Los cambios en la órbita de la Tierra alteran la evolución de la vida marina

Investigadores franceses han descubierto recientemente que los cambios en la órbita terrestre altera la evolución tanto de la vida marina como del clima en general, a pesar de tener, inicialmente, una influencia mínima.

Hace alrededor de cincuenta años, los investigadores descubrieron que la excentricidad de la Tierra se encontraba estrechamente relacionada con los ciclos glaciares. De esta manera, durante los últimos 400.000 años, los ciclos entre una edad de hielo y un período interglaciar se han sincronizado con la órbita de la Tierra a una velocidad de unos 100.000 años.

Es cierto que podría parecer sorprendente que una variación tan pequeña tenga un impacto en el clima, pero en realidad el cambio en la órbita de la Tierra tiene una influencia unas 10.000 veces menor que la de la cantidad de luz recibida (la cual, dicho sea de paso, depende del eje de rotación de la Tierra, por ejemplo).

De ahí que, durante años, los científicos se hayan preguntado qué podría contribuir a la amplificación de estas fluctuaciones climáticas

En un estudio publicado recientemente en Nature, investigadores del CNRS, en Marsella (Francia), analizaron el fitoplancton con la finalidad de descubrir variaciones climáticas terrestres durante el Pleistoceno y, en particular, en cambio en la composición de los cocolitos, que son unas estructuras de piedra caliza que recubren el cocolitóforo. 

Estas estructuras proporcionan una buena descripción de la diversidad del fitoplancton, dado que cada especie produce una forma distinta de cocolito. 

Vida marina y cambios en la órbita de la Tierra
Foto: Istock

Durante la investigación, los científicos usaron inteligencia artificial. Y, para ser precisos, una poderosa red neuronal, con la finalidad de acelerar, de forma artificial, el proceso de formación de cocolitos. Seguidamente, observaron que cuanto mayor era la excentricidad de la Tierra, más diversificado era el fitoplancton (y viceversa).

No en vano, como indican en su estudio, cuanto más excéntrica es la órbita terrestre, mayores tienden a ser los contrastes estacionales, lo que permitiría incrementar el número de nichos ecológicos y, por tanto, la diversidad de fitoplancton. 

Pero lo que los investigadores muestran especialmente es que esta diversidad en sí tiene un efecto sobre el clima. Por ejemplo, encontraron que las distintas especies de fitoplancton de tamaño mediano, correspondientes a una menor biodiversidad, tienden a almacenar más cantidad de carbono en los cocolitos en forma de carbono cálcico.

Concretamente, el estudio muestra lo que podríamos entender como dos “picos” de productividad: hace unos 900.000 años y hace 400.000 años. Es decir, el fitoplancton ejercería un bucle de retroalimentación con los ciclos orbitales, amplificando las variaciones climáticas y el ciclo de carbono.

Eso sí, los autores señalan que es bastante probable que otros factores influyan en este circuito de retroalimentación. 

Por ejemplo, se sabe que el retroceso tanto de los glaciares como de las islas puede separar ecosistemas y crear una mayor cantidad de nichos, lo que aceleraría la tasa de renovación del fitoplancton. 

Según Rosalind Rickaby, bióloga de la Universidad de Oxford, y autora de un editorial que acompaña al mencionado estudio, “este vínculo entre el cambio orbital, el clima y la evolución del fitoplancton podría constituir un ritmo intrínseco que subyace al sistema terrestre”, lo que podría convertirse en un ejemplo excelente del conocido efecto mariposa.

Christian Pérez

Christian Pérez

Colaborador de Muy Interesante, especializado en divulgación científica y sanitaria, tecnología y verificación de hechos (fact-checking).

Continúa leyendo