En el mundo hay un millón de especies en peligro de extinción

El más completo informe sobre el estado de la biodiversidad es demoledor: las tasas de extinción se aceleran a un ritmo sin precedentes como consecuencia de las actividades humanas.

No es alarmismo, son datos reales y contrastados. Hablamos del avance del informe de la Plataforma Intergubernamental sobre la Biodiversidad y los Servicios Ecosistémicos (IPBES), un organismo intergubernamental e independiente al que muchos se refieren como ‘el IPCC de la biodiversidad’, que desde el año 2012 proporciona evaluaciones científicas objetivas sobre el estado de la biodiversidad del planeta, los servicios de los ecosistemas y las herramientas para proteger los recursos naturales.

Aunque el informe completo será publicado más adelante, el IPBES acaba de hacer público el resumen con los resultados preliminares, que son demoledores: en torno a un millón de especies del planeta se encuentra en peligro de extinción y este declive, además, producirá graves impactos en la economía y en los modos de vivir de las personas en todo el mundo.

“Las evidencias son abrumadoras”, ha explicado Robert Watson, presidente del IPBES. “La salud de los ecosistemas de los que dependemos tanto nosotros como el resto de especies se está deteriorando más rápidamente que nunca. Estamos erosionando los cimientos de nuestra propia supervivencia, comprometiendo la economía, la seguridad alimentaria, la salud y la calidad de vida”.

El informe del IPBES revela que la abundancia media de especies nativas en los principales hábitats terrestres ha disminuido al menos un 20%, mayoritariamente desde el año 1900. Más del 40% de las especies de anfibios están amenazadas, casi el 33% de los arrecifes de coral y más de un tercio de los mamíferos marinos. En cuanto al declive de las especies de insectos, aunque el ritmo es más desconocido, el informe alerta de que al menos el 10% estaría amenazado. Hace unos meses, además, se publicaba un trabajo en la revista Biological Conservation que advertía que, al ritmo actual, los insectos podrían desaparecer dentro de un siglo, con el correspondiente colapso que eso supondría para los ecosistemas.  

Desde el siglo XVI se han extinguido al menos 680 especies de vertebrados y en el año 2016 se dieron por desaparecidas más del 9% de las razas de mamíferos domesticados y que se usaban de manera tradicional en la agricultura y la ganadería.

“Los ecosistemas, las especies, las poblaciones silvestres, las variedades locales y las razas de plantas y animales domesticados se están reduciendo, deteriorando o desapareciendo”, ha explicado Josef Settele, otro de los participantes en el trabajo. "La red esencial e interconectada de la vida en la Tierra se está haciendo cada vez más pequeña. Esta pérdida es un resultado directo de la actividad humana y constituye una amenaza directa para el bienestar en todas las regiones del mundo", advierte.

Las causas, con nombres y apellidos

A lo largo de la historia de la Tierra siempre ha habido grandes extinciones masivas por causas naturales. Las especies van y vienen, unas desaparecen, otras surgen y evolucionan. Pero la actividad humana está acelerando las tasas de extinción a un ritmo sin precedentes. El trabajo del IPBES ha elaborado un ranking, basado en un análisis exhaustivo de la evidencia científica disponible, de los cinco impulsores directos de este impacto. Estos son, en orden decreciente:

Desde el año 1980 las emisiones de gases de efecto invernadero se han duplicado y la temperatura media ha aumentado al menos 0,7 grados. El cambio climático ya afecta a la naturaleza a diferentes niveles y se espera que sus impactos aumenten en las próximas décadas, superando incluso los daños provocados por el cambio en los usos del suelo.

El informe arroja otros datos relevantes: las áreas urbanas se han duplicado desde 1992 y desde 1980, la contaminación por plásticos se ha multiplicado por diez, y una media de 300-400 millones de toneladas de metales pesados, disolventes, lodos tóxicos y otros desechos de descargan anualmente en aguas del mundo.

