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El cerebro de las ballenas y delfines produce mucho calor

El cerebro de los cetáceos tiene un sistema termogénico especializado que les ayuda a producir calor.

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Es bien sabido que los delfines y las ballenas son unos animales muy inteligentes. De hecho, algunos investigadores sostienen que están a la par con los grandes simios o incluso los seres humanos. Pero, ¿de dónde viene esta afirmación tan categórica?

Existen dos teorías diferentes. En primer lugar, una serie de comportamientos de los cetáceos se interpretan como muestras de inteligencia. Y, en segundo lugar, los cetáceos tienen el cerebro muy grandes. De hecho, las ballenas y los delfines tienen los cerebros más grandes del planeta, pues algunos de ellos pesan hasta ocho kilogramos. Es decir, son seis veces más pesados que el cerebro de un ser humano promedio.

El ser humano tiene un cerebro relativamente grande que le permite examinar y analizar el mundo de forma compleja. Por tanto, los científicos consideran que cualquier otro animal con un cerebro igual de grande (o incluso más) debe estar usándolo para lo mismo.

Sin embargo, esta lógica se basa en una suposición muy concreta: que un gramo de tejido cerebral tiene la misma capacidad para procesar información de la misma forma independientemente del cerebro en el que se encuentre. Es esta suposición es la que ha puesto en entredicho un estudio de la Universidad de Witwatersrand en Johannesburgo (Sudáfrica).

Desarrollo del estudio

La evidencia científica sostiene que el cerebro de los cetáceos es verdaderamente impresionante. Pero no por su inteligencia, sino porque producen mucho más calor que el cerebro de otros mamíferos. Así, a través de esta investigación, los científicos han podido llegar a la conclusión de que el cerebro de los cetáceos tiene un sistema termogénico especializado. Este ayuda al cerebro del animal a producir suficiente calor para mantener una temperatura cerebral funcional, combatiendo la pérdida de calor en las aguas heladas. Además, los resultados de la investigación fueron publicados en la revista Scientific Reports.

Con este descubrimiento, los científicos pueden entender mejor la importancia de la temperatura del agua para la supervivencia de los cetáceos. Igualmente, permitirá a los investigadores comprender qué ocurrirá con determinadas especies de cetáceos durante el inevitable aumento de las temperaturas oceánicas debido a la crisis climática.

Según los investigadores, es muy posible que algunas especies que dependen del hielo polar, como las ballenas beluga, se conviertan en una víctima más del calentamiento global. Por ello, este descubrimiento permitirá dirigir los esfuerzos de conservación de la forma más apropiada para asegurar el futuro de tantas especies como sea posible.

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Evolución del cerebro de los cetáceos

El cerebro de los cetáceos comenzó a volverse realmente grande hace unos 32 millones de años. Es decir, 20 millones de años después de que se convirtieran en mamíferos completamente acuáticos. En ese momento, hubo un enfriamiento importante de las temperaturas oceánicas globales. Por ello, los cetáceos tuvieron que adaptarse a este entorno para evitar extinguirse.

De esta forma, puede decirse que el cerebro de los cetáceos es especial porque produce mucho más calor que el cerebro de otros mamíferos, pues esto es necesario para su supervivencia en el ambiente frío en el que habitan.

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