La importancia de los ecosistemas subterráneos

Una reciente publicación en la revista Biological Reviews evalúa la eficacia de los métodos de conservación de estos ecosistemas publicados desde 1964.

 

De la gran variedad de ecosistemas distintos en nuestro planeta tierra, hay algunos que llaman mucho más nuestra atención, ya sea por la proximidad, por sus rasgos característicos y llamativos, o por ser el hogar de especies bandera, y velamos por su conservación. Sin embargo, otros ecosistemas, más ocultos, menos perceptibles, e incluso menos estudiados, tendemos a pasarlos por alto, y en ocasiones, a ignorarlos por completo. Es lo que sucede, por ejemplo, con los ecosistemas abisales oceánicos, los que se forman en las gélidas tierras antárticas, o, como es el caso, los ecosistemas subterráneos.

En los grandes planes de conservación siempre se toman en cuenta bosques y humedales, o especies icónicas como el lince ibérico o el urogallo. En el mar, preocupan los arrecifes de coral y animales tan característicos como los cetáceos o las tortugas marinas.

Sin embargo, «en las grandes agendas globales de conservación, los ecosistemas subterráneos y su diversidad han sido tradicionalmente olvidados». Así lo ha manifestado el grupo de investigación del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN - CSIC) en el estudio reciente publicado en la prestigiosa revista científica Biological Reviews.

La estructura de un ecosistema subterráneo

Los ecosistemas subterráneos, como los formados por cuevas, funcionan desde el punto de vista ecológico de manera similar a como funcionan las islas. Si bien, la mayoría tienen al menos una conexión con el medio exterior, estas entradas representan, generalmente, una porción muy pequeña de la extensión total del entorno subterráneo. Esto, sumado al hecho de que las especies de una cueva han evolucionado adaptándose a ese entorno, y no suelen tolerar vivir en el exterior, hace que los animales de un sistema de cuevas no tengan ningún flujo genético con los sistemas de cuevas vecinas. A largo plazo, este fenómeno provoca eventos de especiación que causan, como consecuencia directa, que los seres vivos que habitan en un sistema cavernoso sean endémicos de dicho sistema.

En el medio subterráneo existe una fuerte presión selectiva que obliga a las poblaciones a determinadas adaptaciones, como extremidades largas, ausencia de ojos y de pigmentación, o una quimiocepción muy desarrollada. Estas adaptaciones extremas hacen que los seres vivos troglobios —así se denominan a los que viven en cuevas— sean organismos altamente especializados y prácticamente incapaces de habitar en cualquier otro entorno.

‘Apoduvalius salgadoi’, carábido endémico de la cueva de Refidieyu, Asturias (Carbajal et al. 2001).
‘Apoduvalius salgadoi’, carábido endémico de la cueva de Refidieyu, Asturias (Carbajal et al. 2001).

Aunque los ecosistemas subterráneos son de los entornos menos estudiados del mundo, no obstante, presentan una fracción única de la biodiversidad de la tierra. Esta biodiversidad está expuesta a un número importante y creciente de amenazas antropogénicas.

Impactos en los ecosistemas subterráneos

Muchas actividades y acontecimientos de origen antrópico amenazan la valiosa y prácticamente desconocida biodiversidad troglobia. Destaca la contaminación, tanto orgánica como inorgánica; las aguas superficiales se infiltran por los intersticios de las rocas y frecuentemente terminan en las cuevas, formando lagos, lagunas y ríos subterráneos, que son refugios de la biodiversidad troglobia. Dado el alto nivel de especialización de los animales que allí viven, la contaminación que llega con esas aguas puede causar efectos desastrosos en el ecosistema subterráneo. El cambio de la estructura de los hábitats de superficie —propiciado a veces por el cambio de usos del suelo— también afecta negativamente en este aspecto.

Otros impactos, sin embargo, entran directamente en el ecosistema desde el exterior. El uso de las cuevas para la explotación de sus recursos o como reclamo turístico, supone una alteración drástica y destructiva de los ecosistemas subterráneos, que pueden provocar la extinción de especies que ni siquiera han sido descubiertas aún. Y por supuesto, las especies exóticas invasoras, y los patógenos que pueden portar, representan un elevado riesgo, aunque evitable si se lleva a cabo la adecuada prevención.

La cueva de Valporquero es un ejemplo de ecosistema subterráneo altamente perturbado y convertido en reclamo turístico.
La cueva de Valporquero es un ejemplo de ecosistema subterráneo altamente perturbado y convertido en reclamo turístico.

¿Cómo proteger los ecosistemas subterráneos?

Existe muy poca información científica sobre el tema. En general, hay dos vías para promover la conservación de estos ecosistemas: la conservación directa y la conservación indirecta —y son muy similares a los que se proponen para ecosistemas terrestres y marinos—.

La conservación directa incluye medidas de protección del entorno, la regulación en términos legislativos, y por supuesto, sistemas de restauración —como la erradicación de especies invasoras, la descontaminación de las aguas o la restauración de los hábitats—.

De forma indirecta, los análisis de riesgos y sistemas de priorización basados en métodos científicos permite aplicar las mejores acciones en cada caso de forma pormenorizada; la monitorización continua del estado de los ecosistemas nutren a estos análisis de datos fiables, y esto se suma a la educación, la formación y la conciencia social.

En el estudio citado realizan una revisión sistemática de los estudios centrados en la conservación de los ecosistemas subterráneos desde 1964. Y de todo ello extraen algunas conclusiones. Por un lado, muchas de las medidas que funcionan en la protección de ecosistemas terrestres o marinos pueden aplicarse con éxito a los ecosistemas subterráneos; no es necesario «reinventar la rueda», advierten los autores. Las futuras investigaciones deberían centrarse en identificar soluciones y generar nuevas ideas para subsanar problemas específicos de los ecosistemas subterráneos, sin reiterar sobre conocimientos que ya se tienen.

También destacan una gran desigualdad en la focalización de los estudios. La mayoría se centran en cuevas terrestres, y más específicamente, en las poblaciones de murciélagos e insectos. Apenas hay información sobre la microbiota de espacios intersticiales, o sobre los ecosistemas subterráneos marinos o costeros, que, dicen los autores, se encuentran subprotegidos. Los autores también destacan la ausencia de información sobre los efectos de algunas amenazas globales, como el cambio climático.

Los ecosistemas subterráneos forman parte de la biosfera, como los arrecifes de coral o los humedales; son entornos sometidos a una gran presión por perturbaciones de origen humano y ampliamente olvidados en cuanto a su protección. Eso es algo que debería hacernos reflexionar.

Este artículo es dedicado a José María Salgado Costas, entomólogo,
pionero del estudio de la fauna troglobia de España, y mentor.

Referencias:

Mammola, S. et al. 2022. Towards evidence-based conservation of subterranean ecosystems. Biological Reviews, n/a(n/a). DOI: 10.1111/brv.12851

Vary (Álvaro Bayón)

Vary (Álvaro Bayón)

Soy doctor en biología, especializado en especies invasoras. Intento divulgar sobre ciencia y naturaleza mientras lucho férreamente contra las pseudociencias y el pensamiento mágico. Cuando me queda tiempo, cazo pokémon y hago artesanía. Además, soy (un poco) adicto al twitter.

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