¿Podría la radioactividad de las bombas nucleares hacer que llueva más?

Durante las décadas de 1950 y 1960, en el entorno mundial tensionado por la Guerra Fría, países como Estados Unidos y la Unión Soviética realizaron pruebas con armas nucleares que repercutieron en la meteorología de lugares situados en la otra punta del globo.

Lluvia
Las pruebas con armas nucleares aumentar las lluvias al otro lado del mundo. / Dg-505, Wikicommons

Es bien sabido que durante las décadas de 1950 y 1960, en el entorno mundial tensionado por la Guerra Fría, países como Estados Unidos y la Unión Soviética realizaron pruebas con armas nucleares como una forma de demostrar su poder, las cuales dieron lugar, entre otras cosas, a la aparición de lluvia radioactiva sobre ciertas regiones. Las partículas cargadas emitidas durante la desintegración radiactiva tienen la capacidad de chocar contra los átomos y moléculas a su alrededor, dando lugar a nuevas partículas que poseen aún más carga. Y estas pueden engullir polvo, hollín, o gotas de agua que se encuentran en la atmósfera, provocando que lleguen a ser lo suficientemente gruesas como para caer al suelo en forma de lluvia. La lluvia radioactiva podía tener efectos muy nocivos en la atmósfera, los terrenos y sus habitantes, causando daños irrevocables. Sin embargo, uno de los efectos inesperados de estas pruebas podría haber ido más allá, convirtiéndose en algo muy positivo.


Y es que parece que la radioactividad emitida por estas bombas nucleares habría provocado un aumento de las lluvias, no solamente en aquellos lugares donde se llevaban a cabo dichas pruebas, sino llegando también a provocar mayores precipitaciones en zonas situadas a miles de kilómetros. A pesar de que las pruebas se realizaron en lugares remotos, como el desierto de Nevada de los Estados Unidos, o en algunas islas del Pacífico y el Ártico, la polución con carga radioactiva se propaga con mucha facilidad por la atmósfera. Y, a su vez, la radiactividad ioniza el aire, liberando carga eléctrica.

Así lo indica un reciente estudio realizado por un grupo de científicos de la Universidad de Reading y publicado en Physical Review Letters, que para su hallazgo se centraron en estudiar el histórico de precipitaciones que habían tenido lugar entre 1962 y 1964 en una pequeña isla al norte de Escocia. El lugar fue elegido por los investigadores por ser una zona probablemente poco afectada por la contaminación, factor que también influye a la hora de que se formen nubes y se desencadenen precipitaciones.


Así, compararon los días en que se había concentrado mayor carga radioactiva con los que habían recogido una menor, para comprobar si en los primeros el volumen de precipitaciones había sido mayor que en los segundos. Y, efectivamente, descubrieron que sí: hubo, de media, un 24 % más de lluvias durante las jornadas con más radioactividad a lo largo del periodo de tiempo estudiado.

Aplicaciones en favor del medioambiente

Antes de este estudio de carácter retrospectivo, durante mucho tiempo ya se pensaba que la carga eléctrica influía en el modo en que las gotas de agua que conforman las nubes colisionan y se combinan, afectando potencialmente su tamaño de las gotitas y a la lluvia, pero había sido muy difícil realizar dicha observación directamente en la atmósfera.


"La atmósfera politizada de la Guerra Fría condujo a una carrera de armamentos nucleares y un sentimiento mundial de ansiedad, pero décadas más tarde ha mostrado un lado positivo, al darnos una manera única de estudiar cómo la carga eléctrica afecta la lluvia", celebra Giles Harrison, científico cabeza de la investigación.


Porque lo mejor es que los resultados arrojados por el estudio podrían resultar muy útiles a la hora de llevar a cabo investigaciones en el campo de la geoingeniería relacionadas con las nubes, puesto que el modo en que la carga eléctrica afecta a la lluvia serviría para abordar nuevas soluciones ante las sequías o las inundaciones sin tener que recurrir al uso de productos químicos. Además, Harrison sugiere que también podría ayudar a los astrónomos a comprender mejor los patrones meteorológicos en otros planetas como Júpiter y Neptuno, cuyas atmósferas están llenas de partículas cargadas generadas por los rayos o los impactos de los rayos cósmicos.

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