5 animales asombrosos que ''vuelan'' sin alas

No todos los animales que surcan el aire tienen alas, los hay capaces de planear gracias a distintas adaptaciones evolutivas. Hoy exploraremos 5 de ellos.

Todos conocemos animales que, sin alas, son capaces de volar o planear distancias más o menos largas. Hablamos de "volar" cuando se realiza un movimiento activo y propulsado, como un avión a motor, un helicóptero o un cohete a propulsión; y nos referimos a planear cuando el movimiento está mantenido tan solo una sustentación pasiva, como sucedería con un avión de papel. Cuando se trata el tema de animales planeadores, siempre se hace referencia a las ardillas voladoras o a los peces voladores. Pero hay muchos más que han desarrollado estrategias evolutivas que les permite planear largas distancias, y en algunos casos, incluso volar sin alas. Hoy traemos cinco animales asombrosos que consiguen moverse por el aire sin alas.

Lagarto planeador, el dragón que planea con sus costillas

Lagarto planeador con alas extendidas
Lagarto planeador con sus “alas” extendidas (Wikimedia / CC BY 0.3 Biophilia curiosus

El lagarto planeador común (Draco sumatranus) es un reptil peculiar de pequeño tamaño, endémico de los archipiélagos del sudeste asiático, con una serie de adaptaciones extraordinarias.

Por un lado, presenta unas expansiones membranosas a los costados del cuerpo, denominados patagios, que se sostienen en las costillas torácicas. La estructura de estos huesos está elongada, y los músculos, que en otros animales permiten que la caja torácica se expanda y se contraiga, en los lagartos planeadores se han especializado para permitir que las costillas transformadas se abran o se cierren, extendiendo o plegando los patagios.

Otras membranas más se extienden bajo la garganta, y se asientan en cartílagos alargados y móviles que parten del hueso hioides. Se piensa que estas expansiones a los lados de la garganta, que también pueden plegarse, actuarían mejorando el equilibrio, la estabilidad y facilitando que el animal pueda ganar altitud durante el planeo. Además, las patas traseras también están aplanadas y se combinan con unas escamas laterales expandidas en la base de la cola para mejorar la superficie aerodinámica efectiva que facilita la función de timón.

Manta gigante, el planeador más grande de la tierra

Manta gigante planeando
Manta gigante planeando

El animal más grande del mundo capaz de planear se encuentra en el mar. Hablamos de la manta gigante (Mobula birostris), un pez enorme que puede alcanzar hasta siete metros de envergadura y tres toneladas de peso.

Para prepararse, la manta pliega sus apéndices bucales contra la boca y aplana su cuerpo. Se impulsa entonces con la potencia de sus aletas, a gran velocidad, rompiendo la superficie del agua. Ya en el aire, continúa aleteando, mientras planea hasta volver a caer al agua.

Las razones por las que las mantas realizan estos largos saltos fuera del agua no están claras. Es improbable que lo hagan para escapar de los depredadores, y dado que se alimentan de plancton, tampoco lo hacen para alimentarse. Se han propuesto, como hipótesis, que pueda deberse a una forma de comunicación o de exhibición social, aunque lo más probable es que, simplemente, se trate de una forma de ahorrar energía. Aunque el salto en sí suponga un esfuerzo, moverse por el aire implica menor rozamiento, y, por tanto, menor resistencia que hacerlo por el agua.

Arañas, pilotos de ingenios voladores

Hebras de tela de araña para volar
Hebras de tela de araña listas para echar a volar (Wikimedia / CC BY 3.0 Little Grove Farms

Muchas especies de arañas se desplazan por el viento, pero no tienen adaptaciones corporales para hacerlo, sino que fabrican un vehículo con su seda. Primero buscan un terreno elevado desde el que lanzarse. Allí preparan su equipo de vuelo, construido exclusivamente con seda. Fijan la seda en un punto, y van tejiendo una serie de estructuras filamentosas que, llegado el momento, se desprenden de sus amarres y surcan el aire, con la araña suspendida en ellas. Se han encontrado arañas flotando a 4000 metros de altitud, y se sabe que consiguen desplazarse cientos de kilómetros de distancia.

La técnica de estas arañas se ha comparado tradicionalmente con el funcionamiento de un parapente. Por supuesto, el viento tendría mucho que ver, y lo tiene durante el vuelo; sin embargo, se ha observado que las arañas tienen preferencia por iniciar el vuelo cuando el viento está en calma. Lo que hacen no es, en realidad, flotar en el viento, emplean otro sistema muy diferente.

La atmósfera es un fluido cargado eléctricamente, algo que evidenciamos muy bien durante una tormenta, y las arañas pueden percibirlo. La seda de las arañas también tiene cierta carga, que permite que las hebras se mantengan separadas unas de otras sin enredarse, por efecto de la repulsión, y además, generar la fuerza suficiente para despegar y volar.

