Doñana, refugio para las aves

En el suroeste de la península ibérica se encuentra el Parque Nacional de Doñana, uno de los espacios protegidos más emblemáticos de nuestro país.

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Conocido principalmente por sus marismas, lugar donde encuentran su refugio numerosas aves, el Parque Nacional de  Doñana alberga también una gran diversidad de unidades ambientales de alto valor ecológico. Playas, marismas, dunas y pinares configuran un paisaje cambiante a lo largo del año en el que cada estación supone un espectáculo único para el visitante que se acerca a conocerlo.

Esta comarca se encuentra amparada bajo dos figuras nacionales de protección: el Parque Nacional, que se sitúa entre Huelva y Sevilla; y el Espacio Natural, con un uso público menos restringido y que abarca las provincias de Huelva, Cádiz y Sevilla.

A caballo entre Europa y África, las marismas del Guadalquivir suponen una zona ideal para el paso, invernada y cría de más de 200 especies de aves, entre las que destacan la cigüeña negra (Ciconia nigra), la malvasía (Oxyura leucocephala), el calamón (Porphyrio porphyrio) el flamenco (Phoenicopterus roseus) y la focha cornuda (Fulica cristata). Además, en Doñana se localiza una de las últimas poblaciones de lince ibérico (Lynx pardinus) y cuenta con la presencia de otro gran depredador amenazado: el águila imperial ibérica (Aquila adalberti).

Un paisaje cambiante

En las playas de Doñana se encuentran varios sistemas de dunas vivas cuya arena es empujada constantemente por el viento y es arrastrada hasta el borde de la marisma, enterrando a su paso los bosques de pino piñonero (Pinus pinea) y sabina (Juniperus phoenicia). Estas manchas de matorral desaparecen y rebrotan al ritmo que marca la duna. Cuando las arenas se estabilizan se forman los cotos o zonas de matorral, áreas menos cambiantes que el resto de unidades ambientales de Doñana y en las que se distinguen dos partes: el monte blanco y el monte negro. El primero es más seco y debe su nombre al predominio del jaguarzo (Halimium halimifolium) un arbusto de hojas blanquecinas. El monte negro se localiza en zonas húmedas y en él se localizan diversas especies de brezo (Erica scoparia, Calluna vulgaris).

En los lugares de contacto entre dunas y matorral de la marisma se forman las `veras´, zonas de gran riqueza ecológica en las que crecen los alcornoques (Quercus suber) y a cuyos pastos acuden a alimentarse ciervos, conejos y ganado doméstico.

 

El Coto de Doña Ana

El nombre de esta tierra proviene del siglo XVI, cuando el séptimo duque de Medina Sidonia mandó construir un palacio para su esposa Doña Ana Gómez de Mendoza y Silva. Las tierras que rodeaban la edificación empezaron a conocerse como el coto de Doña Ana o el bosque de Doña Ana, hasta que la denominación se acortó y se quedó en el nombre actual.

La zona no siempre ha estado protegida, y en el siglo XX se introdujeron diversas especies  animales y se realizaron plantaciones de pino piñonero. Doñana era una importante área cinegética en la que se organizaban monterías de manera habitual. La protección del espacio llegó en 1963, cuando el Estado Español y WWF compraron unas 7.000 hectáreas y crearon la Reserva Biológica de Doñana. Seis años después, en 1969, se designaría el Parque Natural.

 

Visita a Doñana

Aunque se puede llegar a Doñana desde distintas localidades, lo más habitual es acceder desde Huelva capital vía Matalascañas, o bien desde Sevilla hasta Almonte, El Rocío y Matalascañas. En toda la comarca hay numerosos museos y centros de visitantes. La oficina del Parque Nacional se encuentra en el Acebuche, a unos tres kilómetros de Matalascañas por la carretera A-483. En este centro se puede visitar la exposición sobre Doñana y reservar el itinerario en vehículo todo terreno por el interior del Parque. Además, de allí parten dos senderos peatonales, el primero de ellos con varios observatorios de aves, y el segundo que discurre por las zonas de cotos y pinares.

En el Espacio Natural existen además dos áreas diseñadas para el cicloturismo: el Recorrido del Asperillo, de algo más de 16 kilómetros, y el Recorrido Vereda del Loro, con 23 kilómetros que atraviesan pinares y zonas lagunares.

 

Victoria González

Victoria González

Bióloga de bota. Tengo los pies en la tierra y la cabeza llena de pájaros. De mayor quiero ser periodista.

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