Así se entrena a un perro guía

Entrenar a un perro es una tarea constante que requiere de mucha atención y cariño. Si además, su propósito es la ayuda y la asistencia a personas, esta tarea se vuelve compleja y fundamental.

 

Hoy es el Día Internacional del Perro Guía, ese magnífico animal que brinda una ayuda inestimable a personas con problemas de visión, facilitándoles la movilidad y la independencia.

Los perros guía son extraordinariamente inteligentes, capaces no solo de memorizar una enorme cantidad de órdenes para brindar a su compañero humano la accesibilidad que necesita, sino también de ignorar una orden o actuar de forma contraria si perciben que esa orden pone en peligro a su dueño.

Es un poco como las dos primeras leyes de la robótica de Asimov; el perro guía busca la seguridad de su dueño, y cumple sus órdenes siempre que no entren en conflicto con el primer precepto.

Rasgos físicos específicos

No cualquier perro sirve para perro guía. Para determinar su idoneidad, el candidato debe cumplir con determinados parámetros esenciales. Por un lado, el tamaño. Un carlino o un dogo argentino no son buenos perros guía; el primero es demasiado pequeño, el segundo, gigantesco. Por otro lado, además de una alta inteligencia, es preciso un alto grado de vivacidad cerebral, es decir, una habilidad para razonar, recordar, aprender, adaptarse e incluso planificar. Por último, deben ser sociables con otros animales y con los humanos, y saber mantener la calma incluso en situaciones que a cualquier otro perro le serían estresantes.

Los primeros perros guía fueron pastores alemanes, pero actualmente los más usados son los retriever, especialmente el golden, el labrador, y en menor medida, el flat-coated. Son animales dóciles y leales, pero que no muestran timidez ni cobardía; muy seguros de sí mismos, altamente adaptables, y con capacidad de toma de decisiones. Además, son muy cariñosos y serviciales y se vuelcan en el cuidado de sus dueños.

Hay diversas formas de entrenar a un perro guía, y no en todos los lugares se hace de la misma forma; en este aspecto «cada maestrillo tiene su librillo». Pero, en general, el proceso suele comenzar con la selección del cachorro.

Cachorro de golden retriever
Cachorro de golden retriever

El cachorro óptimo

El entrenamiento de un perro guía comienza antes de su nacimiento. Los padres son cuidadosamente seleccionados por sus rasgos, teniendo siempre en cuenta sus antepasados para evitar problemas de consanguinidad. Con apenas con un mes de nacido, el cachorro es sometido a las primeras pruebas mediante evaluaciones de temperamento y de comportamiento.

Por un lado, se evalúa su temperamento pasivo, comprobando el tiempo que tarda en sentarse, tumbarse y pasar a posición de descanso cuando es ignorado. La evaluación mide el temperamento del cachorro en condiciones normales de silencio, y también con un ruido repentino externo antes de iniciar la prueba.

Otra prueba de evaluación está relacionada con el tipo de reacción —ladridos, saltos, encogimiento, erección del pelo…— y tiempo de acercamiento a un objeto que aparece de forma repentina. Se analiza también el nivel de distracción del cachorro al visualizar otro perro, factores como la frecuencia de los gemidos, ladridos, el movimiento de la cola, jadeos…

El cachorro que supera las distintas pruebas es acogido con dos meses de edad en una familia educadora, donde será entrenado básicamente para caminar con correa y con arnés, obedecer órdenes sencillas o seguir un horario para comer y hacer sus necesidades. El animal, en ese período, aprende a convivir con personas cercanas y extrañas, se acostumbra a los ruidos y sonidos a los que se enfrentará en su vida adulta.

Un duro adiestramiento para un noble propósito

Cuando cumplen entre 12 y 14 meses de edad, los perros ingresan en una escuela de adiestramiento, con personas distintas a las que les han educado hasta entonces, por lo que, de nuevo, la adaptación a este entorno nuevo y desconocido supone un filtro más.

En la escuela les enseñan órdenes más específicas: caminar en el lado izquierdo, sortear obstáculos, señalar bordillos y escalones, evitar distracciones o esperar pacientemente cuando el dueño se detiene. Tienen que aprender, además, a comunicar los elementos del entorno de forma eficaz a través de su arnés.

