¿Qué beneficios aportan los parques a las ciudades?

Los jardines y parques urbanos no son solo refugios de biodiversidad, también proporcionan servicios ecosistémicos a los habitantes.

 

Algunas ciudades cuentan con abundantes zonas verdes, desde pequeños alcorques con árboles, y parterres ajardinados, hasta grandes parques y jardines que dan color y vida a la urbe. Otras, sin embargo, adolecen de una grave falta de este tipo de áreas. Frente a los que piensan que los parques son pulmones de las ciudades, en el sentido de que aumenta el oxígeno disponible, y que su carencia enrarece el aire; la realidad es que la cantidad de oxígeno que proporcionan los árboles no es tanta, más bien resulta casi insignificante en comparación con el oxígeno que ya hay en la atmósfera.

Sin embargo, las zonas verdes tienen otras muchas virtudes de gran valor para la población. Entre ellas, una particularmente importante: los parques son islas de biodiversidad.

El ecosistema urbano, aunque relativamente simple en comparación con los ecosistemas silvestres, sigue siendo rico y biodiverso, aunque también se encuentra amenazado por efectos de origen antrópico, como el cambio climático o las especies invasoras —muy frecuentes y particularmente dañinas en estos entornos tan perturbados—. Además, los parques, sobre todo cuando están compuestos por plantas nativas, tienen el efecto de concienciación social: acercan fragmentos de naturaleza a los habitantes de las grandes urbes, y ayudan a comprender la necesidad de preservar la biodiversidad.

Pero además de los evidentes beneficios en términos ecológicos, los parques urbanos proporcionan ventajas directas sobre la vida de las personas.

Parque de la Candamia en León (A.Bayón)
Parque de la Candamia en León (A.Bayón)

Efectos sobre la contaminación ambiental

Hace tiempo se pensaba que los parques urbanos tenían la función de purificar el aire de las ciudades. En realidad, estudios más recientes muestran que esa disminución de contaminantes atmosféricos es menor de la esperada, sobre todo, en parques de pequeño tamaño.

Lo que sí se ha observado es que la presencia de plantas y árboles en las ciudades altera la forma en la que se dispersan esos contaminantes, reduciendo la entrada desde carreteras periféricas al interior de las ciudades, y limitando en gran medida la concentración en el interior de dichos parques. De modo que, aunque los parques no reduzcan significativamente la polución atmosférica, la tendencia de la gente a pasear por zonas ajardinadas sí que ayuda a que los habitantes estén menos en contacto con esa contaminación.

Un tipo de contaminación que sí se ve significativamente atenuada por la presencia de parques y jardines es la contaminación acústica; la vegetación absorbe gran parte de los ruidos de la ciudad, por lo que el interior de un parque es, al final, una tranquila isla de silencio en un mar de ruidos.

Suavizan la temperatura

Los árboles arrojan sombra. Esto no es tan solo una causa de su existencia física y opaca, como en los animales, sino consecuencia de su propio metabolismo. Al fin y al cabo, se nutren de la luz solar para llevar a cabo la fotosíntesis. Los árboles orientan sus hojas de modo que capten la mayor cantidad de luz posible, y, por tanto, arrojen la mayor cantidad de sombra. Es decir, que emiten sombra de forma mucho más eficaz que otros seres vivos.

Además, las plantas evaporan agua a través de sus hojas, en un proceso llamado evapotranspiración. El agua es una sustancia con un calor específico elevado, que requiere gran cantidad de energía para evaporarse. Ese es el motivo por el cual cuando uno sopla un dedo mojado, se enfría más que si sopla un dedo seco —el agua que se evapora obtiene el calor de la piel—, y también es el motivo por el que sudamos cuando hace calor. Es decir, que esta evapotranspiración de las plantas, por mero efecto físico, baja la temperatura ambiental.

