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Plantas navideñas: curiosidades sobre el acebo

Es una de las plantas más populares de estas fechas, muy apreciada por su valor ornamental, aunque también es una especie protegida en muchas zonas de España.

Durante las fiestas navideñas es costumbre engalanar las casas con todo tipo de adornos. A las luces y el belén se añaden motivos vegetales, como la flor de Pascua, el árbol de Navidad o las ramas de muérdago y de abeto.

Origen del acebo como planta navideña

Al igual que los villancicos o el árbol de Navidad, el acebo como adorno de las festividades invernales es de origen pagano. Se remonta a los antiguos pueblos de Europa, anteriores a la romanización, cuyos druidas o sacerdotes adornaban su cabeza con coronas hechas con ramas de acebo, como parte de su atuendo ceremonial.
Los romanos asimilaron esta tradición en las celebraciones saturnales, como ofrenda al dios Saturno, a quien se suele representar acompañado de esta planta. Por supuesto, con la cristianización del imperio romano, la tradición del acebo como planta ceremonial durante la festividad del solsticio de invierno —por ellos llamada ‘Navidad’— fue también asimilada, al principio, por los pueblos de la Europa Septentrional y Occidental, y posteriormente, se generalizó hasta convertirse, en nuestros días, en una tradición prácticamente omnipresente.

Cuidado con el fruto del acebo

El acebo (Ilex aquifoluim) es una planta de porte arbustivo o arbóreo, de no más de 10 metros de altura. Su característica más llamativa son sus hojas, perennes, anchas, duras y coriáceas, de un color verde intenso, cuya epidermis está recubierta de una capa gruesa de ceras que reduce la evapotranspiración. Tiende a presentar espinas duras y afiladas en el borde de las hojas, como mecanismo de defensa ante la depredación de los animales herbívoros. Las ramas bajas son más susceptibles de ser consumidas por cabras, cérvidos y otros ramoneadores, de ahí que esta característica sea más común en ellas, y desaparece gradualmente en las ramas más altas.
El acebo es una planta dioica, es decir, las flores masculinas y femeninas aparecen en distintos pies de planta. El fruto es un drupilanio, del mismo tipo que la acerola. Se trata de un tipo de fruto similar a la drupa, como el melocotón o la aceituna, en el que la capa más interna del fruto está engrosada, es dura y forma el hueso que protege la semilla. Pero, a diferencia de estas, el drupilanio presenta varios huesos, no uno solo. En el caso del acebo, suelen ser de dos a cinco huesos —lo habitual es que sean cuatro— y cada uno encierra una sola semilla.
El color tan llamativo del fruto rojo muy vivo y brillante, es el rasgo que le da valor ornamental. Sin embargo, puede convertirse en un riesgo por las concentraciones tan altas de saponina que contiene, un principio activo que interactúa con las membranas celulares, disolviéndolas. Su consumo puede provocar indigestión de gravedad variable, que cursa con náuseas, vómitos, diarreas y calambres abdominales. Además, el contacto prolongado o repetitivo puede causar dermatitis y sensibilización alérgica.

El acebo como alimento y refugio

Curiosamente, estos efectos perjudiciales no los sufren las aves, quienes dispersan las semillas del acebo a través de su sistema digestivo de forma natural.
Al ser uno de los pocos arbustos perennifolios presente en la cornisa cantábrica, y dado que sus frutos maduran en esta época, el acebo cumple un papel fundamental en la conservación de las poblaciones de urogallo cantábrico (Tetrao urogallus cantabricus). De hecho, durante el invierno, la dieta del urogallo se basa principalmente en el acebo, además de los brotes jóvenes de haya y algunos helechos.
Además, el denso follaje y las espinas de las hojas de acebo proporcionan al urogallo cantábrico—en estado crítico de conservación según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza—, un refugio eficaz frente a los depredadores y las inclemencias del tiempo.
Debido a su alto valor ecológico y a su escasez en algunas regiones, por la sobreexplotación como planta ornamental y recurso de ebanistería, el acebo se encuentra protegido en gran parte de las Comunidades Autónomas de España. Esta protección incluye la prohibición de la obtención de plantas o fragmentos de ellas del medio natural. Se puede, sin embargo, adquirir en viveros, siempre que procedan de cultivo.

El Acebal de Garagüeta

El acebo suele formar parte del sotobosque de ecosistemas dominados por otras especies, aunque hay excepciones. De todas las poblaciones de acebo de España —y de toda Europa—, la más extensa es el bosque de Garagüeta. Esta comunidad, localizada en la comarca de Almarza, Soria, alberga una formación singular, en la que el acebo se convierte en la especie principal.
Dada la elevada frondosidad, bajo los acebos apenas llega la luz, por lo que la vegetación de sotobosque es muy escasa. Sin embargo, el acebal funciona como refugio para la fauna, especialmente para las aves.
El Acebal de Garagüeta se encuentra incluido en el Plan de Espacios Naturales de la Comunidad de Castilla y León y declarado Reserva Natural, desde el año 2009, con el fin de establecer las medidas necesarias para su conservación, protección y mejora.
Referencias:
Benedí González, C. (Ed.). s. f. CVI. Aquifoliaceae. En S. Castroviejo et al., Flora Ibérica: Vol. VIII. Real Jardín Botánico, CSIC.
BOE. 2009. Ley 11/2008, de 9 de diciembre, de declaración de la Reserva Natural «Acebal de Garagüeta» (Soria). BOE, 15(1), 5573-5576.
Evens, Z. et al. 2012. Holiday Plants with Toxic Misconceptions. Western Journal of Emergency Medicine, 13(6), 538-542. DOI: 10.5811/westjem.2012.8.12572
Rodríguez, A. E. et al. 2000. Diet of the Cantabrian Capercaillie: geographic variation and energetic content. International Journal of Ornitology, 47(1), 77-83.
Sandborn, D. 2016. Holly: a Christmas tradition. Michigan State University.

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