¿Pueden comunicarse las plantas?

La memoria, la capacidad de anticipación o la comunicación se han considerado siempre rasgos característicos de los animales, pero ¿son también habilidades de las plantas?

 

Aunque parezcan organismos sésiles que carecen de toda sensibilidad, lo cierto es que el comportamiento de las plantas dista mucho de ser el de simples objetos, como mucha gente los percibe. Las plantas, sin un sistema nervioso como el de los animales, tienen un complejo sistema bioquímico de reconocimiento y respuesta a estímulos.

Una planta de acebo o una encina que sufra el ataque reiterativo de herbívoros producirá hojas más duras y espinosas. Las hojas de una venus atrapamoscas se cerrarán como un resorte, ante el mínimo contacto con un insecto. Y un tallo de alubia puede resolver un laberinto oscuro solo guiado por la luz que llega desde su entrada, reflejada en sus paredes.

Gnosiofisiología de las plantas

Hay múltiples ejemplos de interacciones tipo estímulo – respuesta en las plantas. Estos sucesos son incluidos en el estudio de la gnosofisiología de las plantas, en ocasiones llamados de forma antropomorfizada como ‘cognición vegetal’ o ‘neurobiología vegetal’; términos no del todo correctos, puesto que las plantas carecen de sistema nervioso, y, por tanto, de sistemas cognitivos.

Aparte de las reacciones sencillas ya mencionadas, se ha sugerido que las plantas tienen capacidades que, sin tener la misma base evolutiva que en los animales, sí pueden considerarse análogas respecto al comportamiento animal. Uno de los comportamientos más fascinantes reportados en plantas es la capacidad de anticiparse a eventos y recordarlos.

La memoria de las plantas

Lo que llamamos “memoria” en una planta no guarda ninguna relación con los procesos cerebrales humanos. Nos encontramos ante procesos análogos a los de los animales, y hay que mantener la precaución de no caer en la antropomorfización de las plantas.

Recordemos que son organismos sin sistema nervioso, y por tanto, sin procesos cognitivos. Todos los procesos relacionados con la memoria de las plantas son pura bioquímica; una bioquímica extraordinariamente compleja, producto de miles de años de evolución; pero bioquímica al fin y al cabo.

No solo se ha comprobado que las plantas tienen la capacidad de disponer de experiencias previas, además presentan una plasticidad en la respuesta en función de dichas experiencias; lo que en animales llamaríamos condicionamiento.

El crecimiento de los cotiledones está condicionado por la luz que hayan recibido previamente.
El crecimiento de los cotiledones está condicionado por la luz que hayan recibido previamente.

Charles Darwin ya observó que la respuesta de las primeras hojas de una planta a la luz estaban influenciadas por su exposición previa. Desde entonces, se han observado muchas otras formas de, digamos, “condicionamiento vegetal”.

El crecimiento de las ramas de los tréboles no solo depende de la presencia de tréboles vecinos, sino también de los vecinos del año anterior; las plantas que son estimuladas por un ataque inicial responden de forma más rápida, agresiva y efectiva a nuevos ataques, produciendo además una mayor concentración de metabolitos secundarios destinados a la defensa.

La anticipación de las plantas

El comportamiento de anticipación en plantas se comenzó a estudiar hace menos de tres décadas. Al ser un campo de estudio tan joven, aún quedan muchas incógnitas por resolver, aunque sí tenemos algunos aspectos claros y bien asentados.

Las plantas, por ejemplo, emplean el fotoperíodo —el tiempo que dura la luz diurna— como indicador para anticiparse al frío invernal. También orientan las hojas de las ramas bajas en la posición en la que menos sombra vayan a recibir respecto a las de las ramas superiores, antes de que lleguen a crecer y proyectar dicha sombra.

Para ese tipo de anticipación emplean señales físicas, como la recepción de luz roja lejana, reflejada por las hojas superiores desde momentos incipientes, que indica a las inferiores dónde se proyectará la sombra cuando crezcan.

Otros ejemplos de anticipación, aún más complejos, los encontramos en la cuscuta, una planta parásita que selecciona activamente los huéspedes más nutritivos y rechaza los que lo son menos, antes de alimentarse —sin que sepamos, aún, cómo lo hace—.

