¿Cuántos tipos de sapos venenosos hay en España?

Han surgido a lo largo del tiempo numerosos mitos relacionados con los sapos. Entre ellos, siempre se ha hablado sobre los sapos venenosos. ¿Es esto cierto y verdaderamente hay especies de sapos tóxicas? Descubre más sobre esta cuestión en este artículo.

Sapos venenosos
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De aspecto robusto, con piel aparentemente viscosa, cubierta de verrugas y una coloración poco llamativa, el sapo ha sido víctima de mitos e historias desafortunadas sobre su anatomía y peligrosidad durante mucho tiempo.

Incluso en el momento de su descripción fueron descritos dentro de la familia Bufonidae, nombre científico del grupo que engloba a los sapos, que proviene de la palabra bufón, por su aspecto cómico. Y aunque existan muchas especies a las que comúnmente llamemos sapos aun no estando incluidas entre los bufónidos, es debido a que popularmente se han nombrado sapos a anfibios sin seguir ningún tipo de clasificación científica, solo por su apariencia exterior.

¿Hay sapos venenosos en España?

Entre estos mitos, el más recurrente recae sobre su toxicidad. Su piel rugosa da a los sapos un aspecto poco agradable. Esta textura en su piel es debida a unas glándulas que ayudan a estos anfibios a protegerse de los depredadores. Estas glándulas segregan sustancias tóxicas que dependiendo de la especie pueden crear diferentes tipos de reacciones en sus depredadores.

El veneno de los sapos

Existen más de 300 sustancias diferentes que pueden ser secretadas por los sapos, como también diferentes tipos de glándulas productoras. Entre las glándulas más comunes están las glándulas paratiroides, externas y de gran tamaño, que suelen ubicarse tras el ojo, sobre el tímpano y la región del hombro, zonas que es mejor no tocar. Otras partes que deberían evitarse al tocar un sapo son la espalda, la ingle o las patas, ya que, aunque de otro tipo, también suelen tener glándulas secretoras de mucosa.

Entre esas 300 sustancias la más común entre el género Bufo es la bufotenina. Esta sustancia es un derivado de la serotonina y se ha llegado a encontrar incluso en personas que no han estado en contacto con sapos, de lo que se ha deducido que el cuerpo humano puede llegar a producirla también. La bufotenina puede llegar a producir aumentos del ritmo cardíaco e incluso alucinaciones. Estos compuestos se absorben por la piel o las mucosas y no son tóxicos si se ingieren, ya que son neutralizados por la acidez de los jugos gástricos. La intoxicación varía entre casos leves, como un aumento de la salivación, y casos más graves, llegando incluso a la muerte.

¿Los sapos españoles suponen un peligro?

En España hay tres especies de sapo del género Bufos y el resto son de otros géneros a los que se les ha llamado popularmente sapos, pero son de las familias Alytidae, con tres sapos y dos sapillos, la familia Pelobatidae, con una sola especie y la familia Pelodytudae con cuatro especies de sapillo diferentes, todos pertenecientes del orden Anura.  Aunque estos puedan segregar estas peculiares mucosas, en España, ninguna llega a ser realmente preocupante para el ser humano ni para sus mascotas ya que suelen ser intoxicaciones leves con pronta recuperación.

 

La ausencia de sapos realmente venenosos, o al menos peligrosos, en nuestro país hace que sea si cabe más importante evitar la introducción de anfibios realmente venenosos como la rana toro o el sapo del Río Colorado de los Estados Unidos. Estas especies son verdaderamente peligrosas y su introducción podría acabar con la convivencia de nuestras pacíficas especies de sapo que solo usan su leve toxicidad para sobrevivir en su entorno.

 

Existen más de 300 sustancias diferentes que pueden ser secretadas por los sapos, como también diferentes tipos de glándulas productoras.

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