Esto no es un bosque, aunque lo parezca

Tener muchos árboles es solo uno de los requisitos de un bosque, pero no todo lo que parece un bosque realmente lo es.

Hoy, 21 de marzo, es el día internacional de los bosques. Existen una gran cantidad de definiciones de “ bosque”, la mayoría se podrían dividir en tres tipos: las que definen una unidad administrativa, las que definen un tipo de uso de suelo, y las que se definen por la cobertura. Sin embargo, desde una perspectiva científica, las definiciones más objetivas y que se ajustan mejor a lo que entendemos por “ bosque” son las que se enuncian desde la perspectiva de la ecología. Es decir, un bosque es, al fin y al cabo, un ecosistema.

Como ecosistema, un bosque es una compleja comunidad de seres vivos que viven en un espacio y se relacionan con los factores físicos y químicos del mismo. El ecosistema del bosque se extiende verticalmente desde el subsuelo, donde las raíces sujetan la tierra e interactúan con el agua y las sales minerales, hasta la atmósfera, más allá de la cobertura de las copas de los árboles, donde vuelan las aves, flota el polen y se disipa el vapor de agua evapotranspirada por las plantas.

Un bosque es, además, un refugio de biodiversidad. Aparte de las especies de árboles —una sola o varias—, el bosque presenta una compleja comunidad vegetal, compuesta por numerosas especies de arbustos y herbáceas, y una no menos rica comunidad animal y de microorganismos que lo habitan. Incluso su suelo presenta características propias.

Los bosques se pueden clasificar de distintas maneras. Por ejemplo, si atendemos al clima, existen bosques tropicales, subtropicales, templados, mediterráneos y boreales. Si atendemos al tipo de árbol que domina, se suelen diferenciar los bosques de frondosas —que pueden ser perennifolias o caducifolias— o de coníferas. Sin embargo, de entre las clasificaciones más relevantes se encuentra la historia natural.

El origen del bosque

Un bosque primario tiene una historia propia en la que no ha intervenido la mano humana o lo ha hecho de forma mínima. La sucesión ecológica es la evolución natural de un ecosistema, como producto de su propia dinámica interna. Partiendo de un suelo desnudo, comienza con la colonización de los primeros microorganismos y plantas pioneras, y con el paso del tiempo, el ecosistema se va haciendo más y más complejo. El bosque primario es, en este proceso evolutivo, la comunidad clímax, la etapa final de esa sucesión natural.

Un robledal maduro
Un robledal maduro

Este tipo de bosques tiene, por tanto, una historia natural única, que explica la enorme complejidad que podemos encontrar en sus relaciones intrínsecas. Un bosque tiene la capacidad de autopreservarse ante las perturbaciones normales del área que ocupa, aunque una perturbación muy fuerte o una que venga de fuera y a la cual el bosque no esté adaptado puede generar un problema.

El bosque secundario suele definirse como el que ha tenido, de un modo u otro, interacción con la mano humana. Lamentablemente esa definición, a día de hoy, resulta muy vaga: prácticamente todos los bosques del mundo han sufrido la interacción antropogénica de un modo u otro.

Generalmente se considera que un bosque secundario es aquel que se ha recuperado —por sí solo, o con ayuda humana, replantando las mismas especies— tras una tala masiva. Algunos autores extienden la denominación de bosque secundario a aquellos que proceden de la regeneración natural de un bosque primario previamente destruido por causas naturales, como el paso de un huracán o una riada. Incluso hay autores que consideran bosque secundario a aquel que ha sufrido, por ejemplo, un impacto grave sobre la fauna como la desaparición de los depredadores, algo que altera la sucesión ecológica.

Un bosque secundario puede, por supuesto, llegar a transformarse en primario, si el proceso de sucesión ecológica sigue su curso normal y alcanza, de nuevo, la comunidad clímax. Se considera recuperado si consigue alcanzar el nivel de automantenimiento y adaptación a las perturbaciones normales que les caracteriza y pierde toda cicatriz de las perturbaciones —antrópicas o naturales— que lo atenazaron en el pasado.

Lo que no es un bosque

En todos los tipos de comunidad recopilados hasta ahora se destacan ciertos rasgos; una historia natural que una comunidad de plantas, animales y microorganismos mantienen en común, a lo largo de lo que hemos denominado sucesión ecológica. Pero ¿y si en un terreno completamente deforestado, donde ya no existen las plantas, han desaparecido los microorganismos y los animales han muerto o se han ido, plantamos una gran cantidad de árboles, perfectamente ordenados, todos de la misma especie?

Esto es una plantación forestal, no un bosque.
Esto es una plantación forestal, no un bosque.

Eso no es un bosque. Eso es una plantación forestal. Y desde el punto de vista ecológico tiene enormes diferencias. Los bosques tienen una dinámica interna entre las plantas, los animales y los microorganismos, que no encontramos en las plantaciones. Es cierto que, con frecuencia, algunas herbáceas, hongos, microorganismos e incluso un puñado de especies animales se instalan en una plantación. Sin embargo, esa flora, fauna y microbiota no son propias de ese ecosistema. No son parte de la sucesión natural; no ha habido sucesión natural. Y la biodiversidad que se encuentra en las plantaciones está a unos niveles bajísimos cuando es comparada con la biodiversidad de los bosques primarios.

Las relaciones ecológicas que se dan en una plantación son simples, y permanecen de forma constante interrumpidas por la mano humana, que extrae y replanta sin detenerse, sin permitir al ecosistema avanzar en su sucesión ecológica. Una plantación forestal no tiene ni la historia natural ni la identidad propia que tiene el bosque.

Por supuesto, la madera con la que construimos nuestros muebles y el papel sobre el que imprimimos nuestros libros, las naranjas y las manzanas que comemos, tienen que salir de algún sitio. Y para plantar esos árboles hubo que arrebatarle terrenos al medio natural, en muchos casos bosques. Nuestro nivel de vida exige que hoy los bosques tengan que convivir con plantaciones forestales. Regular el área que se emplee y cómo se maneja el paisaje está en las manos del ser humano. Pero al hacerlo, no debemos olvidar que los bosques son refugio de biodiversidad a unos niveles que las plantaciones forestales no pueden alcanzar. Y los seguimos necesitando.

 

REFERENCIAS:

 

Barlow, J. et al. 2007. Quantifying the biodiversity value of tropical primary,
secondary, and plantation forests. Proceedings of the National Academy of Sciences, 104(47), 18555-18560. DOI: 10.1073/pnas.0703333104

Corlett, R. T. 1994. What is secondary forest? Journal of Tropical Ecology, 10(3), 445-447. DOI: 10.1017/S0266467400008129

Lund, G. 2002. When Is a Forest Not a Forest? Journal of Forestry, 100, 21-28.

Waring, R. H. et al. 2007. Forest Ecosystem Analysis at Multiple Time and Space Scales. En Forest Ecosystems (pp. 1-16). Elsevier. DOI: 10.1016/B978-012370605-8.50005-0
Vary (Álvaro Bayón)

Vary (Álvaro Bayón)

Soy doctor en biología, especializado en especies invasoras. Intento divulgar sobre ciencia y naturaleza mientras lucho férreamente contra las pseudociencias y el pensamiento mágico. Cuando me queda tiempo, cazo pokémon y hago artesanía. Además, soy (un poco) adicto al twitter.

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