¿Cómo se pueden prevenir los incendios forestales?

En España, menos del 5 % de los incendios de causas conocidas son naturales, y en más del 80 % se identifica al ser humano como causante, ya sea de forma deliberada o accidental.

 

Cada verano, los incendios forestales son los protagonistas de los grandes dramas medioambientales. Raro es el año en el que varios eventos de este tipo tengan tal magnitud que no terminen ocupando las primeras páginas de los noticiarios, o al menos, deberían ocuparlas.

En 2017, los incendios de Moguer (Huelva) y Encinedo (León) devastaron 7 500 y 9 800 hectáreas de superficie forestal respectivamente. En 2018 el incendio de Llutxtent (Valencia), dejó casi 3 500 hectáreas de superficie forestal calcinadas. En 2019, 8 500 hectáreas aproximadamente en Valleseco (Las Palmas). En 2020, el año de la pandemia, ardieron más de 12 000 hectáreas en Almonaster la Real (Huelva). En 2021, el incendio de Navalacruz (Ávila) devastó más de 21 000 hectáreas, y en lo que llevamos de 2022, cerca de 70 000 hectáreas han ardido en dos incendios consecutivos en la Sierra de la Culebra, iniciado el 15 de junio y en Losacio el 17 de julio (ambos en la provincia de Zamora).

Superficie afectada por los dos últimos incendios en la provincia de Zamora, el de la Sierra de la Culebra en verde, y el de Losacio en azul (Copernicus EFFIS)
Superficie afectada por los dos últimos incendios en la provincia de Zamora, el de la Sierra de la Culebra en verde, y el de Losacio en azul (Copernicus EFFIS)

Las causas tras los incendios forestales

Es bien sabido que para saber cómo prevenir un problema es necesario primero conocer las causas. Las causas de los incendios forestales suelen clasificarse en cinco tipos: causas naturales —principalmente por los rayos de tormentas eléctricas—, causas por negligencia o accidentales, causas intencionadas, reproducción de un incendio previo y causas desconocidas.

Entre las causas de origen antrópico destacan los incendios por negligencia o accidente, entre los que se incluyen aquellos derivados de hogueras o barbacoas que se descontrolan; el paso del ferrocarril por una zona susceptible, que produzca chispas por el rozamiento, o incluso aquellos causados por residuos que producen incendios, como colillas encendidas arrojadas sobre la vegetación seca, o restos de vidrio curvos que actúan en el entorno como una lupa con los rayos del sol.

Entre las causas intencionadas se enumeran, generalmente, la quema con fines agrícolas o ganaderos, la eliminación de matorral y la regeneración de pastos, además de la caza, la pesca, protestas, venganzas, disputas, los intentos de obtener un beneficio económico de algún tipo, o la piromanía.

Según un informe de 2019 del entonces Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, de los más de 131 000 incendios forestales sucedidos entre 2006 y 2015, solo 6448 sucedieron por causas naturales (menos del 5 %) a los que habría que sumar los incendios causados por reproducciones secundarias, menos de 3 000 (2 %). Casi 37 000 (28 %) fueron causados por negligencias o accidentes, y más de la mitad, 69 097 (53 %) fueron provocados intencionadamente. Y no, ni los grupos ecologistas ni las políticas destinadas a la conservación del medioambiente están entre las causas.

Número de incendios y superficies afectadas según su causa entre 2006 y 2015 en España (MAPA, 2019)
Número de incendios y superficies afectadas según su causa entre 2006 y 2015 en España (MAPA, 2019)

El ser humano, tras el 81 % de los incendios forestales

Incluso ignorando que el 12 % de los incendios tienen causa desconocida —según el mismo informe del Ministerio—, es realmente preocupante que al menos el 81% de los incendios forestales son causados por el ser humano. Sin la causa antrópica, 880 000 del millón de hectáreas quemadas entre 2006 y 2015 se habrían salvado de las llamas.

Uno de los pilares de la prevención de incendios es, por lo tanto, la concienciación de la sociedad. Fomentar entre las y los ciudadanos buenas prácticas que contribuyan a eliminar el riesgo de incendios forestales se convierte en una prioridad. Si agricultores y ganaderos abandonaran definitivamente la práctica de la quema para “limpiar” los campos o de cultivo o para regenerar el pasto, la cantidad de incendios forestales caería en picado. 

También es posible actuar para evitar los incendios por negligencia o accidentales. Fomentar una higiene medioambiental, de tal manera que los visitantes no arrojen sus basuras al medio natural, la prohibición absoluta de barbacoas y hogueras, y mantener adecuadamente limpios los bordes de las carreteras y vías de ferrocarril. 

Por supuesto, es necesario mantener las consecuencias legales para el autor de un incendio, sea por negligencia o de forma intencionada; aunque resulta difícil de aplicar: por un lado, el endurecimiento de las penas no parece disuadir, y por otro, aunque se sabe que hasta el 81 % de los incendios tienen un origen humano, solo en el 12 % se consigue identificar el causante, y cae al 2 % cuando la causa es intencionada. Esto impide iniciar los procedimientos judiciales para las sanciones de los delitos, a pesar de que más de la mitad de los incendios tienen un culpable claro.

