Este pez se comunica a través de la orina

Cuando el 'Neolamprologus pulcher' no es capaz de comunicarse a nivel químico con sus rivales, se vuelve más agresivo.

Una especie de pez cíclido se comunica a través de la orina

En sus encuentros agresivos, los animales se comunican entre sí a través de señales que pueden ser visuales y acústicas (por ejemplo, un gorila intentaría intimidar y mostrar su dominio ante los demás a través de golpes en el pecho y gruñidos), pero también con señales químicas.

Y es ese tipo de señales el que ha estudiado un equipo de investigadores del Instituto de Ecología y Evolución, de la Universidad de Berna (Suiza), en los Neolamprologus pulcher, una especie de peces de la familia de los cíclidos endémica del lago Tanganika (África Oriental). Sus conclusiones han visto la luz recientemente en la publicación Behavioral Ecology and Sociobiology.

Tras observar a estos peces, se preguntaban si estos cíclidos orinaban simplemente porque tenían que hacerlo o si en realidad esta era una forma de comunicar su agresividad a los rivales. Para medir su nivel de interacción a nivel químico, los investigadores inyectaron en los peces un tinte especial gracias al cual se podía rastrear su orina en un llamativo color azul y llevaron a cabo dos acciones con ellos en un doble tanque especial, dividido por una placa transparente: en la primera, esa placa contenía agujeros que ponían en comunicación las aguas de ambos tanques; en la segunda, el cristal era sólido, no presentaba ningún orificio.

 

En cuanto los animales podían verse a través del cristal, nadaban hasta la pantalla que los dividía y orinaban. Este comportamiento lo desarrollaban en las interacciones agresivas. Curiosamente, cuando la placa que los separaba no tenía agujeros, al no poder detectar la orina del rival, miccionaban aún más, en un intento de transmitir su mensaje. De esta manera, los peces que solo mantenían contacto visual entre sí aumentaron significativamente su frecuencia de micción y tuvieron un comportamiento más agresivo que aquellos que mantenían un contacto no solo visual, sino también químico.

 

Según los investigadores, estos resultados ponen de relieve la necesidad de estudiar el papel de la comunicación química en los encuentros agresivos entre los animales, incluso cuando se producen otras señales que pueden resultar más obvias para el observador humano, como son las visuales y las acústicas.

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