¿Existe el negacionismo de las especies invasoras?

Hay quienes critican el antropocentrismo inherente al estudio de las especies invasoras, ya que se excluye a los procesos de colonización natural, pero ¿tiene sentido?

 

Como es bien sabido, las especies invasoras son un problema global de causa exclusivamente antropogénica. Todas y cada una de las especies invasoras que existen en el mundo lo son porque han sido introducidas por la mano humana, de un modo u otro. Sin embargo, si el ser humano es un animal más y forma parte de la naturaleza, ¿no sería lógico pensar que todo transporte mediado por la actividad antrópica sea, también, un transporte natural?

Además, al fin y al cabo, las especies tienen la capacidad de moverse, de desplazarse de unas regiones a otras, y en ocasiones, de colonizar nuevos territorios, sin la necesidad de la influencia humana. Teniendo en cuenta esto, el proceso denominado “invasión biológica” solo sería la consecuencia de una colonización, un suceso natural en el que no tenemos por qué interferir. Esa es la base en la que algunos autores sostienen una postura que, como resultado, niega el suceso de las invasiones biológicas. Y es que los ecólogos que estudian las invasiones biológicas no incluyen en el proceso de naturalización e invasión a las especies que acceden a nuevos ecosistemas mediante procesos naturales de colonización.

¿De dónde son los camellos?

Para los críticos, es una forma muy antropocéntrica de ver el proceso, como si solo los seres humanos fuésemos los causantes, como si solo nosotros pudiéramos llevar una especie a un lugar nuevo donde nunca estuvo, cuando en realidad las especies, de forma natural, se desplazan y colonizan nuevos territorios.

Se han escrito libros y artículos sobre el tema, e incluso se ha llegado a sugerir que “las especies exóticas invasoras serán la salvación del planeta”. Para apoyar su hipótesis toman como ejemplo el de los camellos, y su verdadero origen. Estos animales, que hoy consideramos nativos del norte de África y de algunas regiones de Asia, tienen su origen en el continente americano. En el pasado, poblaciones de camélidos cruzaron el estrecho de Bering y colonizaron, paulatinamente, grandes extensiones de Asia, primero, y de África, después.

Los camellos tienen su origen biogeográfico en el continente americano.
Los camellos tienen su origen biogeográfico en el continente americano.

En realidad, este proceso natural de colonización se da desde que existe la vida. A distintas escalas, lleva miles de millones de años sucediendo. ¿Qué tienen de especial los casos del visón americano, del eucalipto o del arruí, para que los consideremos “invasores”?

La analogía con el cambio climático

Se puede establecer una muy buena analogía entre el proceso de colonización de las especies y los cambios en el clima. El clima, por sus condiciones inherentes, es una entidad cambiante y, de hecho, ha sufrido grandes modificaciones a lo largo de la historia de la tierra; del mismo modo, la distribución de los seres vivos también es cambiante, y se ha modificado a lo largo de la historia de la vida.

¿Por qué entonces hablamos de un cambio climático antropogénico, si el clima ya es una entidad cambiante de por sí? ¿Qué tiene de especial el cambio climático que estamos viviendo actualmente? La respuesta está en la velocidad a la que sucede, y en la magnitud. Ningún cambio climático en la historia de la tierra ha tenido tanta magnitud en tan poco tiempo. Y eso tiene consecuencias directas: sucede de forma tan rápida y tan brusca, que las especies y los ecosistemas no tienen tiempo para adaptarse a los cambios.

Lo que diferencia a la invasión biológica

El transporte de especies por el ser humano tiene, también, una importancia distinta a los eventos de colonización naturales. Volviendo al ejemplo de los camellos, los estudios moleculares y el registro fósil indican que este evento de colonización comenzó hace unos 11 millones de años. Es evidente que estos animales no llegaron desde Norteamérica hasta Marruecos en días u horas —como sucede hoy si son transportados en barco o en avión—, sino en miles, decenas o incluso cientos de miles de años. Tanto tiempo, de hecho, que tuvieron margen suficiente como para que, de un mismo ancestro común, hoy existan siete especies pertenecientes a tres géneros distintos: Vicugna, Lama y Camelus.

