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¿Es compatible la mejora del rendimiento de cultivos con la protección de la biodiversidad?

Ahora que somos más de ocho mil millones de personas en el mundo, ¿la protección de la biodiversidad sería compatible con la mejora del rendimiento de los espacios destinados al cultivo?

En el mundo ya somos más de ocho mil millones de personas. Ocho mil millones de bocas que alimentar. Un reto sin precedentes al que se enfrenta el sector agrícola es aumentar la producción de alimentos, en un planeta con recursos finitos.
La mejora en la productividad, algo que lleva sucediendo desde que el ser humano empezó a cultivar plantas hace diez milenios, tendrá que acelerar. Sin duda, nuevas técnicas agrícolas y biotecnológicas tendrán un papel muy relevante en la agricultura del futuro.
Por otro lado, vivimos en un entorno que está cambiando drásticamente. Ya comenzamos a sufrir los efectos perniciosos de un cambio climático que nosotros, los seres humanos, hemos causado. Un cambio climático que, además, alterará la idoneidad de algunos entornos agrícolas, haciendo que sea más difícil cultivar los mismos productos donde ya se estén cultivando, y se reduzca la productividad agrícola.
El cambio climático entra además en sinergia con otros graves problemas ambientales, como el cambio generalizado de los usos del suelo. Estos dos factores, junto a las especies invasoras, la sobreexplotación de recursos y la contaminación, conforman los cinco principales motores del cambio global antropogénico, y son la causa principal de pérdida de biodiversidad.
Cuando hablamos del cambio de usos del suelo, el ejemplo más llamativo, y probablemente el de mayor impacto, es la deforestación o la fragmentación del entorno natural con el objetivo de antropizar el entorno para establecer pastos, dehesas, explotaciones forestales, urbanizaciones, minería y, sobre todo, suelo agrícola.

Intereses contrapuestos

Con un escenario como el que se presenta, es necesario abordar dos necesidades cruciales, que aparentemente van en sentidos opuestos. Por un lado, es necesario aumentar la producción de alimento en el mundo y, dado que los terrenos actuales de cultivo perderán productividad, parece obvio que la solución pase por establecer nuevos entornos agrícolas.
Sin embargo, las áreas agrícolas cubren más del 60 % de la superficie emergida del planeta. La pérdida de hábitats silvestres y el cambio climático son problemas ecológicos que se retroalimentan, y que representan las causas principales de la disminución de la viabilidad de los cultivos. La pérdida de biodiversidad consecuente, además, se traduce en una disminución de los servicios que los ecosistemas proporcionan al ser humano. De igual modo, estos cambios se dirigen a un colapso de la biodiversidad a escala de extinción masiva. Con lo cual, la aparente solución se convierte, de nuevo, en parte del problema.
Visto así, no parece haber una salida idónea. Todo parece estar configurado para que el resultado sea desastroso.

El paisaje agrícola en Europa

Para tratar de poner solución a este dilema aparente es necesario comprender las tendencias temporales de la productividad dentro de los paisajes agrícolas; entender qué se está haciendo bien, para potenciarlo; y qué se está haciendo mal, para evitarlo.
En Europa es particularmente importante lo que sucede en las zonas mediterráneas, como la mayor parte de España. Por un lado, en estos entornos se produce una gran parte de los recursos agrícolas del continente, sobre todo, frutas y hortalizas; y por otro, toda el área mediterránea ya sufre los cambios más drásticos, que se manifiestan sobre todo en el abandono de algunas zonas agrícolas y la intensificación de otras.
Esta intensificación puede adoptar varias formas. En algunos casos, supone un aumento del tamaño de los campos de cultivo, con la consiguiente reducción del entorno semisilvestre y silvestre anexo. También destaca el aumento de la tendencia al monocultivo, que reduce la diversidad del campo de cultivo, y por extensión, la del ecosistema circundante. El aumento del uso de fertilizantes, plaguicidas y maquinaria son, también, formas de intensificación agrícola, con evidente impacto ambiental.

El paisaje agrícola como actor en la conservación de la biodiversidad

Pero no todas las formas de aumentar la productividad tienen que afectar negativamente a los ecosistemas. Existen otras formas de intensificación que no tienen efectos negativos sobre el medio ambiente, e incluso que presentan efectos positivos. Si observamos el aparente dilema inicial desde otro ángulo, es posible extraer una conclusión lógica a partir de las mismas premisas: la conservación del medio natural redundará en la mejora de la productividad agrícola.
La preservación de los entornos naturales o seminaturales anexos a las áreas de cultivo proporcionan funciones ecológicas que benefician el cultivo. Entre ellos la función de los polinizadores silvestres, la formación de microclimas favorables, los servicios de control de plagas, la recuperación de los nutrientes del suelo o la reducción del riesgo de enfermedades. Beneficios todos ellos que podrían sumarse a las mejoras técnicas y biotecnológicas que nos permitan producir más con menos recursos.
Un análisis reciente llevado a cabo por la investigadora Ainhoa Magrach, del Centro Vasco para el Cambio Climático, de la Fundación Ikerbasque, y varios colaboradores, ha mostrado además que estos cambios pueden actuar en sinergia: no solo la conservación medioambiental puede mejorar la productividad de los cultivos, sino que una adecuada gestión de esos cultivos también mejora el estado del entorno natural adyacente. Entre estas acciones destacan el aumento de la riqueza de los cultivos, la reducción del tamaño de las parcelas o, especialmente, el mantenimiento de hasta un 20 % de cobertura en condiciones seminaturales.
Los resultados de este estudio, publicado en Journal of Applied Ecology, muestran que la protección de la biodiversidad no necesariamente ha de estar reñida con la mejora de la producción agrícola. Efectivamente, otro modelo de producción es posible, pero es necesario un compromiso firme para implementar las mejoras.
Referencias:
Balvanera, Patricia et al. 2019. Status and Trends –Drivers of Change. En Global assessment report on biodiversity and ecosystem services of the Intergovernmental Science-Policy Platform on Biodiversity and Ecosystem Services (Brondízio, E. S., Settele, J., Díaz, S., Ngo, H. T.). IPBES secretariat. DOI: 10.5281/ZENODO.5517423
Magrach, A. et al. 2022. Increasing crop richness and reducing field sizes provide higher yields to pollinator‐dependent crops. Journal of Applied Ecology, 1365-2664.14305. DOI: 10.1111/1365-2664.14305

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