El cambio climático no es nada comparado con…

Las consecuencias que sucederán y que, en algunos casos, ya están sucediendo, abarcan un amplio abanico de posibilidades, y hoy, día mundial de la vida silvestre, exploramos una de las más aterradoras.

El cambio climático antropogénico es un suceso real. Ya está sucediendo. Un evento que ha provocado la humanidad con sus actividades y sus emisiones. El consenso científico es rotundo y sólido. Es cierto que el clima es, por sí mismo, una entidad cambiante; lo que es relevante en el escenario provocado por los seres humanos es la magnitud del cambio y su velocidad.

Un cambio climático paulatino y lento no tiene por qué ser problemático en modo alguno; las especies y los ecosistemas tienen tiempo de adaptarse, de evolucionar. Por el contrario, las pocas veces que en la historia de la tierra han sucedido cambios climáticos repentinos, las consecuencias provocaron extinciones masivas. Sucesos como los ocurridos a finales del Pérmico, del Triásico o del Cretácico son prueba de ello.

Pero el cambio climático de hoy es muy distinto a aquellos, y no solo porque lo esté causando una sola especie sino porque está sucediendo con mayor celeridad en comparación con cualquier otro en la historia de la Tierra. Estamos consiguiendo en poco más de dos siglos lo que, en el pasado, sucedía en milenios o decenas de milenios. Incluso en aquellos casos más catastróficos.

Lo que el cambio climático puede llegar a provocar abarca un amplio abanico de consecuencias. El nivel del mar subirá varios metros. Los infrecuentes eventos meteorológicos extremos serán cada vez más frecuentes, y cada vez más extremos. Las alergias cambiarán. Las especies se verán forzadas a trasladarse a otros lugares.
Y como ellas, las poblaciones humanas. Empezará a hablarse, más pronto que tarde, de refugiados climáticos. El cambio climático, al fin y al cabo, no deja de ser el principal motor de cambio global.

Pero la consecuencia más grave de este fenómeno puede que tenga un carácter mucho más desastroso, si cabe. Hoy, día Mundial de la Vida Silvestre, hablamos del riesgo que corre la biosfera. Hablamos de un colapso de la biodiversidad.

Zonas intertropicales marinas
Las zonas intertropicales marinas, como los arrecifes de coral, serían las regiones más afectadas por un colapso de la biodiversidad

El colapso de la biodiversidad

El constante avance del cambio climático antropogénico implica un aumento de los riesgos para la biodiversidad, y las proyecciones a futuro no son esperanzadoras. Los datos apuntan a que, efectivamente, si nada cambia, sucederá un evento de carácter catastrófico para la vida silvestre del planea. Lo difícil es saber cuándo. Las predicciones que pueden realizarse de cara al futuro contienen una enorme cantidad de variables en las que pequeños cambios de los datos iniciales pueden cambiar de forma significativa los resultados.

El trabajo más ambicioso e integrador hasta la fecha estuvo liderado por Christopher Trisos, de la Universidad de Ciudad del Cabo, publicado en abril de 2020. En aquel trabajo, efectuaron proyecciones de temperatura y precipitación que abarcaban desde el año 1850 hasta 2100, y los aplicaron a más de 30 000 especies, marinas y terrestres. Cada especie tiene un nicho térmico, que es el rango óptimo de temperaturas para su existencia ; cuando una especie es expuesta de forma prolongada a temperaturas más allá de los umbrales de su nicho, entra en peligro.

En función de esos datos, en esta investigación estimaron el porcentaje de especies que quedarían expuestas fuera de su nicho térmico en distintos lugares del mundo. Para ello contemplaron tres escenarios; uno en el que se establece una fuerte mitigación de los efectos del cambio climático de manera inmediata; otro intermedio en que se establece una mitigación leve; y otro extremo de altas emisiones, en el que, básicamente, no se hace nada por evitar el desastre.

