El nervio que destruye el 'diseño inteligente'

Muchos creacionistas asumen que los seres vivos son la obra de un diseñador, pero el nervio laríngeo recurrente muestra un ‘diseño’ muy poco inteligente.

Una de las formas en las que se ha intentado incorporar el creacionismo en las escuelas de algunos países —Estados Unidos de América a la cabeza—, como alternativa a la evolución biológica, ha sido tratando de silenciar toda relación con la religión, vistiéndolo con un disfraz que le haga parecer científico. 

Mediante la apariencia de hipótesis científica, el creacionismo podría esquivar la laicidad de la enseñanza pública en Estados Unidos e infiltrarse en las clases de ciencia.

El traje nuevo del rey

Ese disfraz recibe el nombre de ‘Diseño Inteligente’. Uno de sus postulados afirma que determinadas características de la vida no pueden explicarse por la acción de procesos ciegos y no teleológicos, como la evolución biológica por selección natural, solo se explican por la acción de una entidad inteligente que dirija el proceso evolutivo con una finalidad. 

En realidad, este disfraz de hipótesis científica no es más real que el traje que los burladores hicieron al rey en el cuento de El conde Lucanor, popularizado más tarde por Hans Christian Andersen. En primer lugar, no hay ni una sola prueba científica que indique que el proceso evolutivo tenga propósito, finalidad u objetivo teleológico; y, en segundo lugar, no existe una sola prueba que demuestre la injerencia de ninguna inteligencia en el proceso evolutivo.

Sin embargo, lo que sí existen son estructuras biológicas que prueban que el proceso no responde a inteligencia alguna, y que, si estuviera dirigido por alguna entidad consciente, sería muy poco inteligente y muy ineficiente en sus diseños.

Un nervio muy ineficiente

El ‘diseño’ de los nervios laríngeos recurrentes es un ejemplo muy fácil de observar. Dichos nervios parten de la base del cráneo, en el tronco encefálico, y finalizan su recorrido en la laringe. Pero, en lugar de tomar una ruta directa, en línea recta, rodeando el esófago y la laringe por cada lado, toman un largo rodeo. Descienden por el cuello y al llegar a cierta altura —distinta en el lado derecho e izquierdo— regresan de vuelta cuello arriba, hasta la laringe.

Nervio laringeo humano
Recorrido de los nervios laríngeos en el ser humano (R.Gutiérrez)

En los mamíferos —como el ser humano—, el nervio derecho hace el giro rodeando la arteria subclavia derecha, que se sitúa por debajo de la clavícula. El nervio izquierdo hace un recorrido aún más largo, bajando hasta el cayado aórtico, situado en el interior de la caja torácica, entre ambos pulmones, sobre el corazón. Este rodeo es innecesario, en todos los sentidos, y obliga a los nervios a crecer mucho más, de forma ineficiente.

En las aves, sin embargo, el izquierdo es más corto que el derecho; este último es el que pasa por el arco de la aorta, mientras que el izquierdo rodea la arteria subclavia izquierda. Y esta diferencia no es, en absoluto, trivial.

En los seres humanos, el nervio laríngeo izquierdo, que si fuese por el camino corto y eficiente mediría no más de 15 centímetros, puede alcanzar los 50 centímetros de longitud en su rodeo hacia el pecho y su regreso; más del triple de lo estrictamente necesario. 

Y aún encontramos casos de ineficiencia más acentuada. No hay razón para que el nervio laríngeo de la jirafa mida más de los 15 o 20 cm que separan la base del cráneo y la laringe; sin embargo, en su largo recorrido recurrente, el nervio desciende por el largo cuello, hasta el pecho, y regresa hacia arriba, en un trayecto de hasta 5 metros de longitud. Entre 25 y 30 veces la longitud estrictamente necesaria. 

Esa ineficiencia en el ‘diseño’ del nervio laríngeo recurrente llega, hipotéticamente, al máximo en los dinosaurios saurópodos. Animales como Supersaurus o Mamenchisaurus, con cuellos de una longitud colosal, debieron de tener nervios laríngeos recurrentes de hasta 30 metros.

Nervio laringeo dinosaurio

Recorrido del nervio laríngeo recurrente en el ser humano, la jirafa y ‘Supersaurus’ (Wedel, 2012)

Una explicación evolutiva

Ha quedado claro, entonces, que el nervio laríngeo recurrente es, desde el punto de vista de un ‘diseño inteligente’, un diseño totalmente ineficiente que podría calificarse como una auténtica chapuza. Sin embargo, hay una explicación mucho más lógica, basada en las pruebas científicas, para este absurdo recorrido.

