Así es como los murciélagos 'escuchan' las texturas

La ecolocación de los murciélagos es un órgano mucho más versátil de lo que parece inicialmente: no se trata tan solo de percibir el eco, sino que presenta una complejidad mucho más profunda.

De las más de mil de especies de murciélagos, llaman particularmente la atención los insectívoros nocturnos, con un sentido de la vista muy deficiente, y, sin embargo, con una gran capacidad para desenvolverse en la oscuridad de la noche y cazar insectos. 

Para ello emplean una adaptación evolutiva que muy pocos animales han desarrollado: la ecolocación. Aparte de los murciélagos, el otro gran grupo con capacidad de localizar presas y componer imágenes mentales de las superficies que los rodean utilizando los ecos sonoros son los cetáceos; sin embargo, esta capacidad no tiene un origen común en ambos grupos, sino que ha evolucionado de forma independiente en cada uno de ellos.

Texturas murciélagos

 

La ecolocación

Los murciélagos ecolocalizadores emiten sonidos de alta frecuencia, apenas audibles para el oído humano, que rebotan en las superficies y en los animales, y gracias a un sentido del oído excepcional, escuchan el eco. Su cerebro entonces compone una imagen a partir de esa información sonora, que les permite detectar, localizar y discriminar los objetos de su entorno, de una forma similar a cómo nuestro cerebro convierte en imágenes la información que recibe por el nervio óptico.

Para localizar e identificar con éxito a los insectos, su presa principal, los murciélagos deben ser capaces de discriminar el eco que procede de ellos, del que les devuelve el follaje, las ramas, el suelo, las paredes u otros objetos cualesquiera. Los murciélagos son, por lo tanto, capaces de percibir las interferencias, el tiempo de llegada y los espectros de frecuencia de esos ecos.

Cuando dos superficies lisas se encuentran a dos distancias distintas de la fuente de sonido, el eco que devuelven llega desfasado. Este desfase crea unos patrones de interferencia en las ondas sonoras, con áreas de cancelación y de refuerzo, que están determinadas por la separación del retardo entre los ecos y que a su vez depende de la diferencia en la distancia de ambas superficies. Gracias a que los murciélagos son capaces de detectar estas interferencias, algunas especies son tan eficientes como para percibir diferencias de menos de 1 milímetro en las superficies.

Además, el tiempo que tarda en llegar la onda sonora le permite al murciélago percibir la distancia a la que esa superficie se encuentra. Por otra parte, también disponen de una estrategia para comprobar si un objeto está o no en movimiento respecto a ellos mismos: el efecto doppler. 

Si un cuerpo que emite un sonido se acerca a otro, el eco resultante tendrá una mayor frecuencia, será más agudo; mientras que si se está alejando, el sonido será más grave, al tener una menor frecuencia. El mismo efecto que hace que la ambulancia que se acerca suene con una sirena aguda, mientras que al alejarse, el sonido de la sirena es más grave. Los murciélagos, conocedores de la frecuencia que han empleado en su emisión, perciben esa diferencia y saben, con ello, si se acercan o se alejan de su presa.

Por supuesto, los murciélagos no realizan cálculos complejos. Son capacidades adaptativas, adquiridas a lo largo de millones de años de selección natural, y tan integradas en su biología como es, para los humanos, distinguir si un objeto se acerca o se aleja en función del tamaño con el que lo vemos y el efecto de paralaje que se produce con el fondo.

Escuchando las texturas

Con los ecos e interferencias, los murciélagos perciben la forma de las superficies, Gracias al retardo, pueden calcular distancias, y las diferencias de frecuencia les dan la pista del movimiento relativo de los cuerpos respecto a sí mismos. Pero la capacidad de ecolocación de los murciélagos va más allá.

Se ha comprobado que, ante determinadas superficies, los murciélagos son capaces de modular el intervalo de sus sonidos, su duración, su amplitud y la velocidad de barrido, con el fin de maximizar la información que reciben de sus ecos. Gracias a ello, pueden percibir pequeñas variaciones causadas por distintos tipos de texturas.

En general, los cuerpos lisos y pulidos reflejan el sonido de forma mucho más limpia y nítida, mientras que aquellos con texturas más rugosas generan ecos con más interferencias y ruido y las superficies más aterciopeladas atenúan el eco y lo difuminan. Estas diferencias también son perceptibles por los murciélagos, de modo que gracias al eco que devuelve un objeto, pueden, literalmente, escuchar la textura del objeto.

El conocido biólogo y divulgador científico Richard Dawkins, en 2005, especulaba en una brillante charla TED, que la forma en la que los murciélagos escuchan los ecos de las distintas texturas debe ser similar a la forma en la que nosotros vemos los colores. Aún con los reparos pertinentes, en tanto en cuanto se trata de una especulación antropomórfica, puede resultar una analogía hermosa y a la vez útil que nos ayuda a comprender cómo perciben los murciélagos la realidad, puesto que nosotros, seres humanos con limitaciones humanas, nunca llegaremos a percibirlos realmente.

Referencias:

Dawkins, R. 2005. Why the universe seems so strange. TED Talk.

Falk, B. et al. 2011. Adaptive behavior for texture discrimination by the free-flying big brown bat, Eptesicus fuscus. Journal of Comparative Physiology A, 197(5), 491-503. DOI: 10.1007/s00359-010-0621-6

Simmons, N. B. et al. 2008. Primitive Early Eocene bat from Wyoming and the evolution of flight and echolocation. Nature, 451(7180), 818-821. DOI: 10.1038/nature06549

Vary (Álvaro Bayón)

Vary (Álvaro Bayón)

Soy doctor en biología, especializado en especies invasoras. Intento divulgar sobre ciencia y naturaleza mientras lucho férreamente contra las pseudociencias y el pensamiento mágico. Cuando me queda tiempo, cazo pokémon y hago artesanía. Además, soy (un poco) adicto al twitter.

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