10 cosas que no sabías de los piojos

Así son estos bichos que atacan a uno de cada diez niños y solo tienen un alimento: la sangre humana.

4. De profesión, asesinos de piojos

Tanto en Estados Unidos como en Europa, han surgido empresas exterminadoras de piojos, como The Hairforce. Sus operarios libran la batalla contra los parásitos usando una potente miniaspiradora para extraer la mayor cantidad de insectos posible. A continuación, lanzan chorros de aire caliente sobre el cabello para deshidratar los huevos. Y terminan aplicando un acondicionador de pelo y retirando los huevos que quedan con un peine especial.

5. Los hay de tres tipos

Además de los de la cabeza –Pediculus humanus capitis–, los humanos son vulnerables a otros dos ftirápteros. Por un lado, los piojos corporales –Pediculus humanus corporis–, que pertenecen a la misma especie y suelen vivir en la ropa, las sábanas y las toallas. Ponen sus huevos en las fibras textiles y solo se trasladan temporalmente a la piel para alimentarse.

A ellos se les suman los piojos púbicos, Pthirus pubis, que según estudios recientes nos contagiaron los gorilas hace varios millones de años, quizá por dormir en los mismos nidos o alimentarnos de su carne. Por lo general, se encuentran adheridos al pelo del área púbica, aunque también pueden colonizar el vello de cejas, pestañas, barba, bigote o axilas. Se transmiten durante el contacto sexual.

6. Ayudan a la ciencia

Conocer los patrones de migración de nuestra especie es más fácil con la colaboración de estos parásitos. Sin ir más lejos, los piojos han permitido a los científicos descubrir que los seres humanos empezamos a llevar ropa hace 170.000 años, bastante antes de dejar atrás África para emigrar a climas más fríos y latitudes más altas. Esta fecha sería imposible de determinar a partir de rastros arqueológicos, ya que es difícil que un tejido no se desintegre en un lapso de tiempo tan extenso.

7. Los dinosaurios también los sufrieron

A los dinosaurios también les traían de cabeza. Según apunta un reciente estudio de la Universidad de Illinois (EE. UU.), posiblemente estos grandes reptiles fueron los primeros seres vivos en soportar sus picores.

Tras estudiar los genes de 69 piojos que afectan a distintos mamíferos y animales modernos, Vincent Smith y sus colegas llegaron a la conclusión de que empezaron a diversificarse antes de la extinción de los dinosaurios. "Los piojos son como fósiles vivos; el registro de nuestro pasado está escrito en ellos, y ayudan a reconstruir la historia evolutiva de sus hospedadores", defienden estos científicos.

8. No saltan

A diferencia de las pulgas, los piojos no se desplazan de un lado a otro dando brincos. Tampoco saben volar. Ni siquiera se defienden nadando. Eso sí, caminan bastante rápido, a unos 30 centímetros por minuto sobre pelo seco.

Así las cosas, el único modo posible de contagio es que, mientras juegan unos niños con otros, sus pelos entren en contacto. O que compartan cepillos, peines, gomillas y gorras. Además de juntar las cabezas al hacerse selfis con el móvil, una práctica que, según los dermatólogos, ha aumentado el contagio entre adolescentes en los últimos años.

9. El pelo limpio les encanta

Porque su objetivo no es la suciedad, sino la sangre. Es más, parece que prefieren el cabello limpio al sucio, y el liso al rizado. Los piojos localizan las venas del cuero cabelludo, las perforan y succionan la sangre, no sin verter antes un poco de saliva para impedir que se coagule. Como consecuencia, la víctima empieza a percibir un fuerte picor que nada tiene que ver con falta de higiene. Por lo tanto, lavarles la cabeza con insistencia a los críos no evita que se contagien.

10. Una sola cópula y a propagarse

Estos parásitos se aparean una vez. Pero resulta una cópula muy eficaz, ya que la hembra almacena el esperma en su cuerpo y lo usa para producir huevos cada día de su vida, que normalmente dura un mes. Suelen poner de cinco a diez huevos diarios.

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Etiquetas: cabelloinsectossalud

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