La luz solar calienta el aire, calienta el suelo, y este a su vez devuelve más calor al aire. En pleno verano, allí donde no hay árboles y solo negro asfalto, las temperaturas del aire pueden elevarse por encima de lo humanamente tolerable, y las del suelo, en algunos lugares, ascender a tales valores que derritan la goma del calzado al pisar. La presencia de árboles, por efecto combinado de la sombra y la evapotranspiración, rebaja las temperaturas del aire y del suelo, con un efecto de isla de frío que, en el caso de parques grandes, se extiende más allá de los límites del parque.

Parque del Campo Grande en Valladolid (A.Bayón)
Parque del Campo Grande en Valladolid (A.Bayón)

Algunos estudios recomiendan que, en zonas de calor extremo —que en un escenario de cambio global, cada vez serán más abundantes—, se diseñen los espacios abiertos con menos de un 50 % de área pavimentada, y con al menos un 30 % cubierto por la vegetación, aunque sea de altura, como árboles, que permiten tener más espacio abajo. Ante eventos de olas de calor extremas, si se sale a la calle, la opción de ir a un parque siempre será mejor que la de quedarse en una zona sin vegetación.

Reduciendo el estrés

Respirar un aire más puro que el que se encuentra entre los edificios y disfrutar de una zona con los ruidos atenuados y temperaturas más tolerables ayudan a relajarse a la población. Los estudios muestran una relación positiva entre la presencia y el uso de parques y jardines urbanos y el estado de salud y de ánimo percibido por la población. Esta capacidad de los elementos naturales para funcionar como "áreas tranquilizantes" resulta particularmente beneficiosa en las zonas urbanas donde el estrés es un aspecto demasiado común de la vida diaria.

Otros estudios relacionan la presencia de parques y jardines con una mayor integración y cohesión social, gracias al efecto que tienen como elemento de socialización; gente paseando a sus perros que charlan entre ellos, jóvenes que se reúnen a la sombra de un gran árbol, o ancianos y niños sentados en un banco, a la sombra de los chopos, observando a los patos nadar en el estanque, son escenas más que habituales en los parques urbanos.

Los parques y jardines, en este sentido, actúan como promotores de vínculos sociales, ayudan a las personas a relajarse e, incluso, reducen los niveles de incivismo, agresiones y violencia.

Los parques y jardines, de forma general, satisfacen muchas necesidades tanto sociales como psicológicas. La presencia de parques y jardines en las ciudades, y la posibilidad de acceso para la población urbana proporciona grandes ventajas que amortiguan, aunque sea mínimamente, los graves y múltiples efectos perniciosos de vivir en la gran ciudad.

Referencia:

Chang, C.-R. et al. 2014. Effects of urban parks on the local urban thermal environment. Urban Forestry & Urban Greening, 13(4), 672-681. DOI: 10.1016/j.ufug.2014.08.001

Chiesura, A. 2004. The role of urban parks for the sustainable city. Landscape and Urban Planning, 68(1), 129-138. DOI: 10.1016/j.landurbplan.2003.08.003

Kuo, F. E. et al. 2001. Environment and Crime in the Inner City: Does Vegetation Reduce Crime? Environment and Behavior, 33(3), 343-367. DOI: 10.1177/0013916501333002

Tashakor, S. et al. 2021. Temporal variability of noise pollution attenuation by vegetation in urban parks. Environmental Science and Pollution Research, 28(18), 23143-23151. DOI: 10.1007/s11356-021-12355-5

Xing, Y. et al. 2019. Role of vegetation in deposition and dispersion of air pollution in urban parks. Atmospheric Environment, 201, 73-83. DOI: 10.1016/j.atmosenv.2018.12.027

Vary (Álvaro Bayón)

Vary (Álvaro Bayón)

Soy doctor en biología, especializado en especies invasoras. Intento divulgar sobre ciencia y naturaleza mientras lucho férreamente contra las pseudociencias y el pensamiento mágico. Cuando me queda tiempo, cazo pokémon y hago artesanía. Además, soy (un poco) adicto al twitter.

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