puede verse también afectado.

Orquidea

Algunas especies de orquídea son totalmente dependientes de la asociación micorrícica.

El valor ecológico de las micorrizas

Las relaciones micorrícicas hoy se consideran esenciales para el mantenimiento de los ecosistemas terrestres. Las plantas que tienen asociación micorrícica crecen mejor, obtienen más nutrientes y son, en general, más estables y resilientes. La longevidad de algunas plantas está asociada a la presencia de micorrizas y, en algunos casos, como ciertas especies de orquídeas, incluso su propia supervivencia.

Pero además, las micorrizas cumplen un papel relevante en el secuestro y posterior almacenamiento de dióxido de carbono atmosférico, el principal gas responsable del efecto invernadero que nos está llevando a un cambio climático antropogénico.

Los hongos, por sí mismos, no tienen la capacidad de capturar el carbono; de hecho, respiran como los animales, por lo que absorben oxígeno y liberan dióxido de carbono en su metabolismo.

Pero las plantas que presentan micorrizas tienen muchísima más eficiencia en la captura del carbono, y una parte importante pasa a los hongos en forma de azúcares nutritivos. Dado que los hongos viven en el subsuelo, la materia orgánica que compone su organismo queda agregada en los horizontes del suelo, donde se almacena más rápido y en mayor cantidad que a través de las raíces o de la hojarasca.

Las micorrizas son, de hecho, la vía dominante a través de la cual las plantas almacenan el carbono atmosférico en el suelo.

Referencias:

Bast, A. et al. 2016. Does mycorrhizal inoculation improve plant survival, aggregate stability, and fine root development on a coarse-grained soil in an alpine eco-engineering field experiment? Journal of Geophysical Research: Biogeosciences, 121(8), 2158-2171. DOI: 10.1002/2016JG003422

Godbold, D. L. et al. 2006. Mycorrhizal Hyphal Turnover as a Dominant Process for Carbon Input into Soil Organic Matter. Plant and Soil, 281(1), 15-24. DOI: 10.1007/s11104-005-3701-6

Rożek, K. et al. 2020. How do monocultures of fourteen forest tree species affect arbuscular mycorrhizal fungi abundance and species richness and composition in soil? Forest Ecology and Management, 465, 118091. DOI: 10.1016/j.foreco.2020.118091

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Vary (Álvaro Bayón)

Vary (Álvaro Bayón)

Soy doctor en biología, especializado en especies invasoras. Intento divulgar sobre ciencia y naturaleza mientras lucho férreamente contra las pseudociencias y el pensamiento mágico. Cuando me queda tiempo, cazo pokémon y hago artesanía. Además, soy (un poco) adicto al twitter.

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