¿Para qué sirven los bancos de semillas?

En el mundo hay miles de especies de plantas en peligro de extinción. Los bancos de semillas o bancos de germoplasma se han creado para garantizar su conservación.

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Un banco de semillas o banco de germoplasma es un lugar en el que se habilitan las condiciones adecuadas para conservar ejemplares de semillas de distintas especies vegetales (silvestres o cultivadas) de forma que se garantice así la preservación de la diversidad genética de las plantas.

 

Las plantas también están amenazadas

Y es que, al hablar de biodiversidad o de especies amenazadas, muchas veces la mente se va a los grandes grupos de animales, y nos olvidamos de que no solo el lince o el urogallo están en peligro de extinción. Más del 20% de las 380.000 especies botánicas conocidas en el mundo están amenazadas por diversos motivos: por causas climáticas, por la presión humana y la de vegetales invasores o por una combinación de todas ellas. En Europa, se estima que el  50%  de  las  especies  endémicas  está  en  peligro  de extinción.

Se pueden almacenar semillas para preservar la biodiversidad verde, y este es el objetivo de los bancos de semillas:  guardar para la posteridad el mayor número posible de plantas.

 

¿Cómo se conservan las semillas?

Las simientes de los ejemplares se conservan en unas condiciones de humedad estable, baja temperatura constante sin apenas luz o en la oscuridad y en frascos con etiquetas que detallan la variedad, el lugar donde fueron recolectadas y sus características.

“La  mayoría  de  plantas  del  mundo  producen  semillas  que  pueden  mantener  su  viabilidad después  de  ser  secadas  y  congeladas”, explica un documento de  la red europea ENSCONET (European Native Seed Conservation Network). “En  estos  casos,  después  de  la  recolección  y  de  una correcta  clasificación,  se  limpian  y  se  deshidratan  las  semillas  hasta  el  5%  de  humedad.  Las semillas  se  encierran  entonces  en  recipientes  herméticamente  sellados  y  finalmente  se almacenan  o  en  congeladores  a  -20°C  o  en  nitrógeno líquido.  Es  importante,  antes  de almacenar  las  semillas,  identificar  su  origen para  que  se  puedan clasificar correctamente. Las semillas que no soportan ser secadas necesitan una investigación específica que mejore su viabilidad y aumente su longevidad para su almacenamiento. Durante el  almacenamiento,  se  realizan  pruebas  de  germinación  para  garantizar  la  viabilidad  de  las semillas y asegurarse de que la reintroducción de la especie será posible en caso de extinción”.

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¿Sirven para todas las especies de plantas?

Desgraciadamente, los bancos de semillas no son una opción viable para todas las plantas del mundo. Existen algunas, denominadas recalcitrantes, que no soportan cierto grado de desecación y no se pueden conservar con facilidad. Un ejemplo: las castañas o las bellotas.

Un estudio publicado en la revista Nature Plants en 2018 revelaba que un 36% de las especies de plantas en peligro no pueden almacenarse en bancos de semillas.

 

Utilidad de los bancos de semillas

Como ya hemos dicho, uno de los motivos para almacenar semillas de especies silvestres es garantizar su conservación ex situ, esto es, fuera de su medio natural. Muchas de ellas provienen, por ejemplo, de zonas geográficas en proceso de degradación, y se guardan las semillas de las especies de plantas de la zona antes de que desaparezcan del lugar. En el futuro, y si se dan las condiciones adecuadas, dichas semillas podrían utilizarse para procesos de reintroducción.

Además de para preservar la diversidad genética, muchas semillas se almacenan para poder ser utilizadas en trabajos de investigación en el futuro. Los bancos de semillas suelen ser custodiados por instituciones públicas, y su material, al igual que el de los jardines botánicos o museos de historia natural, está disponible para que los investigadores que lo deseen, previa justificación de sus proyectos, puedan utilizarlo en sus estudios.

Algunos de estos bancos tienen registrados más de 1.000 millones de semillas, entre ellas, variedades de trigo silvestre cuyo cultivo ya no es rentable, pero que, si se demuestran resistentes a los parásitos, se podrían ‘resucitar’ para su plantación en el futuro.

 

Bancos de semillas en el mundo

Hoy existen unos 1.500 en todo el planeta, entre los que destaca el Svalbard Global Seed Vault (ver imagen superior del artículo), en una isla del norte de Noruega. También llamada ‘La Bóveda de Semillas’, se inauguró en el año 2008 y el área de almacenamiento se encuentra a cien metros bajo la montaña, bajo capas de roca de entre cuarenta y sesenta metros de espesor.

Uno de los motivos para ubicar aquí este gran banco de germoplasma es que la montaña en cuestión contiene una espesa capa de permafrost, lo que garantiza una temperatura estable de entre -3 y -4°C. El área de almacenamiento de semillas tiene un sistema de enfriamiento adicional, para llevar la temperatura de almacenamiento de semillas a menos 18°C y garantizar que permanezca constante. El cambio climático, que está provocando que desaparezca permafrost en todo el mundo, también pone en peligro la idoneidad del banco de semillas de Svalbard.

Otro de los bancos de referencia en el mundo es el Millennium Seed Bank, en Wakehurst, al sur de Londres en Inglaterra y, si nos vamos a nuestro país, podemos citar como ejemplo al Banco de Germoplasma Vegetal de la Universidad Politécnica de Madrid, que conserva semillas de especies endémicas y amenazadas de la península ibérica, las islas Baleares y la región Macaronésica, y de especies de la familia Brassicaceae (la familia de la col).

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