3 guerras del reino animal que quizá no conocías

La guerra no es patrimonio exclusivo de la especie humana; en el reino animal hay criaturas que batallan… y criaturas que se defienden.

Aunque la mayoría asume que la guerra es patrimonio del ser humano, no hay ninguna ley natural que impida que otros animales realicen lo que los seres humanos llamamos “actos de guerra”.

Un ejército de hormigas

Maniobrar con un ejército es ventajoso; con una multitud
indisciplinada, lo más peligroso.
— Sun Tzu

Los conflictos bélicos son más habituales entre los animales sociales. Y son más frecuentes y brutales cuanto mayor cohesión social exista dentro de cada grupo. La pertenencia a una sociedad y la competencia por los recursos respecto a otras sociedades son los ingredientes perfectos para el conflicto. Y si hay un grupo de animales que se caracterice por formar sociedades, es el de las hormigas.

Entre las hormigas los conflictos bélicos son bastante habituales.
Entre las hormigas los conflictos bélicos son bastante habituales.

En el continente americano, dos especies de hormigas hacen la guerra. La hormiga de fuego (Solenopsis invicta) es una de las especies más agresivas de Norteamérica. Extraordinarias arquitectas, si consideramos la arquitectura como la construcción de estructuras empleando su propio cuerpo; destacan por la habilidad de realizar balsas con las que sortear zonas inundadas. Pero una de sus pasiones es la ofensiva contra otra especie de hormiga con la que comparte hábitat: la especie Pheidole dentata.

Para evitar la invasión de los hormigueros, sin embargo, las defensoras tienen ciertas adaptaciones evolutivas. La más destacada es la presencia de dos formas dentro de la casta de las obreras. Una de ellas, más pequeña, es rápida y suele ser la encargada de dar la voz de alarma que induce el reclutamiento de las tropas. La alarma se basa en una feromona volátil. La presencia de una sola hormiga de fuego es suficiente para que el hormiguero de Pheidole comience a defenderse.

Sin embargo, es la segunda forma de obrera, la más grande, la hormiga soldado, la que lleva la fuerza de la defensa. Con su enorme cabeza muy endurecida, y sus poderosas mandíbulas, consigue destrozar el cuerpo de su enemiga y mantener la batalla fuera del hormiguero.

Si el ejército de la hormiga de fuego es lo suficientemente numeroso como para superar las defensas del hormiguero de Pheidole, al menos los soldados habrán conseguido ganar el tiempo suficiente como para evacuar la colonia y salvar a los sexuados y las larvas y huevos.

Suricatas y la danza de la guerra

Luchar y conquistar en tus batallas no es la excelencia suprema; lo
es romper la resistencia del enemigo sin luchar.
— Sun Tzu

Cuando los mamíferos son sociales, y sus comunidades están bien cohesionadas, son comunes los conflictos con las comunidades vecinas por el territorio o por los recursos. Ese es el caso de los suricatas (Suricata suricatta), animales en los que cuando dos grupos se encuentran, prácticamente siempre muestran hostilidad.

Suricatas en su danza de la guerra (R. Sutcliffe, Kalahari Meerkat Project).
Suricatas en su danza de la guerra (R. Sutcliffe, Kalahari Meerkat Project).

En el entorno semidesértico del Kalahari, los grupos de suricatas se ven fácilmente desde la distancia, y eso ayuda a que, en caso de que comience un conflicto, un grupo evite a otro antes de que suceda una escalada de violencia incontrolable, algo que sucede pocas veces. Normalmente, un grupo solo se retira cuando está en clara inferioridad.

Cuando el conflicto va a más, parte de la escalada de violencia se observa como una especie de danza de la guerra. En ella, los suricatas, todos juntos, yerguen su cola e hinchan su pelaje. El duelo de baile se mantiene mientras los animales de ambos bandos se acercan.

La danza termina en persecuciones, pero el conflicto rara vez termina en contacto físico directo. Lo habitual es que, tras la danza de guerra, uno de los grupos retroceda cediendo el territorio al bando vencedor.

