Jesús Calleja y MUY eligen el caballo marismeño más guapo

Viajamos a Huelva para vivir la hermosa tradición de la Saca de las Yeguas, y, junto al aventurero Jesús Calleja, elegimos al mejor caballo de raza marismeña.

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"Una vez estás inmerso en la vorágine de centenares de caballos corriendo por las calles de El Rocío, sintiendo el galopar de los cascos de los animales al ritmo de tu corazón, todo ello se traduce en algo que inevitablemente se tatúa en tu alma para siempre”. De esta manera tan gráfica resumía nuestro fotógrafo, Álex Martín Ros, su experiencia tras asistir a la Saca de las Yeguas, una tradición equina que cada mes de junio se celebra en Almonte (Huelva) con motivo de las festividades de San Juan y San Pedro. La misión de MUY era doble: contemplar in situ este fenómeno cultural y de la naturaleza y, en colaboración con el aventurero leonés Jesús Calleja y su equipo del programa Volando voy, elegir el mejor ejemplar de caballo marismeño.

 

Pero antes de eso, un poco de historia para entender este evento ganadero. La saca fue regulada, allá por 1504, por una ordenanza del duque de Medina Sidonia, pero en realidad se trata de una tradición milenaria, como nos explica el historiador Domingo Muñoz Bort, autor del libro La ganadería caballar en la villa de Almonte y miembro de un equipo de investigación de la Universidad de Huelva: "Es tan antigua como la existencia de esos animales aquí, en las marismas". De hecho, nos explica que, en un texto del siglo X del historiador andalusí Áhmad al-Razi, se narra que las yeguas recién paridas y sus crías se sacaban de las marismas y se llevaban a Medina Azahara (Córdoba), donde el emir y sus militares elegían los mejores potros.

 

Porque el caballo marismeño, si bien se ha empleado tradicionalmente para labores propias del campo, como la trilla, también se ha destinado a uso militar. Sobre todo debido a que al caudillo musulmán Almanzor (939-1002) se le ocurrió cruzar a esta yegua, que era muy resistente, aunque flojita en ataque, con el semental bereber, pequeñito pero muy nervioso. “Lo que obtuvo fue un animal con resistencia para hacer grandes marchas, capaz de ir al combate allá donde fuera la batalla y caracterizado por su brío en la batalla”, subraya Muñoz Bort.

 

Esa misma robustez fue la que percibió unos siglos más tarde Cristóbal Colón, que, consciente de que el caballo era fundamental en la conquista de las nuevas tierras descubiertas, "se llevó a América hembras reproductoras marismeñas", añade Muñoz Bort. Así, los genes de esta raza ibérica de cría en libertad se encuentran también allende los mares. Hoy, pruebas de ADN han constatado que por las venas de los caballos asilvestrados de Canadá, Estados Unidos, Centroamérica y Suramérica, corre sangre marismeña.

 

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Fotos: Álex Martín Ros

Etiquetas: animalescultura

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