El cambio climático podría secar España antes de lo que crees

Aunque las predicciones climáticas que llevan desarrollándose varias décadas parecían acertar en los efectos a largo plazo, los nuevos datos indican que esos efectos pueden llegar antes de tiempo.

El agua, además de ser un recurso esencial para la conservación de determinados ecosistemas,  determina en gran manera el desarrollo socioeconómico, la salud, el bienestar y la forma de relacionarnos con la naturaleza.

Los distintos ecosistemas de la península ibérica están adaptados a determinados  regímenes de lluvias y sequía, los cuales hoy están sufriendo alteraciones debidas al cambio climático. Ya sea por el aumento de la sequía, el incremento en las olas de calor, la pérdida de la calidad del agua o el mayor número de inundaciones, los cambios en las precipitaciones, junto con los cambios en la temperatura, afectan prácticamente a todos los sectores: naturales, culturales, sociales y económicos.

Monegros

Tozal de la Cobeta, los Monegros, Huesca.

Efectos diferentes según la región

Pero el cambio climático no afecta a todos los territorios del mismo modo. En algunas zonas, las lluvias pueden incrementarse en número, en intensidad, o en ambas a la vez, mientras que en otras regiones las precipitaciones pierden fuerza o incluso pueden desaparecer. Además, en los lugares  donde aumenten las lluvias, pueden no hacerlo de la mejor manera. Si el incremento de la precipitación sucede durante la época habitual de lluvias, lo más probable es que el exceso de agua se pierda por escorrentía y no estará disponible durante la estación seca, cuando más se necesita —ni para el ecosistema ni para las personas—.

España es, dentro de Europa, una de las regiones más vulnerables a los posibles cambios climáticos, debido a la irregularidad espacial y temporal de los recursos hídricos. La media de precipitación al año  en España es de 670 mm, aunque con un claro desequilibrio en la disponibilidad de agua, en donde se destacan tres áreas muy diferenciadas: el norte, el centro y la región sudeste. En el norte –la cornisa cantábrica y Galicia–  se concentran hasta 2200 mm, mientras que en el extremo opuesto, en las zonas de Murcia y Almería, apenas se alcanzan los 120 mm anuales.

Estas desigualdades en la distribución del agua han provocado conflictos sociopolíticos frecuentes, que se intentan solucionar con diversas medidas, más o menos acertadas: promoción de medidas de ahorro de agua, sistemas de riego por goteo, construcción de presas, instalación de plantas desalinizadoras, reutilización de las aguas residuales, o trasvases, entre otros.

Villafáfila

Humedal de Villafáfila, Zamora.

La difícil tarea del estudio del agua

Pero detectar los cambios climáticos en el recurso hídrico no es tarea sencilla: la variación interanual es, en general, grande. En España, es común la alternancia de períodos largos de varios años de sequía seguidos por años húmedos. Esta variabilidad hidrológica natural, sumada a los efectos de la extracción de agua para uso humano, y a que los registros pluviométricos más antiguos no superan los 100 años, complican la tarea  para el establecimiento de tendencias claras. 

Aunque, como decimos, el estudio de tendencias es complicado, no significa que no se pueda realizar. Muchos modelos climáticos ya predecían, en la península ibérica, el incremento de temperaturas acompañado de la disminución en las precipitaciones y su concentración en determinados periodos del año, seguido de largas sequías.

Los primeros estudios al respecto, realizados a mediados de la década de 1990, predecían una reducción de los recursos hídricos en España de hasta un 17 %, para un horizonte de 2060, que afectaría más gravemente  a la zona sur.

Daimiel

Tablas de Daimiel, Ciudad Real.

Actualizando los datos

Sin embargo, estudios posteriores han arrojado resultados más preocupantes. Los últimos modelos, publicados por un equipo de investigación de la Universidad de Aveiro, en Portugal, liderado por la Doctora Susana Cardoso Pereira, parecen mostrar que, hacia la mitad del siglo XXI, habrá un cambio en la distribución de las precipitaciones. Las lluvias caerán hasta un 15 % durante todo el año, excepto en invierno, donde se incrementarán las precipitaciones fuertes y extremas —aquellas cuyas aguas son muy difíciles de aprovechar—. Hacia finales de siglo, sin embargo, las precipitaciones, incluso las más fuertes, caerán en picado. La reducción de los días de lluvia será de entre un 40 y un 60 %.

El análisis profundo de los efectos de estos cambios aún está en desarrollo y dependen de las condiciones locales. Como mínimo, sabemos que la disminución de lluvias de intensidad moderada sumado al aumento de lluvias torrenciales puntuales, tendrán como consecuencia una menor disponibilidad de agua, especialmente en las cuencas más vulnerables.

Se prevé que la demanda de agua en algunas cuencas llegue a extremos insostenibles. Las estimaciones muestran que, entre 2040 y 2070, habrá una demanda superior al 50 % de la escorrentía anual para el río Guadiana, hasta el 88 % para el Júcar, y de más del 230 % para el Segura.

Referencias:

Böhnisch, A. et al. 2021. Hot Spots and Climate Trends of Meteorological Droughts in Europe–Assessing the Percent of Normal Index in a Single-Model Initial-Condition Large Ensemble. Frontiers in Water, 3, 716621. DOI: 10.3389/frwa.2021.716621

Estrela, T. et al. 2012. Impacts of climate change on water resources in Spain. Hydrological Sciences Journal, 57(6), 1154-1167. DOI: 10.1080/02626667.2012.702213

Pereira, S. C. et al. 2021. Temperature and Precipitation Extremes over the Iberian Peninsula under Climate Change Scenarios: A Review. Climate, 9(9), 139. DOI: 10.3390/cli9090139

Vary (Álvaro Bayón)

Vary (Álvaro Bayón)

Soy doctor en biología, especializado en especies invasoras. Intento divulgar sobre ciencia y naturaleza mientras lucho férreamente contra las pseudociencias y el pensamiento mágico. Cuando me queda tiempo, cazo pokémon y hago artesanía. Además, soy (un poco) adicto al twitter.

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