Jacintos
La presión de los propágulos puede determinar que se produzca una invasión; en la fotografía, invasión por jacinto de agua

Por un lado, la velocidad a la que nos movemos no ha sido igualada por ningún ser vivo del planeta en toda la historia de la Tierra. Tomando tan solo un tren y un vuelo con dos escalas, se puede llegar de Valladolid, España, a Wellington, Nueva Zelanda en menos de 36 horas —dos ciudades que están casi en antípodas perfectas—. Ese viaje para la mayoría de seres vivos es sencillamente imposible de realizar, pues las barreras biogeográficas se lo impedirían, y los pocos que pueden hacerlo tardarían semanas, o meses.

Otro factor a tener en cuenta es la cantidad de individuos que se transportan, la denominada presión de propágulos. Esto representa la magnitud. Cuanto mayor sea la cantidad, mayores son las posibilidades de que una especie llegue a reproducirse con éxito, se disperse de forma descontrolada y genere impactos sobre el medioambiente.

Cada vez se transportan mayores volúmenes de carga en menos tiempo, y cuando esa carga son seres vivos, se traduce en un aumento del número de invasiones.

Los procesos naturales de colonización son lentos, graduales, paulatinos y dan a los ecosistemas la oportunidad de adaptarse a los nuevos inquilinos, así como a estos a adaptarse a aquellos. Pero cuando el ser humano transporta especies fuera de sus rangos nativos de distribución, lo hace de forma rápida, casi repentina, y muy masiva. Como sucede con el cambio climático antropogénico.

La nueva Pangea en el ‘antropoceno’

Flujo de especies de plantas naturalizadas entre continentes, generando una ‘nueva Pangea’
Flujo de especies de plantas naturalizadas entre continentes, generando una ‘nueva Pangea’; “Ant.” es Antártida; “C” son híbridos exclusivos de cultivo. Cada marca de la circunferencia representa 1000 especies. La parte blanca de la circunferencia interior representa importaciones, y la coloreada, exportaciones (van Kleunen et al., 2015)

Con la rotura de las barreras biogeográficas estamos convirtiendo la biosfera en algo similar a lo que había durante el último gran supercontinente Pangea. El transporte activo de especies de unos lugares a otros actúa como puente entre los continentes. Pero de nuevo hay una diferencia de magnitudes: la formación del supercontinente Pangea fue un proceso que duró decenas de millones de años, con continentes chocando y fusionándose en masas de tierra cada vez más extensas de forma lenta y paulatina, mientras que esta ‘nueva Pangea’ que estamos creando mediante el transporte masivo de especies es mucho más rápida: apenas está sucediendo de forma significativa desde finales del siglo XV, y es realmente preocupante en el último siglo.

De nuevo, tenemos la diferencia entre un cambio lento, gradual y paulatino, y un cambio rápido, brusco y masivo. Y si algo nos enseña el estudio de la vida en la tierra, es que los cambios rápidos, bruscos y masivos raras veces terminan bien.

Referencias:

Blackburn, T. M. et al. 2019. Alien versus native species as drivers of recent extinctions. Frontiers in Ecology and the Environment, 17(4), 203-207. DOI: 10.1002/fee.2020

Lean, C. H. 2021. Invasive species increase biodiversity and, therefore, services: An argument of equivocations. Conservation Science and Practice, 3(12), e553. DOI: 10.1111/csp2.553

Mckinney, M. L. 2005. New Pangea: Homogenizing the Future Biosphere. Proceedings of the California Academy of Sciences, 4th series, 56, Supplement I(11), 119-129.

Russell, J. C. et al. 2017. The Rise of Invasive Species Denialism. Trends in Ecology & Evolution, 32(1), 3-6. DOI: 10.1016/j.tree.2016.10.012

van Kleunen, M. et al. 2015. Global exchange and accumulation of non-native plants. Nature, 525(7567), 100-103. DOI: 10.1038/nature14910

Vary (Álvaro Bayón)

Vary (Álvaro Bayón)

Soy doctor en biología, especializado en especies invasoras. Intento divulgar sobre ciencia y naturaleza mientras lucho férreamente contra las pseudociencias y el pensamiento mágico. Cuando me queda tiempo, cazo pokémon y hago artesanía. Además, soy (un poco) adicto al twitter.

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