Las 'malas hierbas' no son tan malas

La definición de ‘mala hierba’ es totalmente antropocéntrico, y está basado en su carácter indeseable para el ser humano.

Se conoce como ‘malas hierbas’ o ‘malezas’ a todas aquellas plantas herbáceas que crecen de forma espontánea e indeseada en campos de cultivo, jardines, parques, y otras zonas donde la vegetación esté regulada por los seres humanos.

Dado que el término se define desde un punto de vista estrictamente antropocéntrico, dependiendo del tipo de actividad humana a que se refiera, una misma especie puede ser maleza en un entorno y ser deseable en otro. Por ejemplo, en un campo de golf, las gramíneas que forman el césped son deseadas, pero una planta de menta que crezca espontáneamente se consideraría una maleza. Y al contrario, en un cultivo de menta para su aprovechamiento farmacológico, las gramíneas de césped serían malas hierbas.

Malas hierbas

El diente de león es considerado una mala hierba

El estudio de las malas hierbas

Debido a su importancia en la agricultura y horticultura, las malas hierbas o hierbas arvenses, han sido objeto de estudio, sobre todo dirigido al descubrimiento de métodos para su erradicación. Sin embargo, sus características ecológicas las hacen también excelentes para el estudio de la adaptación y la evolución.

Las malas hierbas tienen un comportamiento ruderal, es decir, son capaces de desarrollarse en hábitats alterados y perturbados por la actividad humana. Además de campos de cultivo o parques y jardines, colonizan también bordes de caminos y carreteras, áreas quemadas, campos abandonados e incluso las calles y casas de pueblos deshabitados.

Toleran altas concentraciones de nutrientes en el suelo, crecen y se reproducen con rapidez. Sus semillas se dispersan con gran facilidad, pueden arraigar en grietas con un volumen ínfimo de sustrato, y son muy resistentes a las condiciones adversas. Pueden permanecer en estado latente en el suelo durante meses o años, hasta que el ambiente sea propicio y entonces germinar.

En relación con las ventajas que proporcionan como objeto de estudio, es posible documentar su historia en una zona geográfica concreta y disponer de pruebas de su evolución reciente bajo influencias humanas que pueden identificarse.

Hierbas invasoras

Algunas malas hierbas son invasoras, pero no son necesariamente sinónimos

¿Mala hierba, o hierba invasora?

La confusión entre una hierba invasora y una mala hierba no es rara. Muchas especies invasoras se comportan como malas hierbas, y muchas de las malas hierbas son, efectivamente, invasoras. Sin embargo, las diferencias entre ambas, aunque pueden parecer sutiles, no es un asunto baladí.

Una especie invasora, por definición, es una especie exótica transportada por la mano humana a un ecosistema nuevo, donde ha sido liberada, ha sobrevivido, ha formado poblaciones reproductivas, y se ha expandido colonizando entornos nuevos, distintos a aquellos donde ha sido introducida.

Las plantas invasoras tienen muchos rasgos propios de las malas hierbas y con mucha frecuencia se comportan como tales. Pero hay otras especies también invasoras que no tienen ese comportamiento arvense de colonizar terrenos de uso humano, sino que prefieren colonizar entornos naturales.

Por otra parte, existen hierbas arvenses que ni son invasoras, ni son exóticas. Especies silvestres nativas que solo intentan recuperar el entorno que les ha sido arrebatado al eliminar un ecosistema natural para convertirlo en un trigal, un área de pasto o un campo de golf.

Hierbas en una grieta

Algunas malas hierbas son capaces de germinar y crecer en las rendijas más estrechas.

Las ‘buenas hierbas’

El mero concepto ‘mala hierba’ implica unas connotaciones negativas que responden tan solo a un aspecto socioeconómico muy restringido. Es cierto que las plantas arvenses generan cierto impacto en la agricultura y resultan desagradables en los parques y jardines, e incómodas en áreas de recreo.

Pero esos aspectos negativos no justifican en absoluto su mal nombre ni su fama. Las plantas arvenses, desde el punto de vista ecológico, tienen una gran importancia. Su presencia y sus dinámicas repercuten positivamente en el funcionamiento de los ecosistemas y de los servicios que proporcionan.

Por un lado, su alta tolerancia a los suelos altamente manejados por el hombre las convierte en una pieza clave para la recuperación del entorno natural en el proceso de sucesión ecológica. Además de actuar como especies primocolonizadoras del entorno perturbado, también lo descontaminan y lo optimizan para la posterior colonización de especies más grandes y duraderas. Más aún, las comunidades arvenses suelen estar formadas por múltiples especies que conviven y compiten entre ellas, enriqueciendo la biodiversidad del entorno.

Su rápido crecimiento y reproducción, sumado a que la mayor parte de estas plantas forman comunidades que se renuevan año a año, las convierte en un buen mecanismo de captación de carbono que se almacena después en el suelo.

Referencias:

Baker, H. G. 1974. The Evolution of Weeds. Annual Review of Ecology and Systematics, 5(1), 1-24. DOI: 10.1146/annurev.es.05.110174.000245

Biondi, E. et al. 2012. Nitrophilous and ruderal species as indicators of climate change. Case study from the Italian Adriatic coast. Plant Biosystems - An International Journal Dealing with all Aspects of Plant Biology, 146(1), 134-142. DOI: 10.1080/11263504.2012.672342

Grime, J. P. 1974. Vegetation classification by reference to strategies. Nature, 250(5461), 26-31. DOI: 10.1038/250026a0

Guo, P. et al. 2018. Response of Ruderal Species Diversity to an Urban Environment: Implications for Conservation and Management. International Journal of Environmental Research and Public Health, 15(12), 2832. DOI: 10.3390/ijerph15122832

Sutherland, S. 2004. What makes a weed a weed: life history traits of native and exotic plants in the USA. Oecologia, 141(1), 24-39. DOI: 10.1007/s00442-004-1628-x

Vary (Álvaro Bayón)

Vary (Álvaro Bayón)

Soy doctor en biología, especializado en especies invasoras. Intento divulgar sobre ciencia y naturaleza mientras lucho férreamente contra las pseudociencias y el pensamiento mágico. Cuando me queda tiempo, cazo pokémon y hago artesanía. Además, soy (un poco) adicto al twitter.

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