Esta fue la primera persona que encontró vida subterránea

Las entrañas de nuestro planeta esconden tantos misterios como el espacio exterior y, hasta hace muy poco, ni siquiera se había confirmado la existencia de vida bajo nuestros pies.

Cueva
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Apenas hemos logrado horadar la superficie hasta unos 12 kilómetros de profundidad (hasta el centro de la Tierra hay 3 000 kilómetros): un agujero artificial creado en Rusia, en la Península de Kola, en 1962, cuyo objetivo era alcanzar una capa muy profunda de la Tierra. Gracias a ello también descubrimos que el agua permanece en estado líquido a semejante profundidad, o que la temperatura se incrementa con la profundidad en una proporción mayor de lo que se creía.

Lo que hay bajo la superficie de nuestro planeta, pues, continúa siendo un misterio, como lo es su extraordinario ecosistema, tan biodiverso como el de la Amazonía. Por ejemplo, casi el 70% de todos los microbios de la Tierra está bajo nuestros pies. Y los organismos bajo tierra representan entre 15 000 y 23 000 millones de toneladas de carbono, cientos de veces más que el contenido en todos los seres humanos. No en vano, la biosfera subterránea tiene entre 2 000 y 2 300 millones de km cúbicos, casi el doble que el volumen de todos los océanos.

A pesar de todo, hasta hace pocos siglos ni siquiera había pruebas de la existencia de vida bajo tierra.

Johann Weikhard von Valvasor

El primer descubrimiento confirmado de vida subterránea no se realizó hasta el año 1689, gracias a las exploraciones de Karst, una región plagada de cuevas en Eslovenia que fueron llevadas a cabo por el barón Johann Weikhard von Valvasor, un noble de Trieste. En la historiografía que Valvasor publicó se describía una criatura semejante a una serpiente que tenía unos treinta centímetros de longitud y que abandonaba las cuevas cuando caía una fuerte tormenta.

Valvasor bautizó a la criatura como proteo (Proteus anguinus), y era una salamandra que vivía bajo tierra, si bien los lugareños que se habían topado con ella la describían como un vástago de algún dragón. Tal y como explica Will Hunt en su libro Subterráneo: "En El origen de las especies, Charles Darwin citaba al proteo como un ejemplo de su teoría de la evolución adaptativa: en su día formaba parte de una población que habitaba la superficie, pero empezó a pasar más tiempo en entornos subterráneos, tal vez buscando refugio de los depredadores y, paulatinamente, en el transcurso de millones de años, fueron transmitidos los rasgos físicos beneficiosos para la vida bajo tierra".

Proteo
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Debido al nuevo ecosistema en el que prosperó el proteo, perdió su pigmento, tornándose de piel blanca, pues ya no necesitaba protección para los rayos ultravioletas. También sus ojos dejaron de ver porque no necesitaba visión en semejante oscuridad. Asimismo, era capaz de pasarse un año entero sin alimentarse.

Hunt explica que, poco después, los investigadores llegaron a identificar más ejemplos de criaturas que poblaban las cuevas, que fueron divididas en:

  • Animales de las sombras: habitaban la entrada de las cuevas.
  • Animales del crepúsculo: vivían al alcance de la luz difusa.
  • Animales de la zona oscura o trogolobios: no podían habitar la superficie, como el proteo.

"Las expediciones a las cuevas revelaron un onírico bestiario de trogolobios: siluros albinos, arañas perladas, escarabajos ciegos, cangrejos transparentes e insectos sin ojos".

Poco a poco, investigaciones posteriores fueron revelando la enorme complejidad del ecosistema subterráneo, descubriéndonos criaturas capaces de sobrevivir en ambientes similares a los de un planeta extraterrestre, sin oxígeno, sin luz, bajo un calor extremo y otras tantas características que, hasta hace bien poco, se creían incompatibles con la vida.

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