¿Qué ganamos realmente al proteger la naturaleza?

El medio natural se puede valorar de distintas formas, y la económica no siempre es la idónea.

El cambio climático, la deforestación y fragmentación de los bosques, la contaminación, las invasiones biológicas las especies en peligro de extinción, el riesgo de un colapso de la biodiversidad... los impactos sobre el medio ambiente son múltiples, y preocupan a muchos.

Otros prefieren hacer oídos sordos a algunos de esos problemas —¡o a todos ellos!—, escudándose en que realizar políticas realmente eficaces que permitan eliminar, reducir o, al menos, mitigar esos impactos implica una serie de problemas éticos o económicos que consideran inasumibles.

En general, desde la política ambiental, la protección de la naturaleza suele abordarse desde dos perspectivas: los valores instrumentales —proteger la naturaleza por el bien del ser humano— y los valores intrínsecos —protegerla por el bien de la misma naturaleza—.

El discurso incompleto de los valores instrumentales

Los valores instrumentales son los que nos proporcionan ganancia directa.
Los valores instrumentales son los que nos proporcionan ganancia directa.

Es cierto que conservar la naturaleza nos reporta una ganancia directa como seres humanos. Los ecosistemas nos brindan determinados servicios que en muchos casos son vitales. Al fin y al cabo, preservar los ecosistemas supone preservar la fuente de materias primas que necesitamos para vivir.

Los valores instrumentales sostenidos en términos económicos son fáciles de difuminar. Con frecuencia se observan programas de conservación que implican, en sí mismos o, como consecuencia de ellos, cierta mercantilización de la naturaleza y privatización de los derechos.

Serían más indicados los valores instrumentales que se sostienen en el bienestar humano, y no solo en los valores monetarios. Pero estos valores son más difíciles de cuantificar y de valorar.

No obstante, la instrumentalización de la naturaleza cae en un sesgo antropocéntrico peligroso. Centrar las políticas de conservación en los valores instrumentales puede llevar a que, determinadas entidades, perteneciendo al mundo natural, no se perciban como útiles de un modo u otro, y, por tanto, no se vea la necesidad de su conservación.

Los incuantificables valores intrínsecos

Los incuantificables valores intrínsecos
La naturaleza tiene valor intrínseco por el mero hecho de existir.

Por supuesto, la naturaleza y todo lo que se desarrolla en ella tiene un valor per se, independiente del uso que los seres humanos le demos. Incluso áreas donde el ser humano ni siquiera ha llegado, tienen valor por sí mismas.

Pero estos valores son difíciles –y en ocasiones imposible– de cuantificar objetivamente. Los seres humanos tenemos múltiples sesgos perceptivos que nos impiden visualizar el valor intrínseco real de las distintas entidades naturales.

Una especie en peligro de extinción es más fácil que obtenga un buen nivel de protección o planes para su recuperación, cuanto más concienciación se genere sobre ella, independientemente de su valor real en el ecosistema, o del hecho de que, en ocasiones, conservar a una especie sin preservar su ecosistema es una acción inútil. De nada serviría desarrollar planes para mantener y recuperar el lince ibérico, si no incluyen formas de conservar el entorno en el que el lince se desenvuelve, incluyendo sus presas, las plantas de las que se estos se alimentan, el suelo donde crecen y el microbioma que cierra los ciclos del ecosistema.

Por otro lado, hay muchas especies en peligro crítico de extinción que no son conocidas y que, probablemente, se extingan sin que lleguemos a conocerlas. Esas especies tienen su valor intrínseco, que no se mide en dólares o en euros —y que no tenemos unidades para medirlo—.

Dada esta complejidad, algunos autores proponen emplear un tercer tipo de valores, más holísticos y, además, más perceptible por la sociedad, que se aleja de la mercantilización pero que mantiene al ser humano como participante y como integrante del mismo. Son los valores relacionales.

Valores relacionales

La relación entre el entorno natural y las personas aporta una perspectiva de valor emergente.
La relación entre el entorno natural y las personas aporta una perspectiva de valor emergente.

Aunque en conjunto, los valores instrumentales e intrínsecos son fundamentales para la conservación, centrarse solo en ellos no necesariamente debe encajar siempre con el bienestar personal y colectivo, ni con lo que es óptimo en términos ecológicos.

En realidad, no siempre tomamos decisiones basándonos solo en el valor inherente de algo o en nuestras preferencias personales. Consideramos también la idoneidad de cómo se relacionan con la naturaleza y con la sociedad, y esto incluye aspectos de bienestar personal.

Se denominan ‘valores relacionales’ a estas preferencias, principios y virtudes asociadas con las relaciones personales, interpersonales o sociales con el medioambiente.

Los valores relacionales no están presentes en las cosas, sino que son valores emergentes derivados de las relaciones y las responsabilidades. Reconocer estos valores relacionales puede arrojar luz sobre la verdadera importancia de preservar toda la naturaleza, y no solo partes de ella; o lo que es lo mismo, en términos locales, preservar todo el ecosistema y no solo una especie.

Las relaciones de las personas con la naturaleza son múltiples. Hay valores relacionales que involucran a la persona como individuo por ejemplo, la importancia subjetiva que se percibe por un lugar, el bienestar que proporciona o el sentimiento de lo que es correcto. Otros valores relacionales involucran al conjunto de la sociedad: la identidad cultural, la cohesión social, el sentimiento de responsabilidad social o la responsabilidad moral hacia la biodiversidad.

Es necesario un cambio cultural en la política y la práctica medioambiental, que incorpore los valores relacionales a esa pareja de valores instrumentales e intrínsecos, y establezca una base sostenida sobre estos tres pilares sólidos.

Porque al proteger la naturaleza estamos ganando los servicios instrumentales que la naturaleza nos brinda: el cambio climático provocará que muchas personas tengan que abandonar sus hogares —en algunas regiones, ya está sucediendo—. Además ganamos, como especie, el valor intrínseco que las entidades naturales poseen por el mero hecho de existir, y que, como especie y parte de la biosfera que somos, nos incluye. Pero también estamos ganando bienestar individual, social, cultural y moral, al poner en valor estas relaciones entre la humanidad y la naturaleza, a la cual, al fin y al cabo, pertenecemos.

Referencias:

Chan, K. M. A. et al. 2016. Why protect nature? Rethinking values and the environment. Proceedings of the National Academy of Sciences, 113(6), 1462-1465. DOI: 10.1073/pnas.1525002113

Gómez-Baggethun, E. et al. 2011. Economic valuation and the commodification of ecosystem services. Progress in Physical Geography: Earth and Environment, 35(5), 613-628. DOI: 10.1177/0309133311421708

Gould, R. K. et al. 2015. A protocol for eliciting nonmaterial values through a cultural ecosystem services frame. Conservation Biology: The Journal of the Society for Conservation Biology, 29(2), 575-586. DOI: 10.1111/cobi.12407

Tallis, H. et al. 2014. Working together: A call for inclusive conservation. Nature, 515(7525), 27-28. DOI: 10.1038/515027a

Vary (Álvaro Bayón)

Vary (Álvaro Bayón)

Soy doctor en biología, especializado en especies invasoras. Intento divulgar sobre ciencia y naturaleza mientras lucho férreamente contra las pseudociencias y el pensamiento mágico. Cuando me queda tiempo, cazo pokémon y hago artesanía. Además, soy (un poco) adicto al twitter.

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