Jesús Calleja y MUY eligen el caballo marismeño más guapo

Viajamos a Huelva para vivir la hermosa tradición de la Saca de las Yeguas, y, junto al aventurero Jesús Calleja, elegimos al mejor caballo de raza marismeña.

Jesús Calleja y MUY eligen el caballo marismeño más guapo

Hoy miércoles, a partir de las 22:40 horas, podréis ver en Cuatro una nueva entrega de la segunda temporada de Volando voy, en el que el aventurero leonés Jesús Calleja viajó a Doñana con el objetivo de ayudar a la conservación del caballo marismeño, una especie en peligro de extinción. En esta ocasión, la misión del programa de televisión consistió en elegir al mejor ejemplar de caballo marismeño, una experiencia en la que participó MUY INTERESANTE. A la espera de que esta noche podáis ver el reportaje de Calleja, aquí os dejamos el artículo que publicamos en nuestra revista:

 

"Una vez estás inmerso en la vorágine de centenares de caballos corriendo por las calles de El Rocío, sintiendo el galopar de los cascos de los animales al ritmo de tu corazón, todo ello se traduce en algo que inevitablemente se tatúa en tu alma para siempre”. De esta manera tan gráfica resumía nuestro fotógrafo, Álex Martín Ros, su experiencia tras asistir a la Saca de las Yeguas, una tradición equina que cada mes de junio se celebra en Almonte (Huelva) con motivo de las festividades de San Juan y San Pedro. La misión de MUY era doble: contemplar in situ este fenómeno cultural y de la naturaleza y, en colaboración con el aventurero leonés Jesús Calleja y su equipo del programa Volando voy, elegir el mejor ejemplar de caballo marismeño.

 

Pero antes de eso, un poco de historia para entender este evento ganadero. La saca fue regulada, allá por 1504, por una ordenanza del duque de Medina Sidonia, pero en realidad se trata de una tradición milenaria, como nos explica el historiador Domingo Muñoz Bort, autor del libro La ganadería caballar en la villa de Almonte y miembro de un equipo de investigación de la Universidad de Huelva: "Es tan antigua como la existencia de esos animales aquí, en las marismas". De hecho, nos explica que, en un texto del siglo X del historiador andalusí Áhmad al-Razi, se narra que las yeguas recién paridas y sus crías se sacaban de las marismas y se llevaban a Medina Azahara (Córdoba), donde el emir y sus militares elegían los mejores potros.

 

Porque el caballo marismeño, si bien se ha empleado tradicionalmente para labores propias del campo, como la trilla, también se ha destinado a uso militar. Sobre todo debido a que al caudillo musulmán Almanzor (939-1002) se le ocurrió cruzar a esta yegua, que era muy resistente, aunque flojita en ataque, con el semental bereber, pequeñito pero muy nervioso. “Lo que obtuvo fue un animal con resistencia para hacer grandes marchas, capaz de ir al combate allá donde fuera la batalla y caracterizado por su brío en la batalla”, subraya Muñoz Bort.

 

Esa misma robustez fue la que percibió unos siglos más tarde Cristóbal Colón, que, consciente de que el caballo era fundamental en la conquista de las nuevas tierras descubiertas, "se llevó a América hembras reproductoras marismeñas", añade Muñoz Bort. Así, los genes de esta raza ibérica de cría en libertad se encuentran también allende los mares. Hoy, pruebas de ADN han constatado que por las venas de los caballos asilvestrados de Canadá, Estados Unidos, Centroamérica y Suramérica, corre sangre marismeña.

 

Jesús Calleja y MUY eligen el caballo marismeño más guapo

Una raza de carácter dulce y valiente

Pero ¿cómo es el caballo marismeño? Rafael Ramos, vecino de Almonte y uno de los tres jueces especializados que ayudaron a MUY y al programa Volando voy a elegir el mejor ejemplar marismeño en la última Saca de las Yeguas, nos facilita la descripción morfológica de la raza: es de cabeza algo grande, cuello corto, tronco profundo, vientre voluminoso y extremidades medianas y finas. Este perfil equino se complementa con el que ofrece el libro Alrededor del caballo andaluz (1953), del portugués Ruy de Andrade y que nos traslada Muñoz Bort: “Mucha vida y ardor, carácter dulce y, en los peligros, valiente y sufridor; muy resistente y rústico, necesita de pocos cuidados; fácil de alimentar, solo con pastos, y en el pesebre, únicamente con paja y cebada vive bien”.

