¿Dónde tienen las semillas los plátanos?

Para una planta, el fruto es el medio para proteger y dispersar la semilla, pero ¿qué sucede cuando un fruto no tiene semillas?

 

Desde el punto de vista de la botánica, el fruto es una estructura que forma la planta en torno a las semillas, protegiéndolas y, frecuentemente, ayudándolas a dispersarse. Procede de la transformación del ovario, en ocasiones, involucrando a otros tejidos de la planta, tras producirse la polinización y la fecundación de los óvulos. Cuando no se produce, lo habitual es que el crecimiento del ovario se detenga en un momento temprano y el fruto no llegue a desarrollarse.

Sin embargo, y excepcionalmente, hay situaciones en las que los frutos crecen sin polinización, e incluso casos en los que el ovario no encierra óvulos —y que, por tanto, no podría fecundar nada—. En esos casos, se desarrolla un fruto sin semillas, que en botánica se denomina “partenocárpico”. Y es eso, exactamente, lo que ocurre con el plátano que comemos.

Plátano comercial cortado transversalmente, sin semillas.
Plátano comercial cortado transversalmente, sin semillas

¿Existen plátanos con semillas?

Como todas las frutas que encontramos en el mercado, el plátano es un producto del ingenio humano. Desde que comenzamos hace 10 000 años a cultivar plantas, hemos ido alterando su aspecto y su composición y, en definitiva, modificándolas genéticamente. En un principio, de forma involuntaria, seleccionando aquellas que proporcionaban los mejores productos, en función de nuestras necesidades y gustos, y más recientemente, de manera deliberada, ya fuese mediante la selección artificial, cruces de variedades o diversas técnicas de ingeniería genética.

Y como casi todas las frutas que encontramos en el mercado, el plátano tiene una variedad silvestre. Entre las distintas variedades de cultivo de plátano encontramos formas diploides, triploides y tetraploides de dos especies, Musa acuminata y M. balbisiana, y formas híbridas de ambas. Una variedad es diploide cuando sus cromosomas están dispuestos en parejas y es triploide cuando los tiene dispuestos en grupos de tres, condición que provoca esterilidad reproductiva a las plantas. La mayoría de los plátanos comerciales son triploides y por eso no tienen semillas.

Sin embargo, las formas silvestres de M. acuminata y M. balbisiana sí tienen semillas, y se siguen reproduciendo sexualmente. Cuando abrimos una banana silvestre encontramos múltiples semillas, pequeñas y negras, que se disponen a lo largo del fruto.

Plátano comercial junto a plátano silvestre —con semillas—
Plátano comercial junto a plátano silvestre —con semillas— (Angélique D’Hont vía @EnsedeCiencia)

¿Cómo se reproducen las plantas de los plátanos?

Un plátano comercial, carente de semillas, no se puede reproducir de forma sexual. Se necesita, por tanto, un método distinto. Al fin y al cabo, el plátano, en términos de producción, es el cuarto producto alimenticio más importante del mundo tras el arroz, el trigo y la leche.

La forma en la que se reproducen los plátanos comerciales es exclusivamente vegetativa, y la más habitual es a través de chupones. Un chupón es un brote que emerge del rizoma subterráneo de una planta, y que da lugar a un nuevo tallo. En realidad, este chupón forma parte del mismo individuo que el tallo principal; cuando alcanza cierto tamaño, se separa del adulto, extrayéndolo con parte de las raíces y cortando el rizoma que lo enlaza con la planta original. De este modo se obtiene un clon que se puede transplantar en otro lugar. La nueva planta crecerá, dando sus propios frutos —sin semillas— y, cuando crezca lo suficiente, produciendo sus propios chupones.

Este proceso de reproducción tiene algunas ventajas respecto a la reproducción sexual. Por un lado, el fruto no tiene semillas, lo que lo hace más atractivo para el consumidor. Además, al tratarse de un clon genético, a menos que acumule alguna mutación improbable, será exactamente igual al original; si una variedad de plátanos es muy apreciada, se puede aumentar su producción de forma rápida, barata, y con ciertas garantías de que el producto no cambiará.