Los fertilizantes procedentes de la agricultura que llegan a los ecosistemas costeros ya han producido 400 ‘zonas muertas’, que ocupan un área mayor que la superficie del Reino Unido. La degradación de la tierra ha reducido la productividad global el 23%, millones de cultivos están en riesgo por la pérdida de polinizadores y más de un tercio de la superficie terrestre del mundo, y el 75% de los recursos de agua dulce se dedican ahora a la producción agrícola y ganadera.

 

El papel de las comunidades locales

Por primera vez, el informe ha tenido en cuenta los impactos producidos por las áreas administradas por pueblos indígenas y comunidades locales, y estima que, aunque también negativas, todas estas tendencias han sido menos severas en estas zonas.

También advierte que muchas de las regiones del mundo que sufrirán los mayores impactos negativos a consecuencia de la pérdida de biodiversidad son áreas en las que residen pueblos indígenas y algunas de las comunidades más pobres del mundo.

Los expertos sugieren que las políticas tengan una consideración más explícita de las perspectivas y derechos de las comunidades locales. “El reconocimiento de los conocimientos y valores de los pueblos indígenas y las comunidades locales y su inclusión y participación en la gobernanza ambiental a menudo mejora su calidad de vida, así como la conservación de la naturaleza, la restauración y el uso sostenible”, matiza el informe. “Sus contribuciones positivas a la sostenibilidad pueden facilitarse mediante el reconocimiento nacional de la tenencia de la tierra”.

Impacto sobre la vida humana

El hecho de que nuestras actividades sean las principales responsables  de que un millón de especies estén en peligro de extinción ya debería ser una llamada que agitase conciencias. Pero, aunque solo sea por egoísmo, los resultados del informe deberían preocupar a todo el mundo, pues las consecuencias de la pérdida de biodiversidad sobre nuestro bienestar son nefastas.

El IPBES hace mucho hincapié en los servicios ecosistémicos, un concepto que se acuñó para visibilizar todos esos beneficios, a veces poco tangibles y sin valor económico, que nos proporcionan los ecosistemas y que derivan de su propio funcionamiento. La lista es inabarcable, ya que los ecosistemas nos surten de agua y aire limpios, regulan de la acidificación de los océanos, hacen posible la polinización y dispersión de semillas en los cultivos, nos defienden frente a desastres naturales, nos dan energía, lugares de esparcimiento y recreo, recursos y materias primas, recursos genéticos, regulan el clima…

“La naturaleza ofrece contribuciones vitales alas personas, pero las funciones y servicios de los ecosistemas se están deteriorando a nivel mundial”, advierte el informe.

 

Nunca es tarde si hay voluntad

Ante este panorama, los expertos también confían en que aún estamos a tiempo de revertir la tendencia, algo que ya exigen miles de ciudadanos en todo el mundo y que se está poniendo de manifiesto con movimientos civiles como Extintion Rebellion, que ha empujado al Parlamento británico a proclamar el estado de ‘emergencia climática’, o las acciones de Fridays for Future impulsadas por la joven activista Greta Thunberg.

"El informe también nos dice que no es demasiado tarde para actuar, pero solo si empezamos a hacerlo ya y a todos los niveles, desde lo local hasta lo global", ha advertido Watson. “La naturaleza todavía puede conservarse, restaurarse y usarse de manera sostenible, y esto también es clave para cumplir la mayoría de los otros objetivos globales de desarrollo. Pero se necesita un cambio transformador,  y con esto nos referimos a una reorganización total de todo el sistema tecnológico, económico y social”.

Los expertos también aportan sus propuestas de acciones para lograr la sostenibilidad en sectores críticos como la agricultura, la silvicultura, los sistemas marinos y de agua dulce, las áreas urbanas, la energía e incluso las finanzas. Y es que, según destacan en el resumen del informe, un elemento clave para lograr políticas futuras más sostenibles pasa por la evolución de los sistemas financieros actuales hacia una economía global sostenible. ¿Estamos preparados para afrontar el reto?

 

 

 

Victoria González

Victoria González

Bióloga de bota. Tengo los pies en la tierra y la cabeza llena de pájaros. De mayor quiero ser periodista.

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