La serpiente que planea cambiando su forma

Serpiente voladora del paraíso
Serpeinte voladora del paraíso (A) planeando, (B) en detalle y (C) esquema de su sección corporal (Holden et al. 2014).

Entre los animales capaces de planear sin alas, las serpientes del género Chrysopelea tienen una de las adaptaciones más completas. En el árbol, su forma es la de una serpiente normal, con una sección circular. Pero cuando se impulsa hacia el vacío y extiende su cuerpo para planear, no solo lo hace a lo largo, sino que además cambia su forma.

Extiende sus costillas, adquiriendo un corte muy aplanado, cóncavo por arriba y convexo casi plano en el vientre. Esa forma tan peculiar, sumada a su gran longitud, le proporciona un aerodinamismo poco intuitivo, pero muy eficaz. Es realmente remarcable el hecho de que la serpiente no conserva una simetría bilateral —de izquierda a derecha—; su vuelo es ondulante como sería su desplazamiento por tierra, y al arquearse a un lado y al otro, el lado del cuerpo que queda en la curva interior de la ondulación es más grueso que el lado exterior. Sin embargo, sí que presenta una simetría longitudinal, lo que la hace única entre los animales planeadores, y le proporciona una capacidad de maniobra envidiable, sin la necesidad de un timón.

Los esquivos calamares voladores

calamares volando
Esquema (arriba) y fotografías (abajo) de calamares (a) despegando, (b) propulsándose, (c) planeando y (d) amerizando (Muramatsu et al. 2013).

Los calamares voladores de la familia Ommastrephidae quizá sean los animales capaces de volar más fascinantes. Hasta donde sabemos, los calamares voladores inician su despegue con sus aletas y sus brazos plegados, adquiriendo la forma de un cohete. Una vez en el aire, extienden las aletas y los brazos, expandiendo la membrana entre ellos. Los colocan de tal modo que crean una superficie de sustentación. Pero lo más fascinante es que no solo planean, sino que realmente vuelan empleando un sistema que ningún otro animal conocido utiliza: la propulsión a chorro.

En la anatomía de un calamar, como en la del resto de los cefalópodos, hay una cavidad llamada manto, que puede llenar de agua, con una salida al exterior llamada sifón, por donde expulsar esa agua a presión. Mientras vuelan, los calamares voladores tienen cierta capacidad de maniobra, ya sea cambiando de altura o de dirección, dirigiendo el chorro en distintas direcciones a voluntad.

Cuando el agua del manto se agota, comienzan a planear. Incluso en esta fase, se piensa que puede dirigir el vuelo al menos lateralmente, cambiando el ángulo de sus brazos. Al acercarse a la superficie repliega sus aletas y brazos, entrando con la misma forma de cohete con la que emergió. La reentrada es limpia, apenas provoca salpicaduras ni rebotes.

Se estima que, de este modo, los calamares pueden llegar a realizar vuelos de más de 30 metros de distancia en apenas 3 segundos, una proeza digna de mención dado que hablamos de animales cuyo cuerpo —sin contar los brazos— mide menos de 15 centímetros de longitud.

 

REFERENCIAS:

 

Holden, D. et al. 2014. Aerodynamics of the flying snake Chrysopelea paradisi : how a bluff body cross-sectional shape contributes to gliding performance. Journal of Experimental Biology, 217(3), 382-394. DOI: 10.1242/jeb.090902
McGuire, J. A. et al. 2011. The Biology of Gliding in Flying Lizards (Genus Draco) and their Fossil and Extant Analogs. Integrative and Comparative Biology, 51(6), 983-990. DOI: 10.1093/icb/icr090
Morley, E. L. et al. 2018. Electric Fields Elicit Ballooning in Spiders. Current Biology, 28(14), 2324-2330.e2. DOI: 10.1016/j.cub.2018.05.057
Muramatsu, K. et al. 2013. Oceanic squid do fly. Marine Biology, 160(5), 1171-1175. DOI: 10.1007/s00227-013-2169-9
Rayner, J. M. V. 1986. Pleuston: animals which move in water and air. Endeavour, 10(2), 58-64. DOI: 10.1016/0160-9327(86)90131-6
 
Vary (Álvaro Bayón)

Vary (Álvaro Bayón)

Soy doctor en biología, especializado en especies invasoras. Intento divulgar sobre ciencia y naturaleza mientras lucho férreamente contra las pseudociencias y el pensamiento mágico. Cuando me queda tiempo, cazo pokémon y hago artesanía. Además, soy (un poco) adicto al twitter.

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