Sin embargo, tiene inconvenientes. Al no existir variabilidad genética, las poblaciones serán muy vulnerables a las enfermedades. Y eso puede salir muy caro.

El plátano Cavendish: una historia con final

La mayor parte de las variedades de plátanos comerciales cultivados actualmente pertenecen al denominado grupo Cavendish, que incluye cultivares como el Grande Naine, el Poyo, el Valery, el Robusta, o el Enano —donde se incluye el plátano de Canarias—. En todos los casos, son formas triploides de M. acuminata.

Plátanos ‘Cavendish’
Plátanos ‘Cavendish’

El primer plátano Cavendish se obtuvo en China en el año 1826, y a partir de aquel primer ejemplar, empezó a distribuirse por el mundo. Los distintos cultivares surgieron por efecto de mutaciones durante el proceso de reproducción, pero en esencia, todos los plátanos son clones de aquel primer Cavendish.

Hasta los años 30 del pasado siglo, la variedad más cultivada de plátano era la Gros Michel. Pero una enfermedad causada por el hongo Fusarius oxysporum supuso un cambio drástico en el esquema bananero mundial. El hongo fue detectado por primera vez en Australia a finales del siglo XIX, pero la epidemia de fusariosis del plátano no se desató hasta mediados del siglo XX, desde Panamá. En los años 50 la variedad Gros Michel había desaparecido casi por completo, víctima de la llamada “enfermedad de Panamá”. 

La variedad Cavendish, sin embargo, resultó ser resistente al hongo. Eso fue lo que permitió que, poco a poco, los cultivares de plátano fuesen sustituyendo una variedad por otra, convirtiendo a la Cavendish en el cultivo mayoritario que es hoy. Sin embargo, no durará para siempre.

Desde hace más de una década se sabe que hay una cepa tropical de Fusarius oxysporum —denominada raza 4— capaz de infectar a la variedad Cavendish. La desaparición de tan apreciada variedad de plátano puede ser solo cuestión de tiempo. Quizá otra variedad distinta, resistente a esta raza 4 de la enfermedad de Panamá, sustituya a los plátanos Cavendish de nuestras fruterías, hasta que aparezca una nueva cepa del hongo.

O quizá la respuesta sea transgénica. Desde 2017 se está trabajando en el desarrollo de plátanos Cavendish resistentes a esta raza 4. Al fin y al cabo, y como se explicó al principio, desde que hace 10 000 años comenzásemos a cultivar plantas, las hemos modificado genéticamente; ahora lo hacemos deliberadamente, y tenemos las herramientas para llevar a cabo las modificaciones con mucha más precisión y rapidez. Quizá en la biotecnología esté la respuesta para evitar que vuelva a suceder una epidemia de fusariosis.

Referencias:

Dale, J. et al. 2017. Transgenic Cavendish bananas with resistance to Fusarium wilt tropical race 4. Nature Communications, 8(1), 1496. DOI: 10.1038/s41467-017-01670-6

Frison, É. A. et al. 1996. New frontiers in resistance breeding for nematode, fusarium and sigatoka: proceedings of the workshop held in Kuala Lumpur, Malaysia 2-5 october 1995. INIBAP IPGRI.

Pérez Morales, C. 1999. Morfología de espermatófitos. Ed. Celarayn. 

Ploetz, R. C. 2005. Panama Disease: An Old Nemesis Rears Its Ugly Head: Part 1. The Beginnings of the Banana Export Trades. Plant Health Progress, 6(1), 18. DOI: 10.1094/PHP-2005-1221-01-RV 

Price, N. S. 1995. The origin and development of banana and plantain cultivation. En S. Gowen (Ed.), Bananas and Plantains (pp. 1-13). Springer Netherlands. DOI: 10.1007/978-94-011-0737-2_1

Vary (Álvaro Bayón)

Vary (Álvaro Bayón)

Soy doctor en biología, especializado en especies invasoras. Intento divulgar sobre ciencia y naturaleza mientras lucho férreamente contra las pseudociencias y el pensamiento mágico. Cuando me queda tiempo, cazo pokémon y hago artesanía. Además, soy (un poco) adicto al twitter.

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