¿Cómo surgen los oasis de los desiertos?

Entre un océano de arena y sol abrasador, en ocasiones se encuentran pequeñas áreas con agua y vegetación, refugio para animales y viajeros, pero ¿cómo se forman?

 

Durante un viaje por un desierto, pocas noticias son tan buenas como avistar un oasis entre las dunas. Tanto en la ficción del cine —o de los chistes— como en el mundo real, encontrar ese remanso de agua, rodeado de densos matorrales y altas palmeras, implica disponer del preciado líquido, y, si hay suerte, algún fruto o raíz comestible que llevarse a la boca.

Un oasis es una forma de paisaje poco común, una rareza que salpica los desiertos no polares —la Antártida es el desierto más grande, pero no tiene oasis—. Por su extensión, puede ser desde una pequeña laguna con un par de palmeras, hasta una enorme superficie de agua, con abundante vegetación en la ribera, refugio de fauna, e incluso con asentamientos humanos y campos de cultivo.

Oasis y reserva de Ein Gedi, Israel
Oasis y reserva de Ein Gedi, Israel

El secreto está en la capa freática

La lluvia, la nieve y otras formas de precipitación escasean en los desiertos. De hecho, ese es el parámetro que define principalmente los desiertos. Las raras veces que llueve, el agua se filtra rápidamente entre la arena y las rocas y se pierde en el subsuelo. La poca agua que queda retenida en la superficie es evaporada rápidamente por el calor del suelo y la insolación.

Sin embargo, aunque haya poca precipitación, todo desierto tiene límites, y más allá de esos límites se encuentran zonas con otras tendencias climáticas, en las que puede llover o nevar. Donde se pueden llegar a formar ríos de enormes proporciones; el Nilo, por ejemplo, es uno de los ríos más grandes del mundo y es adyacente al desierto del Sahara, el segundo desierto más extenso del mundo, después de la Antártida, y el mayor de los desiertos cálidos.

Estas masas de agua no solo existen en superficie. A través del subsuelo se pueden extender kilómetros de distancia, infiltrándose entre las capas de rocas, incluso bajo toneladas y toneladas de arena del desierto. Esta capa del subsuelo totalmente inundada es la capa freática.

Cuando las dunas se mueven

Las dunas de los desiertos son estructuras geomorfológicas móviles. Sin plantas que sujeten el suelo con sus raíces, la arena viaja a merced de los vientos, formando dunas nuevas y desapareciendo las anteriores en cortos períodos de tiempo.

Oasis de Tamerza, en Túnez
Oasis de Tamerza, en Túnez

En un momento determinado, se puede formar una hondonada lo suficientemente profunda como para que la capa freática quede expuesta al exterior. Se produce entonces un manantial, del que comienza a brotar el agua. Y allí, alimentada por esas aguas del subsuelo, se formará una laguna. Cuando esto sucede, las semillas de las plantas traídas por los vientos o por los animales, y mezcladas con la arena, pueden germinar y prosperar. Plantas secas en estado de latencia, también traídas por los vientos, rodarán ladera abajo y, al entrar en contacto con el agua, se rehidratarán y reverdecen.

Si las plantas consiguen arraigar y establecerse, antes de que la laguna se seque o se vuelva a cubrir de arena, comenzarán a formar suelo y a fijarlo con sus raíces, favoreciendo la preservación del nuevo oasis. En muchas ocasiones, la misma naturaleza de la arena, rica en exoesqueletos fosilizados de diatomeas, actúa como fertilizante proporcionando un gran apoyo al oasis.

Los destinos de un oasis

La mayor parte de los oasis que se forman representan pequeñas lagunas que perduran durante un corto período de tiempo, lo justo para que las plantas completen su ciclo vital y dispersen sus semillas al viento, antes de secarse por evaporación y transpiración, o de quedar sepultados bajo toneladas de arena. Algunos no llegan a tener agua emergida, y son solo evidentes por la presencia de la vegetación, que recoge el agua del subsuelo gracias a las raíces.

Sin embargo, cuando un oasis tiene suficiente vegetación, templa el ambiente gracias a la evapotranspiración, favoreciendo unas temperaturas más adecuadas. Como la superficie del oasis es más fría que la del desierto circundante, se generan unas corrientes de aire descendentes sobre el oasis, y ascendentes fuera de él. Este fenómeno reduce la presencia de aire caliente y seco a su alrededor, mientras ayuda a la expansión del oasis por desplazamiento de las dunas circundantes, y a la vez que aumenta la estabilidad atmosférica sobre el oasis, reduciendo la pérdida de agua y creando un microclima benigno.

Oasis de Umm el Ma, en Libia
Oasis de Umm el Ma, en Libia

Cuanto mayor es el oasis, mayor es este efecto de retroalimentación. Si el nivel freático está bien sostenido y el agua es lo suficientemente abundante, puede formar lagos de grandes dimensiones, que, gracias a la retroalimentación, se mantienen en equilibrio. Estos oasis pueden durar años, siglos o incluso milenios, y en algunos casos, tienen un topónimo propio.

De hecho, algunos se conocen desde tiempos antiguos. Como el oasis de El Kharga, en Egipto, con una población actual de más de 180 000 habitantes. Cuenta con restos de un antiguo templo egipcio, un templo romano reconvertido en iglesia copta. Otros ejemplos de grandes oasis antiguos son el del Huacachina, en Perú; el de Dunhuang, en China; o el de Tamerza, en Túnez, escenario de grandes películas como El paciente inglés o Indiana Jones en busca del arca perdida.

Referencias:

Chu, P. C. et al. 2005. A numerical modeling study on desert oasis self-supporting mechanisms. Journal of Hydrology, 312(1), 256-276. DOI: 10.1016/j.jhydrol.2005.02.043

Li, C. et al. 2019. Accumulation of organic carbon and its association with macro-aggregates during 100 years of oasis formation. CATENA, 172, 770-780. DOI: 10.1016/j.catena.2018.09.044

Zhuang, Y. et al. 2014. Dew variability in three habitats of a sand dune transect in a desert oasis ecotone, Northwestern China. Hydrological Processes, 28(3), 1399-1408. DOI: 10.1002/hyp.9675

Vary (Álvaro Bayón)

Vary (Álvaro Bayón)

Soy doctor en biología, especializado en especies invasoras. Intento divulgar sobre ciencia y naturaleza mientras lucho férreamente contra las pseudociencias y el pensamiento mágico. Cuando me queda tiempo, cazo pokémon y hago artesanía. Además, soy (un poco) adicto al twitter.

Continúa leyendo