5 extraños actos sexuales del reino animal

Entre las formas de reproducción de los animales existen auténticas rarezas que se salen de lo que los humanos percibimos como “normal”.

 

En nuestra forma limitada de ver el mundo, algunos comportamientos del reino animal, de tan ajenos, llegan a resultarnos casi alienígenas. De todas las formas de comportamiento, las que tienen que ver con la reproducción son siempre más llamativas y sorprendentes.

Desde hembras caníbales hasta machos que paren, desde peces que cambian de sexo, hasta animales que, durante la cópula, pierden miembros, en la naturaleza encontramos una gran diversidad de actos sexuales.

Canibalismo sexual

Mantis religiosa
Mantis religiosa

Cuando hablamos de canibalismo durante el acto sexual pensamos inmediatamente en la mantis religiosa, aunque no es un comportamiento tan habitual como se cree. En el medio natural, dos de cada tres encuentros sexuales entre un macho y una hembra de mantis religiosa terminan con ambos miembros vivos.

Este comportamiento responde a una adaptación ventajosa para la hembra, especialmente cuando escasea el alimento. Canibalizar a su pareja proporciona a la hembra nutrientes de calidad que les permita aumentar el tamaño de su puesta.

La adaptación para el macho es menos intuitiva, pero va en el mismo sentido: si en el entorno la probabilidad de fertilizar a más de una hembra es escasa, sacrificarse dará lugar a una mayor cantidad de huevos fertilizados que heredarán la genética del macho.

Sin embargo, se ha observado que también hay un efecto contraproducente en el canibalismo. Cuando el macho no es canibalizado, tiene el pleno control de sus actos, incluyendo el coito, y esto le permite introducir el espermatóforo —una pequeña cápsula que contiene los espermatozoides— mucho más profundo en el cuerpo de la hembra, consiguiendo un mayor éxito en la fecundación.

Los machos que paren

Dragón de mar
Dragón de mar

El caso de los caballitos de mar representa, junto con los peces pipa y los dragones de mar, los únicos casos de animales conocidos en los que la preñez es cosa del padre.

Como en todos los vertebrados, la hembra produce óvulos y el macho espermatozoides. Sin embargo, y a diferencia de lo que suele ser común, durante la cópula no es el macho el que introduce el esperma en el cuerpo de la hembra, sino ella la que penetra a su compañero con su ovopositor —un apéndice especializado para poner huevos— y deposita los óvulos no fertilizados en su interior, específicamente en un órgano llamado bolsa de cría, donde son fecundados y la cáscara del huevo se descompone.

Gracias a un tejido que produce el macho y crece alrededor de los embriones, análogo a la placenta de los mamíferos, proporciona a los embriones los nutrientes y oxígeno necesarios, y mantiene los niveles de salinidad en condiciones óptimas.

Cuando las crías están listas, son expulsadas a través del mismo orificio que la hembra empleó para la puesta. El macho, de este modo, literalmente pare las crías vivas.

Esta inversión de los roles de la preñez también es acompañada por un cambio en otros comportamientos; mientras que la hembra es más competitiva, los machos son más exigentes y selectivos con sus parejas.

Madre asesina y padre sobreprotector

Combatientes de Siam
Combatientes de Siam

Entre los aficionados a la acuariofilia hay un pez muy atractivo, el macho del combatiente de Siam, que suele exhibir unas aletas enormes, vivos colores, y un instinto territorial feroz. Pero además es un pez fácil de criar. Esto es importante, ya que en estado natural se encuentra amenazado —calificado como “vulnerable” según la UICN—, por lo que la crianza en cautividad es la mejor manera de tener a estos animales en un acuario mientras se protege a la especie.

Aunque se trata de un pez, respira aire atmosférico como nosotros, gracias a un órgano llamado laberinto, muy vascularizado, análogo a nuestros pulmones, que se expande por el interior del cráneo desde la parte superior de las branquias. Gracias a esta capacidad, el macho puede crear un nido de burbujas muy peculiar, esencial en el proceso de cortejo. La hembra evaluará los nidos de los machos y elegirá el que considere mejor.

Cuando la hembra está lista para desovar, el macho golpea su vientre, y la abraza para fecundar los huevos según salen. El macho entonces recoge los huevos con su boca y los deposita en su nido de burbujas, donde estarán protegidos. Si alguna burbuja se rompe y el huevo se precipita, el macho lo recoge rápidamente con su boca y fabrica nuevas burbujas donde depositarlo. La dedicación al cuidado de los huevos y luego de los alevines es total. Hasta pasada una semana, los pequeños peces no desarrollan vejiga natatoria que les permite nadar con libertad, y por tanto, son totalmente dependientes de los cuidados de su padre.

