Enfermedad de Lyme y otras enfermedades transmitidas por garrapatas

La mejor forma de luchar contra estas enfermedades es la prevención, si una garrapata se adhiere a la piel, la extracción debe realizarse con extremo cuidado y por alguien con experiencia.

 

Muchas de las enfermedades infecciosas que sufrimos los seres humanos tienen origen animal; es lo que llamamos zoonosis. De hecho, algunas de las grandes pandemias que en el pasado remoto o reciente se han expandido por prácticamente todos los países son de origen zoonótico.

El VIH tiene su origen en el virus de inmunodeficiencia de simios. La pandemia de gripe A (N1H1) saltó al ser humano desde aves. Las dos epidemias de coronavirus anteriores a 2020, el primer SARS y el MERS, llegaron al ser humano respectivamente desde, probablemente, murciélagos, y desde camélidos. Y aunque aún no estamos seguros de cuál fue el vector original que dio lugar al SARS-CoV-2, sabemos que también tiene origen animal.

Pero entre las zoonosis no todas son pandemias que, una vez presentes se expandan masivamente. Algunas zoonosis requieren de vectores que transporten la enfermedad. Tal fue el caso de la peste negra, transmitida por pulgas que a su vez se asociaban con las ratas. Aunque una vez enferma, la persona podía contagiar a otras a través de gotículas o por contacto directo con tejidos infectados.

Otros ejemplos de enfermedades transmitidas por insectos son la enfermedad del sueño, transmitida por la mosca tse-tse, o la malaria, producida por un microorganismo parásito sanguíneo llamado Plasmodium falciparum, transmitido de individuo a individuo por la picadura de un mosquito.

Las enfermedades transmitidas por garrapatas

Ni todas las garrapatas transmiten enfermedades, ni todas las enfermedades son transmitidas por cualquier garrapata. Generalmente, cada enfermedad está asociada a una especie o grupo de especies de garrapatas.

Ixodes ricinus
Ixodes ricinus

De todas las enfermedades transmitidas por garrapatas, la más común es la enfermedad de Lyme. En España es transmitida por la garrapata común (Ixodes ricinus), una de las más abundantes en el medio natural, sobre todo cuando hace calor. Mide entre 2 y 4 milímetros cuando no está hinchada, y hasta un centímetro después de alimentarse. El marcador más llamativo de la enfermedad de Lyme es un eritema muy enrojecido en la zona de la picadura, que suele aparecer en pocos días, y nunca después de un mes. Se expande gradualmente y va aclarándose por el centro, adquiriendo la forma de un anillo. Si no se trata, las consecuencias de la enfermedad de Lyme pueden ser fatales, desembocando en secuelas tan graves como la esclerosis múltiple o la demencia.

La fiebre botonosa mediterránea suele ser transmitida por garrapatas del género Rhipicephalus (como la garrapata marrón del perro, R. saguineus), aunque especies del género Hyalomma y la ya mencionada I.ricinus son potenciales portadores, también. Tiene un período de incubación de entre 4 y 21 días, y comienza con fiebre, malestar y fotofobia. Es muy común que aparezca una escara o una mancha negruzca en la zona de la picadura, incluso antes de que aparezca la fiebre. De nuevo, la atención rápida es esencial, pues la enfermedad puede evolucionar a formas graves y desembocar en hepatitis, meningoencefalitis o insuficiencia renal.

La enfermedad de Debonel/Tibola es una enfermedad descubierta muy recientemente, pero resulta ser una de las más comunes. La transmiten especies del género Dermacentor, generalmente D. marginatus, llamadas garrapatas duras, y a diferencia de los casos anteriores, esta enfermedad es más común en los meses de invierno y primavera. Estas garrapatas solo pican en la mitad superior del cuerpo, y la mayor parte de las veces en la cabeza. La infección comienza con un ennegrecimiento de la zona de la picadura, que termina formando una escara, similar a la fiebre botonosa, pero generalmente más grande. En torno a ella se forma un eritema que recuerda al de la enfermedad de Lyme, por su forma anular creciente. La fiebre es poco habitual.

Otras enfermedades que tienen garrapatas como vector, pero menos comunes en España son la anaplasmosis —también transmitida por I. ricinus—, que en su comienzo causa fiebre y síntomas gripales, la tularemia , transmitida por Dermacentor marginatus —en invierno—, y la rara pero extremadamente peligrosa fiebre de Crimea - Congo, transmitida por Hyalomma marginatum, aunque se puede contagiar de persona a persona.

Dermacentor marginatus
Dermacentor marginatus

Evitando a las garrapatas

Como se ha visto, en las enfermedades transmitidas por garrapatas existe una gran especificidad, y muchas veces las garrapatas no portan patógeno alguno. Sin embargo, ante la duda, siempre ha de aplicarse la máxima de “más vale prevenir que curar”. Lo mejor que podemos hacer contra estas enfermedades es, como suele ser habitual, tomar medidas preventivas. Si la garrapata no llega a anclarse a tu piel, los patógenos no entran en tu cuerpo. Por eso hay que tomar ciertas precauciones en las salidas al campo, especialmente en zonas con arbustos muy frondosos o helechos, donde las garrapatas pueden estar aguardando pacientemente a su presa.