 

Así eran los que contemplamos el pasado 26 de junio. La jornada alboreaba en el horizonte cuando se dieron cita en las cercanías de la aldea de El Rocío los yegüerizos que uno o dos días antes, pertrechados y con las alforjas cargadas, se habían adentrado en el parque nacional para recoger las yeguas y los potrillos marismeños que pastan libremente y durante todo el año en este entorno natural. Entre ellos, también hay sementales, “aunque muchos menos”, nos aclara Ramos. Y añade: “Calculamos que cada veinticinco yeguas, hay un semental. Y puede que haya hasta menos”.

 

De hecho, se trata de una raza en peligro de extinción, y por ello la Asociación Nacional de Criadores de Ganado Marismeño, con sede en Almonte, y bajo la tutela del genetista de la raza Juan Vicente Delgado Bermejo, de la Universidad de Córdoba, han ideado un programa de mejora de estos animales basado en su conservación. Sergio Nogales, veterinario e investigador de la Universidad de Córdoba implicado en este proyecto, explica a MUY que "se ha puesto en marcha la creación de un banco de germoplasma –en este caso, semen congelado– de los caballos más representativos de la raza". Aunque, según añade, el programa se ha encontrado con dos dificultades: la extracción de semen con vagina artificial, ya que los caballos son semisalvajes y se debería realizar previamente un mínimo de doma para su manejo, y el coste económico que supone este proceso. En cualquier caso, planean realizar las primeras inclusiones en el banco a finales de este año.

 

Jesús Calleja y MUY eligen el caballo marismeño más guapo

Las huellas de una tradición

Por lo que pudimos comprobar, la tarea de los cientos de yegüerizos en la saca es ardua: este año agruparon en tropas a casi 1.400 ejemplares asilvestrados. El suelo de los caminos vibraba al trote de un galope ancestral que sigue las huellas de una tradición que hoy ha perdido su carácter económico para convertirse en algo eminentemente cultural y que pasa de generación a generación: resulta curioso observar cómo, de igual manera que los potros –los más pequeños, de apenas mes y medio, ya que han nacido en abril o mayo– vigilaban no perder de vista a sus madres, también había jóvenes que debutaban como yegüerizos y seguían con atención las indicaciones de sus mayores.

 

El primer destino de las tropas y sus guías era la aldea de El Rocío, donde, frente a la ermita, el párroco bendijo a los animales. Encomiable el respeto que los allí congregados –según estimaciones del Ayuntamiento de Almonte, cerca de trescientas mil personas– mostraban a los caballos: pese a las ganas de aplaudir, no lo hacían para evitar que los animales se asustaran. A pocos kilómetros de Almonte, los yegüerizos se detuvieron para sestear en las horas en que el calor más apretaba, un descanso destinado a que los animales se refrescaran en los abrevaderos y recuperaran energías. De hecho, las yeguas ya vienen preñadas, puesto que inmediatamente después de parir, buscan a los sementales –son once meses de gestación–.

 

Cumplidas las siete de la tarde, las primeras tropas entraron en la localidad onubense. Impresionante estampa la de los animales recorriendo el núcleo urbano. El tronar de los cascos contra el suelo animaba a guardar de nuevo un respetuoso silencio ante la fuerza de la naturaleza. El final del trayecto se encontraba en los corrales municipales de la Huerta de la Cañada, donde durante los días siguientes los ganaderos iban a proceder a la tuza –el corte de las crines y las colas–, el desparasitado y la limpieza, así como el herraje de los potros para su venta en la feria ganadera. ¿Y qué sucedió con los ejemplares que no se vendieron? Que tan solo unos días después fueron devueltos a las marismas, a la espera de que esta tradición cultural que es la Saca de las Yeguas tenga lugar el próximo año.

 

En cuanto al ejemplar elegido por Volando voy y MUY INTERESANTE, puedes verlo posando en la imagen de arriba. Se llama Junco, y, según explica Rafael Ramos, uno de los tres jueces calificadores, es muy representativo del patrón racial que determina las particularidades del caballo marismeño. Para elegirlo, veterinarios del Aznalcóllar Hospital Equino aportaron una tecnología novedosa para radiografiar a los animales. Por cierto, en este vídeo podéis ver una muestra del buen entendimiento que hubo entre Jesús Calleja y nuestro fotógrafo, Álex Martín Ros:

 

Fotos: Álex Martín Ros

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