¿A cuál de mis hijos doy de comer?

La evolución ha moldeado dos estrategias básicas: tener mucha descendencia y dedicarle pocos recursos, o tener poca y volcarse en su cuidado. Pero a veces la naturaleza es más compleja de lo que esperamos.

 

En ecología evolutiva, una de las teorías más ampliamente aceptadas fue la teoría de la selección r/K, desarrollada por Wilson y MacArthur en 1967. Esta teoría relaciona la cantidad de descendencia y la inversión de energía que le dedican los padres, con la selección de los rasgos heredados.

Según esta teoría, la tasa de crecimiento neta de una población estaría relacionada con dos constantes, la tasa máxima de crecimiento de la especie, representada por la letra “r” (del alemán rate), y la capacidad de carga del entorno, es decir, la cantidad máxima de recursos que puede proporcionar, representada por la letra “K” (del alemán Kapazitätsgrenze).

Frente a este hecho, habría dos estrategias que pueden tomar los seres vivos, dos direcciones en las cuales la presión selectiva puede dirigir el proceso evolutivo de una especie. Una centrada en incrementar al máximo la tasa reproductiva, a expensas de una menor inversión en el cuidado de la descendencia, y otra en la que se tendría la descendencia justa para alcanzar la capacidad de carga sin excederla, con muy pocas crías e invirtiendo más esfuerzo y recursos en ellas.

Estrategia r contra estrategia K

Camada de ratas, típico animal estratega de la ‘r’
Camada de ratas, típico animal estratega de la ‘r’

Las especies que han evolucionado siguiendo la estrategia r tienen una cantidad masiva de crías, con períodos de gestación muy cortos. Dedican poco tiempo a cuidar de sus crías, y los mismos padres pueden funcionar, desde el principio, como factores significativos en la presión selectiva, ya sea de forma deliberada, o por la misma competencia entre los cachorros por obtener un poco más de cuidados y recursos que el resto, los padres se encuentran ante la tesitura de a cuál de sus hijos dar de comer. De este modo, cada individuo particular tiene muy bajas probabilidades de éxito y la mayoría de las crías mueren antes de dejar descendencia.

En el modelo teórico, son especies con una “r” muy elevada, y una “K” muy baja. Este tipo de estrategia tiene mucho éxito en nichos ecológicos inestables o impredecibles, y se asocia con especies muy fecundas, de pequeño tamaño, con madurez temprana y alta capacidad de dispersión. Entre los mamíferos estrategas de la r están los roedores o, entre las plantas, las gramíneas.

Por el contrario, los seres vivos que siguen la estrategia K invierten esos valores. Son especies que tienen una elevada “K”, y una “r” muy reducida. A este grupo pertenecen organismos de gran tamaño, con larga esperanza de vida, que producen muy pocas crías a lo largo de su vida, pero dedican mucho tiempo y recurso a su crianza, por lo que sus crías tienen muy altas probabilidades de éxito. No son los padres los que seleccionan a qué hijo dar de comer, pues solo tienen uno, y pueden dedicarle todos sus recursos.

La estrategia K es muy exitosa en ecosistemas muy estables. Mamíferos con este tipo de estrategia son, por ejemplo, los elefantes o los grandes cetáceos. Entre las plantas destacan algunas como el cocotero.

Elefantes, típicos estrategas de la ‘K’
Elefantes, típicos estrategas de la ‘K’

Ni blanco ni negro

Una de las dificultades de la teoría de la selección r/K es que, en realidad, muy pocas especies se enmarcan claramente en una de las dos estrategias, la mayoría se distribuyen por un espectro intermedio; algunas que son «más de la K» o «más de la r» que otras —un jabalí es más K que un conejo, pero más r que un rinoceronte—, pero no se pueden catalogar en el patrón de forma definitiva . Y de hecho, algunas especies ni siquiera se pueden enmarcar en dicho espectro.

Por ejemplo, una tortuga laúd puede medir más de dos metros de longitud y pesar hasta 600 kilos. Son animales increíblemente longevos, que pueden sobrepasar los 80 años, y no alcanzan la madurez sexual hasta los 8 años aproximadamente. Todos ellos, rasgos típicos de una especie que sigue una estrategia K. Y sin embargo, cada tres o cuatro años tienen una puesta de más de 100 huevos, que eclosionan a los dos meses. Miles de huevos a lo largo de una vida, de los cuales la mayoría no llegarán a la edad adulta. Un rasgo propio de la estrategia r.

Con muchos árboles sucede algo similar. El olivo es un árbol de crecimiento extraordinariamente lento, que no comienza a dar olivas hasta que no tiene más de 5 o 6 años, y que puede llegar a vivir más de mil años. Rasgos propios de un estratega de la K, que sin embargo, cada año puede dar más de 20 000 olivas.

Olivos, ¿estrategas de la ‘K’ o de la ‘r’?
Olivos, ¿estrategas de la ‘K’ o de la ‘r’?

Nuevas teorías

La física tiene discos de hokey sin fricción;
la termodinámica tiene máquinas de Carnot; y la ecología
evolutiva tiene la selección r/K.

—Laurence D. Mueller (1997)

 

La teoría de la selección r/K resultó ser muy ilustrativa para ejemplos concretos, pero insuficiente para explicar la diversidad natural, y mucho menos, las dinámicas de población. Sus modelos resultaron muy escasos porque simplificaban en exceso la enorme complejidad de la naturaleza y sus intrincadas relaciones, a tal punto que su empleo para interpretar determinados resultados, se consideraba arcaico y bastante ingenuo.

Los modelos demográficos fueron sustituyendo paulatinamente a la teoría de la selección r/K, incorporando no solo las tasas de crecimiento y la capacidad de carga, sino también patrones de mortalidad, densidad de población, disponibilidad de recursos, fluctuaciones ambientales, relaciones con otros seres vivos y otras muchas variables relacionadas con la historia evolutiva de la población a estudiar.

Sin embargo, siempre que se tenga en cuenta que se trata de una simplificación, el escenario que nos proporciona la teoría de selección r/K sigue teniendo un gran valor didáctico. Nos permite mostrar tendencias, establecer comparaciones entre especies que presentan distintos comportamientos, o incluso enseñar, a través de los huecos de conocimiento que deja, que la ciencia siempre establece conocimientos provisionales que, en el futuro, pueden ser corregidos, mejorados, ampliados o complementados con nuevos datos.

REFERENCIAS:

Bertram, J. et al. 2019. Density-dependent selection and the limits of relative fitness.

Theoretical Population Biology, 129, 81-92. DOI: 10.1016/j.tpb.2018.11.006 MacArthur, R. H. et al. 1967. The Theory of Island Biogeography. Princeton University Press.

Mueller, L. D. 1997. Theoretical and Empirical Examination of Density-Dependent Selection. Annual Review of Ecology and Systematics, 28, 269-288.

Pianka, E. R. 1970. On r- and K-Selection. The American Naturalist, 104(940), 592-597. DOI: 10.1086/282697

Reznick, D. et al. 2002. r- and K-selection revised: the role of population regulation in life-history evolution. Ecology, 83(6), 1509-1520. DOI: 10.1890/0012-9658(2002)083[1509:RAKSRT]2.0.CO;2

Vary (Álvaro Bayón)

Vary (Álvaro Bayón)

Soy doctor en biología, especializado en especies invasoras. Intento divulgar sobre ciencia y naturaleza mientras lucho férreamente contra las pseudociencias y el pensamiento mágico. Cuando me queda tiempo, cazo pokémon y hago artesanía. Además, soy (un poco) adicto al twitter.

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