El antepasado evolutivo de todos los tetrápodos —grupo que incluye anfibios, reptiles, aves y mamíferos— tenía el corazón muy adelantado, en una posición ventral respecto al cráneo. De él emergía la aorta ventral; se ramificaba formando los arcos arteriales para irrigar las branquias, y se reunían de nuevo en la aorta dorsal para dirigirse hacia la parte posterior del cuerpo. 

La laringe se situaba por debajo del corazón y el nervio laríngeo, que partía de la base del cráneo, llegaba a su destino en línea recta, pasando por el último par de arcos arteriales. Todo muy eficiente, como en los peces actuales, hasta que la anatomía empezó a cambiar. El corazón fue migrando hacia atrás, alojándose en la caja torácica, y con él, los arcos arteriales. 

El proceso evolutivo tiene cierta facilidad para moldear lo ya existente, pero no puede cortar y pegar un órgano para mejorar su eficiencia. Al alejarse el corazón del cráneo, había dos formas de solucionar el nudo que formaban los nervios laríngeos con los arcos aórticos: o se alargaban las arterias hasta la base del cráneo para que el nervio siguiera en su corto recorrido, o se alargaba el nervio, cuello abajo, hasta el pecho, para rodear los arcos aórticos. De las dos soluciones, la naturaleza seleccionó la más eficiente.

Nervio laríngeo pez
Esquema de nerviación de un pez; el nervio laríngeo pasa por detrás del último arco arterial (M.Wedel).

En algún momento, después de separarse el linaje de los dinosaurios —que daría lugar a las aves— y el de los sinápsidos —ancestros de los mamíferos—, el sistema circulatorio se simplificó. Los mamíferos perdieron el arco aórtico derecho, quedando solo el izquierdo; de este modo, el nervio laríngeo recurrente derecho pudo acortarse hasta la siguiente ramificación arterial —la subclavia—, mientras que el izquierdo tuvo que mantener su incómodo rodeo. En las aves, el arco aórtico que desapareció fue el izquierdo, quedando el esquema final invertido respecto a los mamíferos. De ahí que esa diferencia no sea trivial.

Y dada la estrecha relación entre la historia evolutiva y la embriogénesis, este “arrastre” del nervio laríngeo por los arcos aórticos y sus consiguientes ramificaciones, es posible observarlo durante el desarrollo embrionario.

La pregunta siguiente sería: ¿acaso la evolución podría llegar a desarrollar el nervio en línea recta, si la anatomía lo permitiera? En menos el 1 % de la población humana se da una condición en la que el nervio laríngeo derecho no es recurrente, es decir, va directamente del tronco cerebral a la laringe. Esto sucede cuando no existe la arteria subclavia derecha, y, por tanto, no arrastra el nervio hacia el tórax. Si esa condición particular le sucede a una persona que tenga el sistema circulatorio invertido —con el arco aórtico en el lado derecho—, entonces será el nervio izquierdo el directo; suceso que se estima en el 0.04 % de la población.

 Aunque, en cualquiera de estos casos, el nervio contrario sigue siendo recurrente y sigue dando el rodeo por debajo del arco aórtico, de modo que, incluso aunque esa condición se mostrase como favorable y llegase a fijarse en la población, el nervio laríngeo del lado de la aorta seguirá siendo recurrente; parece bastante improbable que, de forma natural, la evolución llegue a eliminar la recurrencia del nervio laríngeo, a menos que desaparezca la aorta.

Referencias:

Leonard, M. E. et al. 1983. Role of the vagus nerve and its recurrent laryngeal branch in the development of the human ductus arteriosus. American Journal of Anatomy, 167(3), 313-327. DOI: 10.1002/aja.1001670304

Wedel, M. J. 2012. A Monument of Inefficiency: The Presumed Course of the Recurrent Laryngeal Nerve in Sauropod Dinosaurs. Acta Palaeontologica Polonica, 57(2), 251-256. DOI: 10.4202/app.2011.0019

Vary (Álvaro Bayón)

Vary (Álvaro Bayón)

Soy doctor en biología, especializado en especies invasoras. Intento divulgar sobre ciencia y naturaleza mientras lucho férreamente contra las pseudociencias y el pensamiento mágico. Cuando me queda tiempo, cazo pokémon y hago artesanía. Además, soy (un poco) adicto al twitter.

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