Este árbol puede matarte

El manzanillo, 'Hippomane mancinella', que crece en América Central y las islas del Caribe, resulta tan tóxico que incluso tocarlo puede resultar letal.

Un arma química para los indios

En la obra Sumario de la natural historia de las Indias (1526), el cronista madrileño Gonzalo Fernández de Oviedo habla de los efectos que provocaban en los descubridores las flechas que los pueblos indígenas impregnaban con una yerba fabricada a base de la resina de esta planta y otras ponzoñas: "Las manzanillas de que los indios caribes flecheros hacen la yerba que tiran con sus flechas nacen de unos árboles copados de muchas ramas y hojas, espesos y muy verdes y cargan mucho de esta mala fruta […] y nacen, como he dicho, estos manzanos cerca del agua de la mar […] ningún remedio hay tal para el herido de esta yerba […] y de cincuenta que hieran, no escapan tres".

El Hippomane mancinella pertenece a la larga y diversa familia de las euforbiáceas, en la que también se incluye la decorativa –y ligeramente venenosa– flor de Pascua o poinsettia. El manzanillo es un árbol de buen porte que puede alcanzar hasta los veinte metros de altura si su fuste crece de forma recta. Es nativo de zonas de la Norteamérica meridional, Centroamérica, el Caribe y partes septentrionales de Sudamérica. Puede vivir en ambientes con muy alta salinidad y, por esta razón, normalmente se encuentra en entornos costeros. Debido a su distribución litoral, no es raro que se desplome durante la fase de crecimiento porque la arena de la playa no puede sostener su peso. En esos casos, adquiere una forma casi rastrera y bastante tortuosa. Las hojas son simples, alternas y con los bordes finamente serrados.

A este respecto, Fernández de Oviedo relataba con asombro su ponzoña: "Solamente echarse un hombre poco espacio de hora a dormir a la sombra de un manzano de estos, cuando se levanta tiene la cabeza y los ojos tan hinchados que se le juntan las cejas con las mejillas, y si por acaso cae una gota o más del rocío de estos árboles en los ojos, los quiebra, o al menos los ciega".

Ciertamente, el contacto del látex con los ojos puede generar queratoconjuntivitis, una inflamación de la córnea y la conjuntiva del ojo. En un estudio publicado por el British Journal of Ophthalmology, en 1993, John F. Pitts y sus colaboradores del Tennent Institute of Ophthalmology, en Glasgow, indicaban que, de veinte personas con daños oculares por causa del manzanillo, catorce tenían afectados ambos ojos. La córnea había sido dañada en dieciséis de los casos, y su extensión variaba de grandes daños en el epitelio corneal –una de las seis capas microscópicas que integran la córnea– hasta una queratitis –inflamación– puntual superficial.

Debido a su probada mala reputación, el manzanillo fue objeto de campañas de exterminio muy poco meditadas. En casi todos los lugares en donde crece ha sido en mayor o menor medida destruido por el fuego. Las Antillas francesas se llevaron la peor parte. Así, las Memorias de la Sociedad Patriótica de La Habana registran que en la isla de Martinica fueron pasto de las llamas bosques enteros del árbol proscrito. Y un decreto real francés del año 1733 ordenó su exterminación en la isla de San Bartolomé. Incluso en el estado norteamericano de Florida ha sido tan diezmado que ahora se encuentra en peligro de extinción.

También cumple una función positiva

No obstante, el manzanillo lleva a cabo una labor fundamental en la protección medioambiental: su extenso sistema de raíces asienta el frágil estrato costero y evita la erosión del litoral; asimismo, es un excelente cortavientos. Además, aunque ingerir los frutos puede resultar letal para muchos animales, algunas especies, como la iguana rayada, son inmunes a su veneno. Por su parte, el forbol que contiene el látex tóxico de este árbol también puede ser beneficioso: científicos del Scripps Research Institute han logrado sintetizarlo para fabricarlo en cantidades útiles para la investigación y el desarrollo de fármacos. Por estas razones, se han vuelto a replantar manzanillos en zonas donde habían sido eliminados. Eso sí, para evitar que las personas se acerquen demasiado a las áreas de asentamiento de estos árboles, en muchos lugares se les pinta la corteza con una cruz o un círculo rojos. También se colocan carteles que avisan de su peligrosidad. 

Etiquetas: curiosidadesveneno

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