En los años 80, en Sudáfrica, se reportó un caso fascinante. Cientos de kudus, un tipo de antílope, murieron a causa de las hojas de acacia, su fuente habitual de alimento. Para defenderse, las hojas de acacia producen un tipo de molécula llamada tanino, astringente y con la capacidad de precipitar proteínas. Los taninos son los responsables de que al comer un plátano demasiado verde, la lengua quede “estropajosa”. Normalmente, los niveles de taninos no son tan elevados como para dañar a los antílopes, pero durante la época de sequía, y tras un fuerte evento de depredación de los herbívoros, las plantas produjeron unas concentraciones tan elevadas de taninos que eran capaces de inactivar las enzimas del hígado de los kudus, matándolos en pocas semanas.

Hembra de kudu alimentándose de una encina.
Hembra de kudu alimentándose de una encina.

Lo más sorprendente es que todas las plantas de la población habían producido la sobredosis, y no solo aquellas que habían sufrido la depredación. De hecho, cuanto más cerca estaba un árbol de otro que sufrió el efecto depredador, más taninos acumulaba en sus hojas, anticipándose así al ataque de los kudus. La sobredosis de taninos se podía llegar a producir en menos de media hora. Se descubrió que la clave estaba en el etileno, una molécula volátil que las acacias agredidas emitían al ambiente, y que inducía en las acacias receptoras la formación de defensas.

Las plantas se estaban comunicando.

La comunicación de las plantas

Como sucede con el resto de procesos gnoseofisiológicos, la comunicación en plantas es drásticamente distinta a la de los seres humanos o de otros animales. De nuevo, es un fenómeno de naturaleza estrictamente bioquímica.

El evento de las acacias y los kudus de Sudáfrica es uno de los ejemplos más visuales. Sin embargo, los biólogos I. T. Baldwin y J. C. Schultz ya observaron este fenómeno de comunicación química entre plantas en 1983. Desde entonces, se han comprobado varios casos de comunicación entre plantas. Y no solo entre ellas.

Milenrama atrayendo a una mariquita
Milenrama atrayendo a una mariquita

Las plantas se pueden comunicar también con los herbívoros, con organismos mutualistas y con sus parásitos, así como con organismos que sean depredadores o parásitos de los animales herbívoros o de sus propios parásitos.

En ocasiones, algunas plantas que son atacadas por herbívoros emiten sustancias volátiles que indican a los depredadores dónde está su presa potencial, o guía a los parásitos de esos animales hacia nuevos hospedadores posibles. Ejemplos de esto sería la milenrama, que atrae a las mariquitas que cazan pulgones, o el tanaceto, que atrae moscas tachínidas, cuyos juveniles son parásitas de chinches, escarabajos y orugas de mariposas.

Es conveniente recordar que todos estos comportamientos vegetales, aunque son muy reales, no implican en las plantas inteligencia, consciencia, ni capacidad analítica alguna. Son respuestas adaptativas, adquiridas en el proceso evolutivo, de carácter exclusivamente bioquímico. Las plantas son organismos sin sistema nervioso central, sin cerebro, y por tanto, sin consciencia.

Aunque tampoco la necesitan para llevar a cabo comportamientos de lo más fascinantes.

Referencias:

Affifi, R. 2018. Deweyan Psychology in Plant Intelligence Research: Transforming Stimulus and Response. En F. Baluska et al. (Eds.), Memory and Learning in Plants (pp. 17-33). Springer International Publishing. DOI: 10.1007/978-3-319-75596-0_2

Baldwin, I. T. et al. 1983. Rapid changes in tree leaf chemistry induced by damage: evidence for communication between plants. Science (New York, N.Y.), 221(4607), 277-279. DOI: 10.1126/science.221.4607.277

Calvo Garzon, F. 2007. The Quest for Cognition in Plant Neurobiology. Plant Signaling & Behavior, 2(4), 208-211. DOI: 10.4161/psb.2.4.4470

Karban, R. 2008. Plant behaviour and communication. Ecology Letters, 11(7), 727-739. DOI: 10.1111/j.1461-0248.2008.01183.x

Phillip, Y. 1990. Acacia trees kill antelope in the Transvaal. Scientific American, 263(6), 28.

Vary (Álvaro Bayón)

Vary (Álvaro Bayón)

Soy doctor en biología, especializado en especies invasoras. Intento divulgar sobre ciencia y naturaleza mientras lucho férreamente contra las pseudociencias y el pensamiento mágico. Cuando me queda tiempo, cazo pokémon y hago artesanía. Además, soy (un poco) adicto al twitter.

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