Y estos cuidados son esenciales, porque, tras la puesta, la hembra trata de canibalizar los huevos o las crías.

Perdiendo el brazo en el intento

Concha de hembra de argonauta
Concha de hembra de argonauta

Cuando los pulpos y calamares van a reproducirse, el cuerpo del macho sufre varias transformaciones. La más relevante es la formación del hectocótilo, un brazo modificado, en cuyo extremo se dispone una estructura con la que recoger su espermatóforo del interior de su cuerpo e introducirlo en el cuerpo de la hembra.

Esta forma de cópula ya es bastante peculiar, pero los argonautas están a otro nivel. A pesar del aspecto de las hembras, con una concha recuerda a la de un nautilo, los argonautas son octópodos, es decir, pertenecen al grupo de los pulpos. Tienen un dimorfismo sexual muy marcado; la concha de la hembra puede alcanzar los 30 centímetros, aunque su cuerpo apenas mide 10 centímetros; por otro lado, el macho no solo carece de concha, sino que mide cinco veces menos.

Cuando se da la reproducción, el macho diminuto se acopla a la hembra, e introduce su hectocótilo en el cuerpo de ella, como todos los pulpos. Sin embargo, en este caso el macho se desprende después del brazo, en un proceso denominado autotomía. Durante mucho tiempo, y hasta que se consiguió desentrañar este extraño comportamiento, se pensaba que los hectocótilos abandonados en el interior de la hembra eran una suerte de parásitos.

Cambiando de sexo

Peces payaso
Peces payaso

Durante la primera y triste escena de la película Buscando a Nemo, una pareja de peces payaso, Marlin y Coral, observa con orgullo la enorme puesta de 400 huevos hasta que una barracuda aterradora pone fin a tan idílica imagen, devorando a la hembra y a todos los huevos menos uno. El macho, triste y solitario, se vuelca entonces en la crianza del único superviviente, Nemo.

El principio de la película no es muy distinto de la realidad, con la diferencia de que, generalmente, no forman parejas sino pequeños cardúmenes. Cada grupo suele ocupar una anémona o un grupo de ellas, y se compone de una hembra — siempre la dominante—, un macho reproductivo y varios machos menores sin derecho a reproducción. Al margen de ese detalle, el proceso es similar. Los machos limpian cuidadosamente la anémona y, cuando la zona está lista, la hembra dispone los huevos, que son regados después por el esperma del macho reproductivo.

Una sola puesta puede tener de 300 a 500 huevos. El cuidado de la puesta recae sobre el macho, que deberá limpiar y vigilar los huevos contra posibles intrusos. Pero si un depredador se acerca, es la hembra, más grande y agresiva, la que suele defender el nido.

Sin embargo, si la hembra muere —como le sucede a Coral en la película—, el cardumen se queda sin líder, y comienza un proceso muy curioso. El macho reproductor comienza a acumular estrógenos y transiciona a hembra en poco tiempo . Se convierte en la dominante del cardumen, y el siguiente macho en la jerarquía se transforma en el macho reproductor. A este suceso se le llama hermafroditismo protándrico —del griego πρωτο-, prōto-, 'primero' y ἀνδρός, andrós, 'varón'—, es decir, aunque el animal a lo largo de su vida puede tener los dos sexos, aparecen de forma secuencial, primero es macho, cambian a hembra solo a partir de cierto momento.

REFERENCIAS:

 

Goss, R. J. 1992. The evolution of regeneration: Adaptive or inherent? Journal of Theoretical Biology, 159(2), 241-260. DOI: 10.1016/S0022-5193(05)80704-0

Hinojosa Ruiz, C. 2018. El ABC del pez Betta splendens. Publicación independiente.

Lawrence, S. E. 1992. Sexual cannibalism in the praying mantid, Mantis religiosa: a field study. Animal Behaviour, 43(4), 569-583. DOI: 10.1016/S0003-3472(05)81017-6

Madhu, K. et al. 2006. Protandrous hermaphroditism in the clown fish Amphiprion percula from Andaman and Nicobar islands. Indian Journal of Fisheries, 53(4), 373-382.

Stölting, K. N. et al. 2007. Male pregnancy in seahorses and pipefish: beyond the mammalian model. BioEssays, 29(9), 884-896. DOI: 10.1002/bies.20626

Vary (Álvaro Bayón)

Vary (Álvaro Bayón)

Soy doctor en biología, especializado en especies invasoras. Intento divulgar sobre ciencia y naturaleza mientras lucho férreamente contra las pseudociencias y el pensamiento mágico. Cuando me queda tiempo, cazo pokémon y hago artesanía. Además, soy (un poco) adicto al twitter.

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