Los babuinos agreden a las hembras para aparearse

Una investigación señala que estos monos africanos macho intimidan a las hembras como estrategia de apareamiento a largo plazo, lo que podría explicar el origen evolutivo de la violencia sexual.

Babuino

Un grupo de científicos galos e ingleses, liderados por el Instituto de Estudios Avanzados de Toulouse (Francia), ha llevado a cabo durante años un estudio para averiguar si los machos del babuino Chacma (Papio ursinus), que viven en Namibia, usaban algún tipo de coerción sexual con las hembras del grupo para incitarlas a aparearse con ellos en el 

Los machos de esta especie rara vez obligan a las hembras a aparearse, pero eso no significa que ellas sean libres a la hora de elegir pareja sexual. Según los resultados de esta investigación, sí se producen agresiones –golpes y mordiscos– y periodos de intimidación contra las hembras, principalmente cuando estas son fértiles; lo que ocurre es que esa violencia y el acto sexual tienen lugar en distintos momentos –con una diferencia que puede ser de días–.

La investigación, que ha sido publicada por la revista Current Biology, explica así que la intimidación sexual podría ser una estrategia de apareamiento a largo plazo en estos primates. Han observado que el comportamiento agresivo se produce preferentemente con hembras que son fértiles y que los machos se mantienen próximas a ellas para establecer vínculos fuertes. De lo que no han hallado ninguna evidencia es de que se produzca una preferencia de las hembras por los machos agresivos.

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Asimismo, el estudio explica que las agresiones de los machos representan una fuente importante de lesiones para esas hembras fértiles, que, según sus estimaciones, recibirían un ataque cada ocho horas y serían víctimas de una lesión cada 73 días. Las agresiones serían menos habituales en aquellas hembras que ya están embarazadas o en periodo de lactancia.

Las conclusiones de la investigación podrían explicar en parte los orígenes evolutivos de la violencia sexual también en los humanos, aunque no es algo que ni los propios científicos que han participado en el estudio tengan claro. Lo ven solo como una posibilidad, ya que, según apunta Elise Huchard, zoóloga del Centro Nacional para la Investigación Científica de Francia (CNRS), podrían existir otras explicaciones alternativas.

 

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