En este proceso de aprendizaje se suelen aplicar los principios del condicionamiento operante, a base de recompensas y castigos. En general hay cuatro tipos de estímulo; refuerzos y castigos, y en cada caso, positivos y negativos. Los refuerzos, en general, buscan perpetuar un comportamiento deseado, a su vez, los castigos tratan de eliminar los comportamientos indeseados.

Joven labrador retriever trabajando. Su usuario lleva un saquito con premios
Joven labrador retriever trabajando. Su usuario lleva un saquito con premios

El refuerzo positivo se basa en premiar una buena acción, por ejemplo, darle un premio cuando, a la orden de sentarse, se sienta. El premio favorece que esa acción se repita en el futuro. El refuerzo negativo también busca perpetuar un comportamiento, pero mediante la eliminación de un estímulo incómodo. Por ejemplo, a la orden de sentarse, se le puede presionar la parte trasera del lomo, de forma incómoda, hasta que el animal se sienta, momento en que la presión desaparece. De esta manera, se perpetúa el comportamiento mediante la eliminación de algo negativo.

El castigo positivo es aquel que añade algo negativo ante una conducta, haciendo que esta deje de realizarse; por ejemplo, si el perro quiere avanzar más de lo que debe, recibir un tirón de la correa sería un castigo positivo. El castigo negativo, por el contrario, elimina algo positivo cuando lleva a cabo la conducta indeseada; por ejemplo, si un perro ladra mucho cuando sale a pasear, el entrenador se quedará quieto y solo avanzará cuando deje de ladrar.

Cuando se entrena a un perro —y más aún un perro guía—, hay que combinar los cuatro tipos de castigos y recompensas, aunque teniendo particular cuidado con los refuerzos negativos y los castigos positivos, que deben ser aplicados con mesura y nunca llegar a la crueldad, porque pueden minar la confianza entre el perro y el adiestrador. Siempre es preferible perder el acceso a una experiencia positiva, que aplicar activamente una experiencia negativa.

El adiestrador debe además adaptarse a cada animal; cada uno tiene sus particularidades y un refuerzo que funcione muy bien en un ejemplar —por ejemplo, darle una golosina como premio o regañarlo cuando hizo algo malo—, puede no funcionar en otro —porque no le guste esa golosina, o porque interpreta la regañina como positiva porque ha recibido atención—.

Además, el perro guía debe aprender la desobediencia inteligente, es decir, aprender a incumplir una orden cuando pone en riesgo al usuario.

Listo para trabajar

Labrador en su última fase del entrenamiento, con su usuario final en un entorno controlado.
Labrador en su última fase del entrenamiento, con su usuario final en un entorno controlado.

Cuando el animal concluye su entrenamiento, es asignado a un usuario. Cada perro, según sus habilidades y características, será idóneo para una u otra persona en función de sus necesidades y su entorno. El perro y su futuro dueño entran en una nueva fase de entrenamiento en un entorno controlado, en la que aprenderán entonces a trabajar juntos, a comunicarse entre sí, y establecerán un íntimo vínculo.

Desde entonces, perro y persona actuarán como compañeros, cuidando el uno del otro, ayudándose mutuamente, en un mutualismo en el que ambos ganan.

REFERENCIAS:

Lazarowski, L. et al. 2021. Development and Training for Working Dogs. Veterinary Clinics of North America: Small Animal Practice, 51(4), 921-931. DOI: 10.1016/j.cvsm.2021.04.009

Tomkins, L. M. et al. 2011. Behavioral and physiological predictors of guide dog success. Journal of Veterinary Behavior, 6(3), 178-187. DOI: 10.1016/j.jveb.2010.12.002

 

Vary (Álvaro Bayón)

Vary (Álvaro Bayón)

Soy doctor en biología, especializado en especies invasoras. Intento divulgar sobre ciencia y naturaleza mientras lucho férreamente contra las pseudociencias y el pensamiento mágico. Cuando me queda tiempo, cazo pokémon y hago artesanía. Además, soy (un poco) adicto al twitter.

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