Un buen calzado, calcetín alto y pantalón largo son medidas preventivas básicas y sorprendentemente eficaces. Si vas a una zona donde la vegetación es muy alta, se recomienda combinarlo con prendas de manga larga, para evitar que se anclen en los brazos. Cualquier zona de piel expuesta es una invitación a la garrapata para hacerte una desagradable compañía, y llevarla bien cubierta es un potente disuasorio.

Por supuesto, nuestras mascotas también son posibles portadores de garrapatas —de hecho, también pueden sufrir la enfermedad de Lyme—. Si vamos al campo con ellas y entran en zonas de alta vegetación, deberemos revisar bien el cuerpo de nuestro amigo peludo, no haya vuelto de la excursión con polizones indeseados. Existen para los perros ciertos productos, como collares o pipetas, que repelen las garrapatas; si son de buena calidad, dan muy buenos resultados, por lo que si prevés un viaje arriesgado, más vale prevenir.

A la vuelta del campo, es recomendable darse una buena ducha y revisar todo el cuerpo en busca de esas pequeñas parásitas, que buscan lugares oscuros, cálidos y húmedos, como las axilas o las ingles, y algunas especies se esconden en zonas con pelo o vello abundante. Si la garrapata cae con el agua de la ducha sin problemas es que no se había llegado a anclar a tu piel. Pero, si ya está clavada, no debes extraerla a las bravas.

Tengo una garrapata, ¿qué hago ahora?

Ante todo, mantener la calma y no hacer locuras. Sacar una garrapata de la piel de forma segura no es tarea fácil. A diferencia de mosquitos y pulgas, que clavan un estilete hueco —similar a una aguja hipodérmica en miniatura— y succionan la sangre con rapidez, las garrapatas clavan todo el rostro, que presenta unas expansiones laterales en forma de arpón, dirigidas hacia atrás. Eso las permite entrar muy bien, pero dificulta su extracción.

Intentar extraerlas tirando de ellas o retorciéndolas para “desenroscarlas” puede hacer que se les rompa la cabeza y quede dentro de la piel, siendo así fuente de infecciones. Además, apretar su cuerpo puede provocar que vacíe su contenido y, si fuera portadora de alguna enfermedad que aún no hubiese transmitido, transmitirla. Estas normas sirven para humanos, y también para las mascotas.

Tampoco son recomendables los remedios caseros. Ni aplicar vaselina, ni aceite, ni tratar de ahogarla en agua, ni mucho menos aproximar un mechero o una cerilla encendida; en general resultan completamente ineficaces y, en ocasiones, entrañan más riesgos que los supuestos beneficios que se esperan.

El proceso de extracción de una garrapata es una labor de primeros auxilios que debe realizarse por alguien con experiencia. Si no la tienes, lo mejor es acudir a un centro de salud, o a un veterinario, si el afectado es tu compañero animal.

Normalmente se emplean unas pinzas, con las que se agarra a la garrapata de la cabeza o de la boca, que es la parte más esclerotizada y dura, por donde no se rompa. Se tira de la garrapata hacia afuera, en un movimiento lento y constante. Hay que evitar dar tirones fuertes, y con cuidado de no aplastar al animal. Ante todo, que la cabeza no se quede clavada.

La extracción siempre debe hacerla un profesional
La extracción siempre debe hacerla un profesional

Una vez desincrustada la garrapata, conviene lavar la zona con abundante agua con jabón. También hay que lavar el instrumental, y si ha caído alguna gota de sangre en la piel desnuda, lavarlo también. Si durante la extracción, la garrapata se rompe y queda algún resto incrustado en la piel, la atención sanitaria debe ser inmediata.

Una vez extraída, la garrapata no se desecha; se guarda durante 32 días, mientras se vigila al paciente para detectar síntomas compatibles con alguna patología. Ese es el máximo tiempo de incubación de la enfermedad de Lyme, el resto actúan antes. Si se observa algún síntoma compatible con alguna de las enfermedades, se debe acudir al médico, y si es posible, llevarle la garrapata en un frasco. Recordemos que hay especies que solo transmiten determinadas enfermedades; si se trata de Ixodes ricinus, sabemos que puede ser enfermedad de Lyme, pero nunca una tularemia; si por el contrario, estamos ante un ejemplar de Dermacentor marginatus, la tularemia es posible, pero la enfermedad de Lyme queda descartada. Es decir, que identificar la especie puede servir para reducir las enfermedades posibles y mejorar el diagnóstico.

REFERENCIAS:

Oteo Revuelta, J. A. et al. 2016. Espectro de las enfermedades transmitidas por garrapatas. Pediatría Atención Primaria, 18, 47-51.

SEMTSI et al. 2017. Guía de actuación ante picadura de garrapata (p. 5). Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.

Vary (Álvaro Bayón)

Vary (Álvaro Bayón)

Soy doctor en biología, especializado en especies invasoras. Intento divulgar sobre ciencia y naturaleza mientras lucho férreamente contra las pseudociencias y el pensamiento mágico. Cuando me queda tiempo, cazo pokémon y hago artesanía. Además, soy (un poco) adicto al twitter.

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