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Este rasgo de Triceratops siempre se representa de forma errónea

Hay varias características de este icónico dinosaurio que suelen estar mal representadas, pero una de ellas es particularmente llamativa, pues involucra a uno de los aspectos más importantes del animal.

Este rasgo de Triceratops siempre se representa de forma errónea (Alvaro Bayon)
Triceratops es, probablemente, uno de los dinosaurios más populares, un gigantesco ceratópsido que vivió en Norteamérica a finales del período Cretácico, hace entre 68 y 66 millones de años, y un aspecto que resulta casi icónico.
Robusto, fuerte, con una longitud de hasta 9 metros y varias toneladas de peso —entre 5 y 9, según las estimaciones—, este enorme herbívoro recuerda vagamente a los elefantes y rinocerontes modernos. Tres cuernos coronaban una cabeza enorme, con un cráneo que se expandía en una gola ósea maciza que cubría el cuello por la parte superior y por los flancos.
Este rasgo de Triceratops siempre se representa de forma errónea

Reconstrucción (incorrecta) de Triceratops en el videojuego Jurassic World Evolution (Frontier Developments)

Problemas en las representaciones de dinosaurios

En el estudio de animales extintos, como los dinosaurios, en ocasiones resulta difícil encontrar la forma correcta de representarlos. Los fósiles disponibles a menudo están incompletos, —hasta hoy no se ha encontrado un solo fósil completo de Triceratops— y las partes blandas raras veces se conservan; más difícil aún es que se preserve la información sobre el color.
Ante la ausencia de rasgos de un resto fósil específico, para su reconstrucción, es habitual recurrir a sus parientes evolutivos más próximos, e inferir aquellos rasgos en común con ellos.
Se aplica, pues, el principio de parsimonia, también llamado ‘la navaja de Ockham’, según el cual, ante varias explicaciones posibles, la más probable suele ser aquella que asume un menor número de entidades no probadas. Desde el punto de vista evolutivo, se diría que aquel resultado que asume un menor número de pasos, un menor número de novedades, tiende a ser la explicación más probable.
Otros rasgos, como el color, normalmente se deducen a partir del ecosistema en el que vivieron y del comportamiento que se les supone. Es muy raro que el registro fósil conserve información sobre el color, aunque se ha dado algún caso de dinosaurios pequeños y emplumados, como Microraptor. Pero no en Triceratops.
Cuando se hace una reconstrucción, por lo tanto, se combinan datos claramente visibles en los fósiles, con otros que hay que deducir, inferir o directamente, especular sobre ellos.
Reconstrucción de ‘Psittacosaurus’ con el penacho de picnofibras sobre la cadera y la base de la cola.

Reconstrucción de ‘Psittacosaurus’ con el penacho de picnofibras sobre la cadera y la base de la cola.

Varios fallos habituales

Por ejemplo, es bien sabido que en el grupo de los ceratopsios —al que pertenece Triceratops—en sus inicios presentaba un penacho de picnofibras, una especie de plumas filamentosas, que recorrían la cadera y la base de la cola por su parte dorsal. Así aparece en los miembros más primitivos del grupo, como Psittacosaurus, probablemente se trate de un rasgo ancestral que heredarían los ceratopsios más modernos.
Así pues, existe la posibilidad de que Triceratops y otras especies afines tuvieran ese mechón de plumas, un rasgo que, hasta la fecha, no se ha visto en representaciones cinematográficas o de otro tipo, y solo aparece en ilustraciones de paleoartistas especializados.
Reconstrucción de triceratops

Reconstrucción de triceratops con varias incorrecciones, incluyendo las “manos de elefante”.

Otro rasgo que se suele reproducir incorrectamente son las patas. Es muy común presentar a Triceratops y sus congéneres ceratopsios con unas patas semejantes a las del elefante o del rinoceronte modernos. Sin embargo, las patas de estos dinosaurios, especialmente las delanteras, aunque fuertes, eran más esbeltas y con los dedos largos. Triceratops solo apoyaba los tres primeros dedos de las manos, los otros dos eran vestigiales. En las patas traseras, los dedos eran más cortos, y apoyaba cuatro.
Pero al margen de las patas, del probable penacho de plumas o de los esquemas de color con los que se especula, hay un rasgo aún más característico, que el registro fósil deja claro que existía, y que casi siempre se representa incorrectamente: los cuernos.

Los cuernos, (casi) siempre mal representados

Triceratops Jurassic Park

Escena de Jurassic Park donde la doctora Ellie Sattler cuida de una Triceratops enferma… con los cuernos óseos desnudos, sin cubierta quitinosa (Universal).

En efecto, resulta casi irónico que el rasgo más característico de Triceratops sea, a la vez, el que suele recrearse mal de forma reiterativa y casi constante.
Si observamos con atención el aspecto de los cuernos de los Triceratops y otros ceratopsios que aparecen en distintos medios, —Jurassic Park o Caminando entre Dinosaurios—, en todos tienen ese aspecto rugoso, óseo y, en ocasiones, casi rocoso. Se representan los cuernos tal y como se encuentran en los fósiles, pero la estructura del cuerno de Triceratops era distinta.
Los cuernos de Triceratops, como los de un toro o un antílope, estaban formados por una base ósea, denominada proceso cornual, que es la que encontramos en los fósiles, recubierta por una funda hueca de queratina muy endurecida. Sabemos que tenía estas fundas, porque quedaron las marcas en los huesos.
Lo que no sabemos es qué aspecto tendría esa funda; puede que fuese completamente lisa, como en el toro o el bisonte, o tal vez, aunque menos probable, mostrara distintos tipos de ornamentación, como los cuernos de la cabra, el órix o la gacela. De las distintas opciones, sin embargo, también sabemos que el cuerno de hueso desnudo no es una de ellas.
Referencias:
Andrew C. Kitchener. 2020. Fighting and the mechanical design of horns and antlers. En Biomechanics in Animal Behaviour (pp. 291-314). Garland Science. DOI: 10.1201/9781003210801-17
Cottingham, J. 2020. A literature review of horn and horn-like structures in vertebrates to correlate placement to function, behavior, and niche. Biology Papers and Presentations.
Horner, J. R. et al. 2008. Ontogeny of cranial epi-ossifications in Triceratops. Journal of Vertebrate Paleontology, 28(1), 134-144. DOI: 10.1671/0272-4634(2008)28[134:OOCEIT]2.0.CO;2

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