Calima del Sahara. ¿Hasta cuándo durará?

La calima con polvo procedente del Sahara permanecerá con nosotros poco tiempo más. Mientras tanto, los expertos recomiendan usar mascarilla FFP2 en exteriores.

El martes 15 de marzo media España se levantó teñida de naranja. Había polvo por todos lados, cubriendo aceras, coches, tapizando patios… y en suspensión en el aire. Una extraordinaria calima, que ha llegado hasta la mismísima Francia y los Países Bajos, nos estaba visitando. ¿Hasta cuándo durará?

Calima coches
Gtres

“La calima es un litometeoro, consistente en la suspensión en el aire de partículas sólidas secas (no acuosas), como polvo mineral, de tamaño microscópico, pero en cantidades tales que provocan una significativa reducción de la visibilidad, adoptando el cielo un aspecto opalescente, con una gama de colores que puede variar desde los ocres o terrosos hasta naranjas y rojizos, dependiendo de la densidad del particulado y del momento del día”, nos cuenta Jose Miguel Viñas, experto de METEORED.

Este polvo anaranjado procede, en este caso, del desierto del Sahara y ha sido la borrasca Celia, instalada al suroeste de nuestro país y que ha traído fuertes rachas de viento, la encargada de transportarlo directamente a la península ibérica. Se distinguen dos tipos de calima, la que sería como la actual, es decir, la que se forma como consecuencia del arrastre de arena del desierto y se denomina calima A y la calima B, que tiene su origen en la contaminación y los incendios forestales. La A suele afectar a Canarias y la B a ciudades que tienen un alto nivel de contaminación como puede ser Madrid.

“A falta de que finalice el episodio, podemos calificarlo extraordinario. No tanto por la época del año en que se ha producido, sino por la alta densidad de partículas y la extensión de territorio afectado por la intensa calima”, nos cuenta el meteorólogo. También nos dice que en Canarias, donde el fenómeno de la calima es muy común, “hay documentados  bastantes episodios de intensidad similar al que está aconteciendo en la Península”.

La calima del Sahara que tenemos encima tiene efectos perjudiciales para nuestra salud. Tal y como nos cuenta Viñas, “los niveles de partículas PM<10 y PM<2.5 alcanzados superan por mucho los umbrales que establece la Organización Mundial de la Salud. Las personas que padecen enfermedades respiratorias crónicas deben evitar estar al aire libre. Para todos los ciudadanos en general es recomendable el uso en exteriores de una mascarilla FFP2 como las que usamos en la pandemia”. El empeoramiento del aire se ha notado sobre todo en Madrid, Barcelona y Valencia. En algunos barrios de Madrid, el martes por la mañana se superaron las 500 micropartículas (PM10) por metro cubico de aire, mientras que en Almería se llegó a 600 PM10, según datos de Aqicn.

La buena noticia es que se espera que el episodio vaya tocando a su fin mañana jueves y consecuentemente la calidad del aire mejorará mucho en la mayor parte del país. “El miércoles se alcanzará, previsiblemente, un pico destacado”, dice el experto.

El desierto del Sahara

El desierto del Sahara ocupa una extensión de más de 9 millones de kilómetros cuadrados, la mayor parte del norte de África. Sus confines son difusos abarcando desde el este al oeste toda la costa africana y llegando al cinturón de Sahel por el sur. En su extremo norte su límite es gradual y llega casi hasta la costa de Egipto, alejándose unos 500 km del litoral de Marruecos.

En cuanto al polvo que viene del Sahara, existen dos fuentes de polvo fundamentales. Una sería la depresión de Bodélé en el noreste de Chad, que es además la fuente de polvo más intensa del mundo, y la otra la región montañosa de Tibesti al norte de Chad. Según su procedencia, las partículas de polvo pueden variar desde 0,7 µm (micras) hasta 20 µm.

“El polvo mineral sahariano tiene una importante proporción de hierro, que es un buen fertilizante, tanto de las aguas marinas como de las tierras de cultivo. Las partículas también se incorporan al ciclo del agua e intervienen en los procesos de precipitación. En general, una elevada concentración inhibe la lluvia, pero en cantidades más pequeñas actúa como potenciador de la misma”, nos explica Jose Miguel Viñas. Esta lluvia de la que habla el meteorólogo sería la conocida como “lluvia de sangre” o lo que es lo mismo, cuando parece que llueve barro y ensucia todo a su paso.

Mar Aguilar

Mar Aguilar

Me hubiera gustado ser médica pero le tengo terror a la sangre. Con más de 11 años de experiencia en el ámbito periodístico, aprendo cada día un poco más acerca del apasionante mundo que es la ciencia. Puedes escribirme a maguilar@zinetmedia.es

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