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Descubren el principal mecanismo en la invasión de cotorras en España

Las cotorras de Kramer y argentina fueron introducidas por la mano humana, pero los factores específicos que las convirtieron en invasoras eran, hasta ahora, una incógnita.

Cuando un animal doméstico se escapa de casa —o es abandonado—, generalmente no consigue sobrevivir a los duros retos de la naturaleza. Sin embargo, en determinadas ocasiones, sobre todo si el ecosistema es muy sensible, si la especie es muy adaptable o si el número de ejemplares es muy elevado —lo que en ecología se denomina ‘presión de propágulos’—, animales domésticos aparentemente inofensivos pueden causar graves problemas ecológicos. Tales son los casos de jaurías de perros asilvestrados, que tanto daño hacen a la ganadería, o las colonias de gatos ferales, que se sitúan entre los mayores motores de daño a la biodiversidad del mundo.
Si bien estos problemas, entre animales domésticos, suelen estar representados por una minoría de los que se escapan o son liberados en el medio natural, sin embargo, el escenario cambia cuando se trata de fauna silvestre, que ha sido capturada para su uso como mascota. Durante el proceso de captura, transporte y distribución se da un proceso de sesgo de introducción (enlace) que conduce a que la población final sea particularmente resistente y competitiva, mucho más que la población nativa de la que procede.
El comercio internacional de fauna silvestre dirigido al mascotismo es un negocio muy lucrativo. Aunque se comercializa una gran cantidad de especies animales con este fin, las aves en general, y los loros en particular suelen ser de los grupos más afectados. Los escapes o las liberaciones deliberadas de algunos ejemplares han dado lugar a poblaciones asilvestradas que se han convertido en especies invasoras. Es el caso, en España, de la cotorra de Kramer (Psittacula krameri) y la cotorra argentina (Myiopsitta monachus).

La cotorra como especie invasora

Las primeras cotorras argentinas se introdujeron en España como mascota a mediados de la década de los 80 del pasado siglo, procedentes sobre todo de Argentina y Uruguay. Por su parte, las poblaciones de cotorra de Kramer fueron anecdóticas hasta finales de la década de los 90, cuando hubo una tendencia masiva a su introducción, sobre todo procedentes de Pakistán y Senegal.
Se sabe que cerca de tres cuartas partes de las cotorras argentinas introducidas en España y la mitad de las cotorras de Kramer, tenían un origen silvestre. La crianza en cautividad representa apenas el 1 % en la cotorra argentina y el 3 % en la de Kramer, mientras que en el resto se desconoce su origen.
En ambos casos, las poblaciones crecieron masivamente en ecosistemas urbanos, comportándose como especie invasora. Su introducción pasó a ser ilegal a partir del año 2005, antes incluso de que se estableciera el Catálogo de Especies Exóticas Invasoras.
Su comportamiento invasor está fuera de toda duda. Desde la aparición de las primeras poblaciones reproductoras, se estima un período de establecimiento que se prolongó entre 10 y 20 años, a partir del cual, las poblaciones españolas de ambas especies han crecido exponencialmente.
Los primeros censos, en 1997, establecían la población de cotorra argentina en España en torno a los 1300 individuos, y 150 para la de Kramer. En 2002, la población de cotorra argentina se había duplicado, y la de Kramer, triplicado. En 2015, un nuevo censo arrojó cifras mucho más altas: en torno a 20 000 ejemplares de cotorra argentina y más de 3000 de Kramer.

Los mecanismos de invasión

En general las invasiones biológicas suceden por la combinación de tres factores: la invasividad de la especie o de la población, o lo que es lo mismo, la capacidad de la especie de colonizar los territorios en los que se ha introducido; la invasibilidad del entorno, o la susceptibilidad del ecosistema receptor de ser invadido; y la presión de propágulos o la cantidad de organismos introducidos capaces de reproducirse.
Sin embargo, cada caso de invasión tiene sus mecanismos propios de invasión. Conocer estos mecanismos permite predecir con éxito el comportamiento, luchar de forma eficiente para el control y la gestión de la invasión e incluso prevenir una invasión nueva antes de que se produzca. Pero en muchos casos estos mecanismos se desconocen o son difíciles de comprender.
Así ha ocurrido con las cotorras argentinas y de Kramer. Se sabe que fueron introducidas por la mano humana, con propósitos relacionados con el mascotismo y que su presencia en el entorno procede de liberaciones deliberadas o de escapes. Pero los mecanismos específicos que han permitido su invasión eran desconocidos hasta hace poco.

¿Qué factores facilitan la invasión de las cotorras?

Recientemente, un equipo compuesto por varios investigadores, entre los que se encuentran Martina Carrete, de la Universidad Pablo de Olavide (Sevilla), José Luis Tella, de la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC, Sevilla), o Laura Cardador, del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF, Barcelona), ha analizado el papel que desempeñan las actividades humanas, la adecuación climática y la conectividad espacial de las poblaciones de cotorras invasoras en España. A partir de estas variables, han desarrollado un modelo dinámico que permite comprobar cuáles fueron los factores más relevantes que explican la invasión.
Según los resultados de este estudio, publicado en la revista científica Diversity and Distribution, las actividades humanas —especialmente la urbanización—desempeñan un papel fundamental en la invasión de nuevos lugares y en la persistencia y la expansión de las poblaciones. Además, las nuevas colonizaciones también se ven influidas por la idoneidad climática, que en el caso de la cotorra argentina y de Kramer, es bastante flexible, es decir, que se adaptan fácilmente a cualquier clima.
Comprender la dinámica de estas interacciones puede proporcionar ciertas claves para mejorar la evaluación de los riesgos de invasión de cotorras y sus impactos, y proporcionar nuevas herramientas eficaces contra su expansión.
Referencias:
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