Los impactos de hacer trasvases de un río

Transportar agua de una cuenca a otra puede tener consecuencias ecológicas graves e indeseadas.

Los paisajes son áreas que están moldeadas por diversas fuerzas —naturales o artificiales—, que interactúan entre sí, y los ríos son factores importantes en su formación. El agua del río parte de las altas cumbres donde el hielo se derrite, y va recorriendo el paisaje, erosionando el suelo a su paso. Arrastra partículas de suelo, cambiando con ello la geomorfología del entorno, y cuando las corrientes enlentecen, allí donde la pendiente prácticamente desaparece, deposita los sedimentos y nutrientes que ha recogido en su recorrido, modificando también la estructura y moldeando los ecosistemas de la costa allí donde el río desemboca.

Los afluentes y confluyentes de un río terminan desembocando en él y forman un entramado de cauces, que se mantienen aislados unos de otros por terrenos elevados o cadenas montañosas. De este modo, un territorio puede definirse en función del río hacia el que fluyen sus aguas superficiales. Esta unidad de territorio se denomina cuenca hidrográfica, y el borde de la cuenca, formado por la línea de cumbres, es la llamada divisoria de aguas.

En una misma región, no todas las cuencas hidrográficas llevan la misma cantidad de agua. Hay algunas que presentan ríos grandes, largos y caudalosos, mientras que otras son muy áridas, y vierten una cantidad de agua insignificante. De acuerdo a todo lo anterior, un trasvase es una infraestructura que permite el transporte –o trasvase– del agua de una cuenca con gran cantidad de agua a otra mucho más seca. Su objetivo principal, de carácter socioeconómico, es proporcionar abastecimiento de agua para el consumo, el riego o la generación de energía hidroeléctrica.

Sin embargo, la construcción de infraestructuras para los trasvases no están exentas de problemas; en algunos casos, los impactos ambientales que pueden llegar a generar los hacen inasumibles desde el punto de vista ecológico.

Presa de los Anguijes, en el trasvase Tajo–Segura.

Presa de los Anguijes, en el trasvase Tajo–Segura.

El efecto barrera

Una consecuencia inmediata de una infraestructura de la magnitud de un trasvase entre cuencas es el efecto barrera. Aunque entre las construcciones de un trasvase hay acueductos elevados que, sostenidos por pilares, facilitan el paso de un lado a otro, en otros casos se construyen canales artificiales al nivel del suelo, que limitan el movimiento de los animales, incapaces de cruzar el agua.

También las plantas cuyos frutos o semillas son transportados por animales —zoocoria— quedan limitadas para su expansión y desarrollo. Pero además, la canalización de grandes volúmenes de agua en movimiento producen, a su vez, vientos transversales. Esta alteración en el movimiento natural de los vientos impide también el paso de frutos y semillas que sean movidas por el viento —anemocoria—.

Además dificulta la polinización entre poblaciones de uno y otro lado de la barrera. Tanto si el polen es transportado por el viento como por insectos polinizadores, estos vientos pueden impedir parcialmente el paso.

En resumen, estas construcciones reducen el flujo genético entre poblaciones y fragmentan los hábitats naturales. Es bueno recordar que la fragmentación de los hábitats se considera uno de los cinco grandes motores de cambio global antropogénico.

Cangrejo rojo americano, especie invasora en los ríos ibéricos

Cangrejo rojo americano, especie invasora en los ríos ibéricos.

Homogeneización de ecosistemas

Pero el efecto barrera no es el único, esa misma infraestructura puede convertirse en un corredor que atraviese barreras naturales. De hecho, esa es, en principio, la función de un trasvase: mover el agua de una cuenca a otra a través de una barrera biogeográfica, que está representada por la divisoria de aguas.

De este modo, animales, plantas o microorganismos que antes solo vivían en una de las cuencas pueden trasladarse, empleando el trasvase, y colonizar la cuenca vecina. Especies que antes no estaban en contacto pasan a compartir un mismo entorno, y se dan nuevas relaciones de competencia para las que las poblaciones no están previamente adaptadas. En este sentido, las cuencas hidrográficas funcionan como islas de biodiversidad, y el trasvase como un puente que las une.

Esto actúa en detrimento de la biodiversidad. Las especies que resulten más aptas serán las dominantes en el ecosistema, y las menos aptas pueden llegar a desaparecer. Este efecto homogeneizador convierte a dos ecosistemas que antes eran distintos, en uno solo, mixto entre ambos, pero con menor riqueza de especies que la que tenían ambas cuencas por separado.

Si alguna de las cuencas está afectada por una especie exótica invasora, un trasvase es una nueva forma de ayudar a que se expanda a nuevos territorios que antes no podía alcanzar, y generar nuevos impactos donde llegue.

Delta del Ebro en vista aérea: un rico ecosistema que estaría en peligro si se produjera un trasvase.

Delta del Ebro en vista aérea: un rico ecosistema que estaría en peligro si se produjera un trasvase.

Los problemas río abajo

Los impactos de un trasvase de cuencas no solo se producen en la región donde se construye la infraestructura, tiene además efectos significativos río abajo.

La cuenca receptora del trasvase se encuentra con un volumen de agua inesperado al que su ecosistema no está adaptado. La vegetación de ribera, que es la encargada de sostener el sustrato contra la erosión, no está preparada para soportar el mayor caudal de forma sostenida, y aumentará la erosión del cauce.

Por otra parte, la cuenca donante pierde caudal, lo que se traduce en un menor aporte de agua respecto al que el ecosistema está adaptado, con posibles efectos asociados a la sequía; y menor sedimentación, lo que implica un empobrecimiento de los ecosistemas próximos a la desembocadura.

En las desembocaduras de los ríos se dan unas condiciones particulares, en las que el agua de mar se encuentra con el agua dulce. La reducción en el caudal se traduce en una invasión paulatina del agua del mar en el entorno de la desembocadura y la consiguiente salinización del suelo. Si este entorno es de una riqueza y biodiversidad digna de conservación, como el delta del río Ebro, la realización de un trasvase del Ebro puede ser desastrosa.

Pero los impactos no terminan ahí, pueden llegar hasta el mar. Los ecosistemas litorales próximos a la desembocadura de ríos importantes están adaptados a un aporte de nutrientes y sedimentos que, en caso de trasvase, se verán diezmados. Esto puede llevar a la desestabilización de estos ecosistemas e incluso a la extinción de especies, tal y como se está observando con la vaquita marina en el golfo de California, cuyo declive está provocado, en parte, por el impacto en el ecosistema de los trasvases del río Colorado.

Referencias:

Brusca, R. C. et al. 2017. Colorado River flow and biological productivity in the Northern Gulf of California, Mexico. Earth-Science Reviews, 164, 1-30. DOI:10.1016/j.earscirev.2016.10.012

Davies, B. R. et al. 1992. An assessment of the ecological impacts of inter-basin water transfers, and their threats to river basin integrity and conservation. Aquatic Conservation: Marine and Freshwater Ecosystems, 2(4), 325-349. DOI: 10.1002/aqc.3270020404

Ibáñez, C. et al. 2003. The environmental impact of the Spanish National Hydrological Plan on the lower Ebro River and delta. International Journal of Water Resources Development, 16, 485-500.

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Vary (Álvaro Bayón)

Vary (Álvaro Bayón)

Soy doctor en biología, especializado en especies invasoras. Intento divulgar sobre ciencia y naturaleza mientras lucho férreamente contra las pseudociencias y el pensamiento mágico. Cuando me queda tiempo, cazo pokémon y hago artesanía. Además, soy (un poco) adicto al twitter.

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