3 superdepredadores anteriores a los dinosaurios

Antes de que existieran los gigantescos Tyrannosaurus, hubo muchos otros superdepredadores que eran el terror de sus ecosistemas.

De los grandes superdepredadores de la historia, el animal que viene a nuestra mente es el enorme y aterrador Tyrannosaurus rex. Sin embargo, este dinosaurio, injustamente sobrevalorado por muchos, no fue el depredador terrestre más grande, como se afirma; otros dinosaurios superaban en tamaño al ‘reptil tirano’.

Es cierto que, desde que los dinosaurios no avianos se extinguieron, no ha habido depredadores más grandes en el medio terrestre. No obstante, los grandes depredadores no son un fenómeno exclusivo del mesozoico. Actualmente, habitan en el océano depredadores verdaderamente colosales, como los cachalotes. Y antes de los dinosaurios, la figura del superdepredador también estuvo presente.

Anomalocaris, el primer superdepredador

Anomalocaris, el primer superdepredador
Anomalocaris, el primer superdepredador

La figura ecológica del superdepredador se remonta a los inicios de la dinámica de depredadores y presas, durante un periodo de la historia de la tierra, el Cámbrico, hace más de 500 millones de años.

A principios del Cámbrico, sucedió en la biosfera un evento de radiación evolutiva único. Y es que, si bien han sucedido otros eventos similares más recientes, ninguno con la magnitud de la gran explosión cámbrica. Duró 12 millones de años, y surgieron los esqueletos, los exoesqueletos, las conchas, los dientes, las mandíbulas, las patas articuladas... un breve periodo de la historia de la vida en la que la evolución ‘se volvió loca’.

En este periodo surgió la mayor parte de los grandes grupos de animales que han sobrevivido hasta hoy —incluyendo los vertebrados—, y también muchas de las dinámicas ecológicas que hoy conocemos, incluyendo, por supuesto, la del depredador y la presa, que se convirtió en uno de los motores evolutivos más potentes.

Y de esa radiación evolutiva tan exagerada surgió el primer gran superdepredador. Su nombre: Anomalocaris, literalmente, ‘cangrejo extraño’, un artrópodo perteneciente a los dinocáridos, un grupo hoy extinto.

Anomalocaris presentaba un par de ojos pedunculados, con hasta 16 000 lentes en cada ojo; tenía capacidad de visión en color y percepción de la profundidad. Esto le permitía identificar fácilmente a sus presas, que asía con un par de apéndices espinosos. Con ellos rompía el exoesqueleto de sus presas, si lo tuviesen, y succionaba las partes blandas del interior gracias a su cono bucal.

Las primeras estimaciones sobre su tamaño, basadas en extrapolaciones de distintas partes corporales, atribuían a este animal hasta un metro de longitud. Hoy sabemos que era algo menos de la mitad, pero sigue siendo un tamaño descomunal, teniendo en cuenta que vivía en un mar en el que la mayor parte de los animales eran más pequeños que la palma de una mano humana —y algunos, de tamaño casi microscópico—.

Euriptéridos, los escorpiones marinos gigantes

Euriptéridos o escorpiones marinos gigantes (C.R. Knight)
Euriptéridos o escorpiones marinos gigantes (C.R. Knight)

Para encontrar al siguiente superdepredador debemos avanzar hasta hace más de 450 millones de años. En los océanos del Ordovícico, los quelicerados — artrópodos que presentan quelíceros como aparato bucal, como las modernas arañas, escorpiones, ácaros o las cacerolas de las Molucas— evolucionaron hasta adquirir multitud de formas distintas. Y un grupo concreto, los euriptéridos, se convirtieron en el terror de los mares.

Conocidos coloquialmente como escorpiones marinos, forman un gran grupo que, desde su origen, a mediados del periodo Ordovícico, consiguió superar dos extinciones masivas —la del Ordovícico-Silúrico y la del Devónico-Carbonífero— antes de desaparecer a finales del Pérmico, durante la Gran Mortandad, junto a más del 80 % de las especies marinas.