Si nada se hace y seguimos emitiendo como hasta ahora, sin tratar de poner solución, el 100 % de las especies de la región amazónica quedaría fuera de su nicho térmico en 2053. El triángulo de coral —en Indonesia, Papúa Nueva Guinea y hasta las Islas Salomón— también tendría toda su biodiversidad expuesta para 2065, y la jungla congoleña para 2080.

Sin embargo, las regiones desérticas como el Gobi sufrirían un impacto mucho menor; allí solo se verían expuestas el 20 % de sus especies. De forma global, hasta un 71 % de las especies del planeta se verían expuestas, sucediendo en mayor magnitud y de manera más abrupta en los mares. Los peores efectos estarían entre ambos trópicos.

Si esta predicción se cumple, no cabe duda de que estaríamos ante la sexta gran extinción masiva de la historia del planeta.

¿Y si comenzamos a actuar ya?

La catastrófica predicción expuesta parte de una premisa extrema: no hacer nada por evitar el desastre. ¿Qué dicen los modelos matemáticos si cambiamos el escenario, y pasamos al otro extremo? ¿Un cambio drástico de máximo esfuerzo para mitigar los efectos del cambio climático puede servir para evitar el colapso de la biodiversidad? ¿Podemos salvar la vida silvestre? También se exploró esa posibilidad.

De entrada, el escenario más optimista retrasa la exposición de especies en mayor riesgo hasta seis décadas. En esta situación hipotética, en el año 2100 tendríamos menos del 30 % de las especies terrestres y menos del 20 % de las marinas fuera de su nicho térmico. Además, este retraso de 60 años podría resultar muy útil, no solo para facilitar que especies y ecosistemasse adapten al nuevo clima, sino para que también lo hagan las sociedades humanas, pues dependen de ellos. Porque muchos creen que la vida silvestre es algo accesorio, que podemos vivir sin ella, cuando en realidad somos profundamente dependientes de ella.

En las circunstancias actuales, aunque la situación es seria, existe aún un margen de maniobra; si se reducen drástica y rápidamente las emisiones, se puede ganar tiempo. Es cierto que las especies tienen una fuerte inercia filogenética, y les cuesta cambiar el nicho ecológico de sus ancestros. Es difícil traspasar un umbral que ha permanecido inmóvil durante miles o incluso millones de años. Pero cuanto más margen temporal les demos, mejor se adaptarán a esas nuevas condiciones, que llegarán.

Evitar que muchas especies queden expuestas fuera de su nicho térmico, y retrasar que suceda en aquellas para las que ya es inevitable, es posible, pero requiere una actuación rápida y de magnitud global para la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. El ciudadano de a pie puede llevar a cabo muchas y muy nobles acciones, pero no recae sobre él la responsabilidad principal. Son las grandes potencias e industrias las que más están emitiendo y las que cuanto antes deberían mirar arriba y ver lo que está por venir, antes de que nos caiga encima. Hoy, día mundial de la Vida Silvestre, podría ser un buen día para empezar a hacerlo.

 

REFERENCIAS:

Cook, J., Oreskes, N., et al. 2016. Consensus on consensus: a synthesis of consensus estimates on human-caused global warming. Environmental Research Letters, 11(4), 048002. DOI: 10.1088/1748-9326/11/4/048002

Marques, L. 2020. Collapse of Terrestrial Biodiversity. En L. Marques (Ed.), Capitalism and Environmental Collapse (pp. 247-273). Springer International Publishing. DOI: 10.1007/978-3-030-47527-7_10

Trisos, C. H., Merow, C., et al. 2020. The projected timing of abrupt ecological disruption from climate change. Nature, 580(7804), 496-501. DOI: 10.1038/s41586-020-2189-9

 

 

Vary (Álvaro Bayón)

Vary (Álvaro Bayón)

Soy doctor en biología, especializado en especies invasoras. Intento divulgar sobre ciencia y naturaleza mientras lucho férreamente contra las pseudociencias y el pensamiento mágico. Cuando me queda tiempo, cazo pokémon y hago artesanía. Además, soy (un poco) adicto al twitter.

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