Los emús guerrilleros

El estratega victorioso solo busca la batalla después de haber
conseguido la victoria; el que está destinado a la derrota
primero lucha y luego busca la victoria.
— Sun Tsu

Quizá se trate de uno de los ejemplos más surrealistas de animales de dos especies distintas entrando en guerra. Una guerra un tanto desigual, pues solo uno de los combatientes atacó; el otro se limitó a huir y defenderse.

Por un lado, los emús, de complicado nombre científico Dromaius novaehollandiae, y, por otro lado, tal vez la especie más beligerante de todas: Homo sapiens. Concretamente, la Real Artillería Australiana. La fecha, finales de 1932. Y el emú no es un animal agresivo, pero el ser humano sí lo es.

Un emú no parece un gran combatiente, y realmente no lo es.
Un emú no parece un gran combatiente, y realmente no lo es.

Pero vayamos a los antecedentes de este conflicto. Es 1929, acababa de iniciarse la Gran Depresión, en Australia Occidental una gran cantidad de colonos, exsoldados de la Primera Guerra Mundial, recondujeron su carrera al cultivo de trigo bajo la promesa de generosos subsidios. Poco tiempo después, la ruina arrasó la zona; los subsidios nunca llegaron y la sequía asoló los campos ayudada por las plagas de conejos.

Y todo se complicó con la llegada de 20 000 emús, que además de arrasar con las ya maltrechas cosechas, derribaban las barreras que levantaban los agricultores para evitar la entrada de los conejos.

Como buenos soldados, los colonos conocían la eficacia de las armas, y solicitaron al gobierno australiano que movilizara las tropas. No solo lo hicieron, sino que con fines propagandísticos, llevaron a un cinematógrafo de la Fox Movietone.

En el conflicto bélico comenzado el 2 de noviembre, apenas consiguieron abatir un puñado de aves. Los soldados no conseguían acercarse lo suficiente, y las armas apenas tenían alcance. En menos de una semana, habían gastado el 25 % de la munición asignada para abatir apenas a 200 emús. Pero no era el único problema. Cada vez que abrían fuego, las aves echaban a correr en todas las direcciones, pisoteando los campos de cultivo y causando aún más pérdidas económicas.

Si tuviéramos una división militar con las capacidades de estas
aves, se enfrentaría a cualquier ejército del mundo. Podrían 
enfrentarse a las ametralladoras con la invulnerabilidad de los tanques.
Son como los zulús, a quienes ni siquiera las balas expansivas detendrían.

— Comandante G.P.W. Meredith

La guerra se prolongó hasta el 10 de diciembre. En el informe final se notificó un total de 986 bajas en el bando de los emús, pero a un coste inasumible. Además, teniendo en cuenta que la población se estimaba en 20 000, se puede decir que los escuadrones de aves quedaron más o menos intactos. Las tropas australianas se retiraron, derrotadas por la incapacidad y el desánimo, con graves pérdidas económicas —tanto por la pérdida de munición, como por el movimiento de tropas y la pérdida de cultivos causada—. Aunque con el alivio de no haber sufrido bajas humanas durante el conflicto bélico.

REFERENCIAS:

Dyble, M. et al. 2019. Intergroup aggression in meerkats. Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences, 286(1917), 20191993. DOI: 10.1098/rspb.2019.1993
Johnson, M. 2006. ‘Feathered foes’: Soldier settlers and Western Australia’s ‘Emu War’ of 1932. Journal of Australian Studies, 30(88), 147-157. DOI: 10.1080/14443050609388083
Vidal Cordero, J. M. 2021. Las hormigas. CSIC, Catarata.
Wilson, E. O. 1976. The Organization of Colony Defense in the Ant Pheidole dentata Mayr (Hymenoptera: Formicidae). Behavioral Ecology and Sociobiology, 1(1), 63-81.
Vary (Álvaro Bayón)

Vary (Álvaro Bayón)

Soy doctor en biología, especializado en especies invasoras. Intento divulgar sobre ciencia y naturaleza mientras lucho férreamente contra las pseudociencias y el pensamiento mágico. Cuando me queda tiempo, cazo pokémon y hago artesanía. Además, soy (un poco) adicto al twitter.

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