Incendio forestal
Más del 80 % de los incendios forestales de España son provocados por el ser humano (JAH).

Evitando que el fuego se extienda

Hay ocasiones en que es imposible evitar un incendio.  En un entorno particularmente seco, por el paso de una ola de calor o por un cambio en los patrones climáticos causado por el cambio climático antropogénico al que el ecosistema no se ha adaptado aún, si cae un rayo es casi previsible, pero inevitable, que se produzca un incendio en la zona.

El reciente incendio en la Sierra de la Culebra, el segundo más extenso del siglo XXI en España, con más de 30 000 hectáreas devastadas —el primero ocurrió sucedido un mes después, en la misma zona—, fue provocado por una tormenta eléctrica. El día 15 de junio de 2022, varios rayos generaron hasta once focos, que se expandieron rápidamente por el calor extremo, una muy baja humedad en el ambiente y en el suelo y rachas de viento de hasta 70 kilómetros por hora. 

Cuando este tipo de incendios suceden, la prevención deja paso a la extinción. En la nomenclatura sobre incendios forestales existen tres tipos según su extensión: los conatos, que se extienden menos de una hectárea, los incendios propiamente dichos, que se extienden entre una y quinientas hectáreas; y los grandes incendios, que superan las quinientas hectáreas. 

En la lucha contra los incendios forestales, la idea es que todos los focos se queden en conatos y que, en la medida de lo posible, no alcancen las proporciones de grandes incendios, y para ello los mecanismos de extinción son esenciales. Hay determinadas acciones que pueden facilitar esos mecanismos.

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Mecanismos para una actuación rápida y eficaz

Por un lado, la existencia y mantenimiento de cortafuegos. No se trata de tener todo el monte limpio de arbustos —eso genera un grave impacto en los ecosistemas, que no es sostenible para la flora ni para la fauna—. Se trata de disponer de corredores, estratégicamente dispuestos, que delimiten parches de vegetación natural. De este modo, si un área se incendia, se evita que el fuego se extienda a las áreas vecinas. Además, estos cortafuegos pueden emplearse como vías de acceso para el paso de los vehículos de las brigadas. 

Las acciones de prevención de incendios deben estar en equilibrio o, si es posible, en sinergia positiva con otras actividades de conservación de la naturaleza, no en competencia. De hecho, los incendios producidos por causas naturales en entornos bien conservados, con ecosistemas maduros, poco perturbados y con redes tróficas completas, generalmente se autolimitan.

Disponer de masas de agua cercanas —naturales o artificiales— y mantenerlas en buen estado también es una buena herramienta de prevención. Los medios aéreos de extinción de incendios deben abastecerse de agua, si esos puntos de abastecimiento están próximos y en un estado óptimo la actuación será más rápida y eficaz. 

Es evidente que para que las brigadas y servicios de extinción funcionen, deben estar bien mantenidos y en activo de forma constante, para actuar a la mayor brevedad posible y con la mayor contundencia. La detección temprana y la actuación inmediata son de vital importancia para evitar que un incendio adquiera grandes dimensiones. Todo ello implica un compromiso político y económico que, en muchas Comunidades Autónomas, no se da.

Finalmente, gran parte de las causas que favorecen los incendios forestales son producto del cambio climático antropogénico, por lo tanto, cualquier acción encaminada a su mitigación será beneficiosa.

 

Referencias:

Amacher, G. S. et al. 2005. Not Getting Burned: The Importance of Fire Prevention in Forest Management. Land Economics, 81(2), 284-302. DOI: 10.3368/le.81.2.284

Baeza, M. et al. 2005. Management of Mediterranean shrublands for forest fire prevention (pp. 37-60).

Lozano, F. J. et al. 2008. A multi-scale approach for modeling fire occurrence probability using satellite data and classification trees: A case study in a mountainous Mediterranean region. Remote Sensing of Environment, 112(3), 708-719. DOI: 10.1016/j.rse.2007.06.006

MAPA. 2019. Los incendios forestales en España: Decenio 2006-2015 (NIPO: 003-19-031-5). Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.

Martell, D. L. 2007. Forest Fire Management. En A. Weintraub et al. (Eds.), Handbook Of Operations Research In Natural Resources (pp. 489-509). Springer US. DOI: 10.1007/978-0-387-71815-6_26

Vary (Álvaro Bayón)

Vary (Álvaro Bayón)

Soy doctor en biología, especializado en especies invasoras. Intento divulgar sobre ciencia y naturaleza mientras lucho férreamente contra las pseudociencias y el pensamiento mágico. Cuando me queda tiempo, cazo pokémon y hago artesanía. Además, soy (un poco) adicto al twitter.

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