Aunque no se han encontrado restos de euriptéridos que conserven el contenido intestinal identificable, su propia biología sugiere un comportamiento depredador. Presentaban visión estereoscópica, largas patas delanteras con pinzas, espinas o incluso garras. Sí se han encontrado coprolitos —excrementos fósiles— que se atribuyen a euriptéridos, que revelan la presencia de restos de trilobites, otros euriptéridos, y peces. Y es que, con dos metros de longitud, Pentecopterus decorahensis, de finales del Ordovícico, no solo es uno de los artrópodos más grandes conocidos, sino que era más grande que cualquiera de los peces de su época.

Anteosaurus, el enigmático superdepredador del pérmico

Anteosaurus, el enigmático superdepredador del pérmico
Anteosaurus, el enigmático superdepredador del pérmico

Mucho más recientemente, durante el periodo Pérmico, hace entre 300 y 250 millones de años, la vida terrestre ya se había diversificado. Ecosistemas mucho más complejos dominaban el paisaje, con una abundante biodiversidad.

Muchos de los grupos de animales que existen hoy tienen su origen en ese periodo, entre otros los antepasados de los mamíferos. Son los sinápsidos, mal llamados ‘reptiles mamiferoides’ —pues no son verdaderos reptiles, los saurópsidos, pertenecen a otro linaje distinto—. El sinápsido más famoso es, sin duda alguna, el género Dimetrodon, habitante del Pérmico Inferior, que fue el superdepredador de su época, y alguna de cuyas especies podía superar los tres metros de longitud.

Sin embargo, a finales del Pérmico, extinto ya el género Dimetrodon, un nuevo animal ocupó el nicho ecológico de la cima en la red trófica: Anteosaurus. A pesar de su nombre —saurus procede del griego σαῦρος, saûros, 'lagarto'— es un dinocéfalo, perteneciente al gran grupo de los sinápsidos, como Dimetrodon, y, por tanto, tampoco se trata de un reptil verdadero. Está más cercanamente emparentado con los humanos que con cualquier reptil moderno.

Aunque no disponemos de restos completos de Anteosaurus, sí se han identificado cráneos que superan los 80 centímetros de longitud. Las estimaciones realizadas con otros dinocéfalos indican que su longitud total debía de ser en torno a los cinco metros. Esto le convertiría en el saurópsido no mamífero más grande conocido.

Cuando fue descubierto, se pensaba que era un animal de hábitos similares a los cocodrilos actuales, que viviría en el agua y arrastraría a las presas a él, hoy sabemos que se trataba de una criatura mucho más activa. Además, como otros dinocéfalos, era capaz de proyectar repentinamente su cuerpo hacia adelante, una habilidad que otros dinocéfalos usaban para emprender combates a cabezazos, pero que, probablementeme, Anteosaurus empleara como estrategia de caza.

Referencias:

Benoit, J. et al. 2021. Palaeoneurology and palaeobiology of the dinocephalian Anteosaurus magnificus. Acta Palaeontologica Polonica, 66. DOI: 10.4202/app.00800.2020

Lamsdell, J. C. et al. 2015. The oldest described eurypterid: a giant Middle Ordovician (Darriwilian) megalograptid from the Winneshiek Lagerstätte of Iowa. BMC Evolutionary Biology, 15(1), 169. DOI: 10.1186/s12862-015-0443-9

Lerosey-Aubril, R. et al. 2018. New suspension-feeding radiodont suggests evolution of microplanktivory in Cambrian macronekton. Nature Communications, 9(1), 3774. DOI: 10.1038/s41467-018-06229-7

Paterson, J. R. et al. 2011. Acute vision in the giant Cambrian predator Anomalocaris and the origin of compound eyes. Nature, 480(7376), 237-240. DOI: 10.1038/nature10689

Selden, P. A. 1984. Autecology of Silurian eurypterids. Special Papers in Palaeontology, 32, 39-54.

Vary (Álvaro Bayón)

Vary (Álvaro Bayón)

Soy doctor en biología, especializado en especies invasoras. Intento divulgar sobre ciencia y naturaleza mientras lucho férreamente contra las pseudociencias y el pensamiento mágico. Cuando me queda tiempo, cazo pokémon y hago artesanía. Además, soy (un poco) adicto al twitter.

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