¿Por qué el pájaro carpintero no sufre daño cerebral con tanto golpe?

Durante mucho tiempo se ha pensado que el pájaro carpintero no acaba con el cerebro hecho papilla porque posee unos huesos esponjosos que absorben los golpes. Ahora, un nuevo estudio sobre la biomecánica del animal apunta más bien al tamaño del cerebro como elemento protector.

El pájaro carpintero se pasa el día golpeando la corteza de los árboles con su pequeño cráneo en busca de comida. Sin embargo, no sufre daño cerebral. ¿Cómo es esto posible? La explicación que se había dado hasta ahora era que el animal posee una serie de huesos esponjosos que absorben los continuos impactos evitando que el cerebro se destroce. También le protegerían los músculos que tienen en el cuello. Un nuevo estudio publicado en Current Biology apunta más bien al reducido tamaño del cerebro como elemento protector.

Los pájaros carpinteros pueden mover la cabeza hasta 20 veces por segundo, experimentando fuerzas de hasta 1 400 g. Solo se necesitan fuerzas de 90-100 g para causar una conmoción cerebral a un ser humano. Si, además, tenemos en cuenta lo pequeño que es el cerebro de esta ave ¿cómo no se rompe como si fuera una nuez?

Pájaro carpintero
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En anteriores investigaciones se llegó a la conclusión de que el pájaro carpintero posee una serie de adaptaciones corporales que ayudaría a reducir el impacto sobre el tejido cerebral. Estamos hablando de huesos esponjosos y de los músculos del cuello. Estas características parecen estar diseñadas para absorber golpes, pero no está tan claro cómo reducen las fuerzas que experimenta la cabeza del pájaro cuando acelera y desacelera rápidamente.

"Analizando vídeos de alta velocidad de tres especies de pájaros carpinteros, descubrimos que éstos no absorben el choque del impacto con el árbol", dice Sam Van Wassenbergh, investigador de biomecánica de la Universidad de Amberes (Bélgica).

Para la investigación se emplearon más de cien vídeos de alta resolución en los que se veían a seis pájaros carpinteros de las especies Dryocopus martius, Dryocopus pileatus y Dendrocopos major. Los científicos se fijaron en los ojos de las aves para medir la desaceleración que se producía en ellos al golpear el tronco de un árbol. Puesto que el globo ocular es un buen sustituto del cerebro, los investigadores calcularon la física de un cráneo en desaceleración. Lo que vieron fue que la cabeza del pequeño pájaro carpintero se mueve como un todo, con poca variación de la desaceleración máxima entre el ojo y el pico. "Sus cabezas funcionan básicamente como martillos rígidos y sólidos durante el picoteo", dice Van Wassenbergh.

En cuanto a las adaptaciones corporales pensadas para absorber los impactos, los modelos biomecánicos que realizaron los científicos mostraron que no absorbían mucho los impactos entre la punta del pico y el cerebro, más bien lo que lograban era no fracturarse. Al no romperse en mil pedazos, el trabajo del ave es más eficiente. "Si el pico absorbiera gran parte de su propio impacto, el desafortunado pájaro tendría que golpear aún más fuerte", explican los investigadores.

Un estudio anterior sostiene que el pasarse toda la vida dando golpes con la cabeza pasa factura a los pájaros carpinteros. Van Wassenbergh y su equipo piensan lo contrario. Atendiendo a sus simulaciones sobre la presión intracraneal del pájaro carpintero, los investigadores no ven graves los constantes golpes porque el cerebro es pequeño.

"La ausencia de absorción de impactos no significa que sus cerebros estén en peligro durante los impactos aparentemente violentos", dice Van Wassenbergh. "Incluso los choques más fuertes de los más de 100 picotazos que se analizaron deberían seguir siendo seguros para los cerebros de los pájaros carpinteros, ya que nuestros cálculos mostraron cargas cerebrales inferiores a las de los humanos que sufren una conmoción cerebral".

Estos hallazgos serían claves para entender por qué los pájaros carpinteros no evolucionaron para tener un tamaño mayor. Aunque de primeras podría pensarse que cuanto más grande, más poder para golpear y encontrar comida, un cerebro más pesado no podría resistir la presión y se fracturaría.

 

Referencia: Van Wassenbergh, S. et al. 2022. Woodpeckers minimize cranial absorption of shocks. Current Biology. DOI: https://doi.org/10.1016/j.cub.2022.05.052

Mar Aguilar

Mar Aguilar

Me hubiera gustado ser médica pero le tengo terror a la sangre. Por eso, escribir sobre salud no me parece mal plan. También me interesa la nutrición. Disfruto viendo vídeos de YouTube con guiris preparando comida saludable y me encantan los animales.

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